El éxito del “rey Bibi” supondrá un giro religioso y nacionalista en Israel

El ascenso del Sionismo Religioso a la tercera posición obliga a Netanyahu a endurecer su discurso político

Seguidores del primer ministro electo, Benjamin Netanyahu, celebran su arrolladora victoria electoral del pasado 1 de noviembre
Seguidores del primer ministro electo, Benjamin Netanyahu, celebran su arrolladora victoria electoral del pasado 1 de noviembre FOTO: ABIR SULTAN EFE

El tercer mandato de Benjamin Netanyahu al frente de Israel vendrá acompañado de un inevitable giro religioso y nacionalista. La incontestable victoria del “rey Bibi”, cuyo bloque logró una victoria más amplia de lo que auguraban los sondeos, probó una vez más las habilidades políticas del premier con más años al frente de Israel.El recuento final de papeletas dibujó casi un empate entre facciones favorables y detractoras de Netanyahu, pero el bloque del centrista Yair Lapid desperdició más de 100.000 votos, ya que Meretz (izquierda) y Balad (árabe antisionista) quedaron fuera de la Knesset. “Bibi”, que afianzó de antemano el apoyo de dos partidos ultraortodoxos y del Sionismo Religioso, deberá lidiar ahora con las demandas de la extrema derecha supremacista, que goza de un poder inédito en los 74 años de historia del estado judío.

“Llegó el momento de volver a ser los dueños de nuestra casa”, proclamó Itamar Ben Gvir, número dos de la facción ultra e indiscutible estrella de la campaña electoral. Desde el asentamiento extremista de Kiryat Arba (sur de Cisjordania), el incendiario diputado logró impulsar su coalición de facciones radicales a la tercera posición (14 escaños). En 1992, ese lugar lo ocupaba el hoy extinto Meretz, que aupó al laborista Isaac Rabin para intentar lograr la paz con los palestinos.Por aquel entonces, Ben Gvir era un joven influenciado por las tesis del ilegalizado partido Kach, que defendía la expulsión masiva de los árabes de la “tierra de Israel”. En 1995, amenazó de muerte a Rabin. Semanas después, el premier fue disparado por un extremista en Tel Aviv. La llegada del Sionismo Religioso al poder -junto al desplome de la izquierda- es la muestra del giro ideológico experimentado en el estado judío.

La extrema derecha ya desgrana sus planes, y las minorías tiemblan. Anhelan ilegalizar la marcha LGTB que se celebra anualmente en Jerusalén, y luego aspiran a vetar la de Tel Aviv. Los ultras también pretenden levantar el veto a las terapias de reconversión para homosexuales. “Son consejos psicológicos para aquellos que no quieren ser gays”, precisó Avi Maoz. También se retiraría de la cobertura médica los tratamientos para transexuales, y se vetaría que los gays puedan donar sangre. Ante la preocupación entre las comunidades LGTBI, Netanyahu prometió que no cambiará su estatus en el país.Por su parte, los ultraortodoxos buscan recuperar el monopolio de los certificados kosher –alimentos aptos según la ley judía-, cuyo negocio fue diezmado por el “gobierno del cambio” saliente. Férreos defensores de prohibir el transporte público o la apertura de negocios durante el Shabbat, la incógnita se cierne sobre urbes liberales como Haifa o Tel Aviv, que operan autobuses en el día de descanso judío.

Ben Gvir, incitador por excelencia, podría convertirse en el próximo ministro del Interior (policía). Junto a sus acólitos, ha promovido frecuentes visitas a la Explanada de las Mezquitas (Monte del Templo para los judíos), donde religiosos reclaman levantar el veto al rezo judaico. Es un status quo implementado desde la captura israelí de Jerusalén Este en 1967, y los musulmanes consideran las crecientes visitas judías como un intento de tomar el control sobre el sensible lugar sagrado, actualmente gestionado por el Waqf jordano. Mansour Abbas, dirigente del partido islamista Ra’am, alertó que revertir el statu quo “nos llevará a la guerra”.

Más asentamientos

Los aliados de “Bibi” reclaman reformas drásticas de la justicia, para controlar el proceso de selección de jueces y diezmar el peso del Tribunal Supremo, que consideran un ente enemigo. Así agilizarían la legalización de más asentamientos judíos en Cisjordania, y entre los liberales cunde el temor de que Netanyahu busca blindarse judicialmente ante las tres causas judiciales que afronta. La ausencia de una constitución que garantice la separación de poderes facilitaría el control de la judicatura.

“Si logran implementar sus planes, los socios ultranacionalistas de Netanyahu podrían convertir Israel en un Estado casi autoritario, similar a la Hungría de Viktor Orban, o la Turquía de Recep Tayyip Erdogan”, opinó el comentarista Ben Caspit. El comentarista radiofónico, afiliado al centroizquierda, cree que no habrá límites a la corrupción, la violación de derechos humanos o la erosión del estatus de las minorías.

En materia de seguridad, es previsible que Netanyahu haga cero concesiones a los palestinos. En un 2022 con el mayor número de víctimas por fuego israelí en Cisjordania y frecuentes ataques armados palestinos, un chispazo imprevisible podría derivar en una escalada incontrolable. Para aplastar a las milicias armadas palestinas, Sionismo Religioso exige implantar inmediatamente “la pena de muerte a los terroristas”.

Economía, en buena forma

Económicamente, “Bibi” retoma el mando de un país en buena forma. Con un paro bajo y la inflación teóricamente más estable que en muchos países occidentales, la “Start-Up Nation” seguirá la expansión comercial en la región iniciada con los “Acuerdos de Abraham”. En el frente norte, la reciente firma del acuerdo marítimo con Líbano para iniciar la extracción de gas –pacto rechazado en campaña por Netanyahu-, permitirá mantener las aguas calmadas ante Hezbolá. En la Franja de Gaza, donde se vivió una “breve” escalada con la Yihad Islámica en agosto, todo es imprevisible. El jueves pasado, se lanzaron los primeros misiles para dar la bienvenida al “Rey Bibi”.