Putin y Xi desafían el orden mundial occidental

En su primer encuentro tras la invasión de Ucrania, los líderes de Rusia y China se ofrecen a liderar un «mundo cambiante»

Xi Jinping ha dejado atrás casi mil días conduciendo su política exterior por videoconferencias, para subirse a un avión rumbo a una cumbre de seguridad regional en Uzbekistán y así formalizar el 39 encuentro con su “socio sin límites”, Vladimir Putin. Al fin y al cabo, tras su último encuentro en febrero, las dos potencias hicieron historia al establecer una asociación de gran alcance. Unas semanas después, Putin invadió Ucrania y como consecuencia de esa guerra, se ha erigido un sólido bloque de poder autoritario en el Extremo Oriente.

En la reunión de Samarcanda, Putin condenó los esfuerzos políticos por crear un “mundo unipolar” que han adquirido “una dimensión muy desagradable” y son “completamente inaceptables”. Al mismo tiempo, el jefe de Estado ruso condenó las provocaciones de Estados Unidos en el estrecho de Taiwán y por otro lado subrayó: “Apreciamos mucho la posición equilibrada de nuestros amigos chinos en relación con la crisis ucraniana” .

El cara a cara de los dirigentes se produjo al margen de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). Xi, por su parte, declaró que su país quería aportar estabilidad y energía positiva a un “mundo caótico” sacudido por la agitación social y destacó que está preparado para desempeñar el papel de “gran potencia” junto a Rusia.

El calendario del mencionado encuentro, que se produce un mes antes de que Xi reciba un tercer mandato de cinco años como líder del Partido Comunista Chino, demuestra la confianza que tiene incluso antes de su esperada confirmación el 16 de octubre, que le consolida como el líder supremo más poderoso desde Mao Zedong.

Esta cumbre está marcada por un espíritu de “frente antioccidental”, con la participación de un Vladimir Putin debilitado y en plena guerra ucraniana, el presidente iraní Ebrahim Raisi, enfrascado en un tira y afloja sobre el programa nuclear, el jefe de Estado turco Recep Tayyip Erdoğan, miembro de la OTAN pero solitario en sus aventuras diplomático-militares, y el primer ministro indio Narendra Modi, que se ha distanciado de Occidente en relación con Ucrania.

El objetivo es demostrar que, en el mundo actual, los anatemas y las sanciones de Occidente no son suficientes para aislar a un país. Los medios de comunicación chinos subrayan además el hecho de que el evento en el antiguo sultanato reúne a representantes del 41% de la población mundial y del 24% de la riqueza del planeta.

La declaración sino rusa de un nuevo orden mundial responde al impulso de las alianzas tejidas por Joe Biden, que está desarrollando su versión del mismo concepto. La aparición de bloques como QUAD (Estados Unidos, Reino Unido, Japón e India) o AUKUS (Australia, Reino Unido y Estados Unidos) han agitado con fuerza la geopolítica.

El oso y el dragón no son “aliados” en el sentido literal, sino una estructura flexible sin obligaciones que converge en su apreciación denigrante de un orden mundial occidental cuyas injusticias denuncian, es decir, su exclusión. La guerra de Ucrania no hace más que reforzar este sentimiento, y si este conflicto se ha convertido en una obsesión en Occidente al asociarse con el futuro de la seguridad en Europa, en China, en India y en otros países se percibe como una demostración más del “doble rasero que practica el mundo occidental”.

El hecho de que Xi Jinping haya elegido Kazajistán y la OCS como lugares que acogerán su primer viaje internacional desde enero de 2020, envía un poderoso mensaje sobre la visión de Pekín sobre Asia Central y la importancia de la cumbre para China. Un bloque político y de seguridad que incluye a India, Kazajstán, Kirguistán, Pakistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán como miembros. El gobierno uzbeko no ha dudado en poner en marcha los históricos preparativos de un encuentro que se perfila como un escenario alternativo para los Estados afectados por las sanciones occidentales.

Esta gira marca el regreso de la “Xiplomacia” a la escena mundial. Se trata de una semana de diplomacia de alto nivel que se inició en Kazajistán el 14 de septiembre. No es casualidad que el líder haya retomado su viaje con una parada en Kazajistán, donde en 2013 habló por primera vez de “Yidai yilu” (un cinturón una carretera), el nombre en mandarín del plan que ha prometido invertir más de 1,3 billones de dólares en 2.000 infraestructuras que se repartirán en más de cien países.

Pekín se ha negado a condenar las acciones de Rusia, ha criticado las sanciones occidentales y ha impulsado la narrativa del Kremlin sobre los combates en territorio ucraniano en sus medios de comunicación estatales, aunque también se ha mostrado cauto a la hora de respaldar explícitamente la invasión de Moscú.

Sin embargo, el 7 de septiembre Li Zhanshu, miembro del Comité Permanente del Politburó del Partido Comunista Chino y número 3 del país, visitó Vladivostok, en el Extremo Oriente ruso, para asistir al Foro Económico Oriental y reunirse con Putin.

Li pidió una mayor cooperación con Moscú y, según una lectura oficial rusa de una reunión con legisladores de la Duma Estatal el 9 de septiembre, argumentó que China “entiende y apoya a Rusia”, especialmente “en la situación de Ucrania”, acusando a Estados Unidos y la OTAN de arrinconar a Putin.  Estas observaciones suscitaron gran atención, ya que en apariencia constituían un respaldo más rotundo a la guerra de Rusia respecto a las anteriores declaraciones públicas de funcionarios chinos.

Pekín es el principal socio comercial de Rusia desde hace 12 años. Este verano,  aumentó su demanda de gas ruso en un 60% y se calcula que compra el 20% de la producción de petróleo de Moscú. Entretanto está prevista la construcción de un nuevo gasoducto, el “Poder de Siberia 2″, que daría salida a la producción rusa, ahora que Occidente ha decidido liberarse de la dependencia del Kremlin. El Zar también exige suministros de alta tecnología fabricados en China y moneda china para los pagos, ya que el acceso al dólar se ha visto muy reducido por las sanciones de Washington.