Europa

El Supremo británico falla contra otro referéndum de independencia en Escocia sin la aprobación de Westminster

La líder de los nacionalistas escoceses ha dicho que esta decisión “no será el final del asunto”

La Justicia de Reino Unido atestó este jueves un fuerte revés a los planes secesionistas del nacionalismo escocés. Los cinco jueces del Tribunal Supremo -máxima instancia judicial de Reino Unido- fallaron, por unanimidad, que el parlamento autónomo de Edimburgo no tiene los poderes para organizar un nuevo plebiscito de independencia sin el consentimiento del Ejecutivo central.

En el histórico referéndum de 2014, pactado con Downing Street, el 55% de los escoceses determinó que quería seguir siendo parte de Reino Unido. Se acordó entonces que sería “único en una generación”. Pero los independentistas consideran que el Brexit (rechazado por el 62 % de escoceses) ha cambiado por completo las reglas del juego, ya que la permanencia en la UE fue una de las claves para que el electorado votara por la unión. Aunque las últimas encuestas de opinión no varían mucho desde entonces.

La ministra principal escocesa, Nicola Sturgeon, había presentado un proyecto de ley para realizar el próximo 19 de octubre de 2023 una consulta sólo a modo “consultivo”. Defendía que la votación no tendría “consecuencias legales” y que, en caso de que la mayoría del electorado votara a favor de la secesión, tendría que haber negociaciones y legislación en Westminster.

“Al estilo de Cataluña”

Ante la negativa de Londres a sacar de nuevo las urnas, decidió acudir a los tribunales. Creía que aclarar la legalidad enviaría un mensaje importante a los votantes indecisos cruciales fácilmente desanimados por los elementos más agresivos del movimiento nacionalista, al tiempo que acabaría con los ataques de la oposición sobre la amenaza que representa el “ataque salvaje” de una consulta “al estilo de Cataluña”.

Pero el Gobierno central argumentó que era “perfectamente obvio” que el destino de la unión de Reino Unido está reservado a Westminster y que Holyrood -Parlamento escocés- no tiene el poder de celebrar un referéndum sobre su existencia. Y los jueces le vinieron ayer a dar la razón.

“Aunque no suponga una decisión efectiva de modo automático, y pueda ser definido como orientativo, un referéndum celebrado legalmente no es un mero ejercicio de consulta pública o un sondeo de opinión. Es un proceso democrático bajo el amparo de la ley que expresa la visión de los votantes sobre un asunto político concreto en un momento determinado”, argumentó el presidente de la máxima instancia judicial británica, el magistrado Robert Reed, en una comparecencia que había levantado gran expectación.

La sentencia, en cualquier caso, no zanja la batalla política. Nada más lejos de la realidad. Sturgeon recalcó que “respeta” la decisión de la corte británica aunque adelantó que seguirá en su empeño porque se escuche la voluntad del pueblo escocés. “El Tribunal Supremo no hace la ley, sólo la interpreta. Y una ley que no permite a Escocia elegir su futuro sin el consentimiento de Westminster muestra que cualquier noción de que Reino Unido es una asociación voluntaria de naciones ha dejado de ser una realidad, si es que alguna vez llegó a serlo”, matizó.

Tal y como había avanzado hace semanas, la derrota “no sería el final del asunto” y ayer volvió a prometer que si no es posible un “referéndum constitucional legal”, las próximas elecciones generales de Reino Unido, previstas para 2024, se convertirían en un “referéndum de facto”.

Lo que esto significa en la práctica aún no está claro, pero la expectativa es que el Partido Nacionalista Escocés (SNP) haga campaña esencialmente sobre un solo tema, que Escocia debería convertirse en una nación independiente, y trataría una victoria con más del 50% de los votos como si fuera un “Sí”.

Esto requeriría el mejor resultado electoral de la historia del SNP, superando incluso el 49,97% obtenido en su aplastante victoria de 2015. Si bien tal resultado no sería legalmente vinculante para el Gobierno central, la creencia dentro del equipo de Sturgeon es que Westminster finalmente se doblegaría bajo el peso de su mandato democrático.

Por su parte, el “premier” Rishi Sunak señaló en la Cámara de los Comunes que su Gobierno “respeta” el “claro y definitivo dictamen” al tiempo que abogó por trabajar de manera conjunta con Sturgeon sobre temas en común que preocupan, como la economía, la crisis del Sistema Nacional de Salud Pública o la situación en Ucrania.

En mayo de 2021, los independentistas se quedaron tan sólo a un escaño de la ansiada mayoría absoluta, pero se consideró un triunfo histórico al conseguir su cuarto mandato consecutivo en Holyrood. El SNP cosechó 64 escaños, los conservadores 31, los laboristas 22, los verdes 8 y los liberal demócratas 4. Las filas de Sturgeon necesitaban 65 asientos para la mayoría absoluta, pero el apoyo de los verdes otorga una clara mayoría a favor de la secesión de 72 escaños.

Y bajo la creciente presión del ala dura del nacionalismo para lograr algún tipo de progreso después de años de estancamiento, Sturgeon se vio obligada a mover ficha para presentar una nueva hoja de ruta separatista.

En cualquier caso, según los expertos constitucionalistas, si Londres se mantiene firme en su postura de no volver a sacar las urnas, la independencia escocesa no tiene adónde ir, al menos por ahora. Los jueces pueden esbozar lo que dice la ley, pero al final, solo los políticos son los que pueden zanjar este tema. Y no parece que a corto o medio plazo vayan a lograr un consenso.