
Crónica
El Fasher, Sudán: 500 días de asedio, hambruna y miles de civiles atrapados
La capital de Darfur Norte es la única ciudad de la región que no ha caído en manos del grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), que se enfrenta desde 2023 al ejército sudanés

Ni siquiera Sun Tzu recomendaba atacar ciudades. El sabio chino ya decía hace 2.500 años que “no ataques las ciudades, a menos que no haya otra solución”. Sun Tzu basaba su afirmación en que una hueste que atacase una ciudad podría perder alrededor de un tercio de la tropa durante el asedio, y señalaba que únicamente un general competente puede ejecutar una acción similar de manera eficiente. Así, uno puede suponer que los encargados de asediar El Fasher, en Sudán, no han leído a Sun Tzu o no han querido aprender de sus escritos.
El Fasher es la capital de Darfur Norte y tiene, de natural, alrededor de 270.000 habitantes. Se ignora cuántos tiene hoy. Es la única ciudad de la región que no ha caído todavía en manos de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un grupo paramilitar que se enfrenta desde abril de 2023 al ejército sudanés y que mantiene El Fasher asediado desde abril de 2024. Este sábado hicieron dieciséis meses, dos semanas y dos días desde aquella fecha fatídica; o lo que es lo mismo, 502 días. Y se desconoce cuántas personas permanecen atrapadas en la ciudad.
La hambruna
Un miembro de la cooperación internacional residente en Sudán y cuyo nombre permanecerá en el anonimato, muy vinculado a los servicios de salud sudaneses, indica que “las RSF no sólo han bombardeado hogares y personas, sino también los pocos hospitales que funcionaban”, mientras que “han intentado cortar el abastecimiento de agua potable”. La situación, concuerda, es crítica. Pese a las repetidas peticiones de Naciones Unidas por que las RSF permitan el acceso a la ayuda humanitaria, los paramilitares se niegan, lo que impide obtener información fiel y actualizada sobre lo que ocurre en el interior de la ciudad.
El asedio de El Fasher ya ha durado más que el archiconocido asedio a Numancia. Los habitantes de la localidad sudanesa ya han aguantado más que los heroicos celtíberos de hace veintitrés siglos, los cuales escogieron el suicidio quince meses después de que comenzara su asedio particular a manos de las tropas romanas. Puede que así se comprenda la gravedad de lo que está ocurriendo.
El hambre es como un cuchillo. Y quien no conozca la guerra no sabe cómo funciona un asedio. No se trata de que no tengan comida. La tienen. Existen medios. Huertos urbanos, gallinas escondidas en los patios de particulares, cabritillas a las que se cuida en la medida de lo posible para exprimir su leche… incluso hay personas con la astucia y las conexiones suficientes como para introducir algunos bienes de contrabando. Los menos afortunados escarban en la tierra y mastican las raíces. Dentro de la ciudad se establece una dinámica de supervivencia diaria. Encontrar comida es una prioridad; una vez se encuentra, pagarla es la siguiente barrera que se debe franquear. Los precios suben: hay personas que ganan mucho dinero en una ciudad asediada.
Un informe reciente de Médicos Sin Fronteras, titulado "Asediados, Atacados, Hambrientos", indicaba que el precio por cincuenta kilos de azúcar es hoy en El Fasher de unos 128 dólares. En efectivo. Aproximadamente tres veces más caro que cincuenta kilos de azúcar en España. El precio del maíz también se ha triplicado. Los civiles de El Fasher se dividen así en tres grupos: quienes pueden pagar el precio, quienes tienen amigos fuera de la ciudad que les hacen transferencias bancarias que les permiten pagar el precio y quienes no pueden pagarlo. La supervivencia de una ciudad asediada se debe a la disponibilidad de alimento, sí, pero pocas veces se habla de la disponibilidad de dinero con que pagar ese alimento. Y El Fasher es como un limón que ya se ha exprimido muchas veces.
UNICEF alerta de miles de menores con desnutrición aguda grave y la hambruna fue confirmada por el panel independiente Famine Review Committee en el campamento de Zamzam, ubicado junto a la ciudad y afectado también por el bloqueo de las RSF. Desde el inicio del asedio en abril de 2024, UNICEF ha verificado más de 1.100 violaciones graves contra niños, incluyendo la muerte o mutilación de más de 1.000 niños. La Red de Médicos de Sudán informó el pasado mes de julio que 239 niños han muerto de desnutrición en El Fasher desde enero, mientras que casi la mitad de la población restante de Sudán, aunque estas cifras no son representativas por la incapacidad de acceder a la ciudad.
El genocidio
Nace ahora una pregunta relevante: ¿Por qué actúan las RSF con esta crueldad? ¿Por qué no escuchan los llamamientos de la comunidad internacional y permiten salir a los civiles? Se reconoce que El Fasher, siendo la última capital de Darfur que no ha caído en manos de los paramilitares, posee una gran importancia estratégica por su proximidad a la frontera de Chad y Libia. Conquistarla permite el transporte de armas desde Libia hacia Darfur, y luego a El Obeid, en Kordofán. O desde Chad… en la misma dirección; también es un punto clave en el comercio de oro y el movimiento de tropas. Pero nada de ello explica la necesidad de esta virulencia en el asedio.
La respuesta a la brutalidad humana, en realidad, suele ser sencilla. La ofrece el cooperante: “se está viendo que las RSF, formadas fundamentalmente por tribus que se consideran árabes, están exterminando a las tribus más sedentarias, que normalmente son de raíces africanas, negras”. Y añade que “cuándo civiles han intentado salir de la ciudad, se les ha matado por el hecho de pertenecer a cierta tribu. Los paramilitares han grabado estas ejecuciones y las han compartido, vanagloriándose sin ningún temor a las represalias”.
Detrás del aspecto militar se esconde un trasfondo de tipo étnico y que arrastra consigo el recuerdo del genocidio cometido en Darfur a principios de este siglo. Un genocidio ejecutado por pobladores árabes de Darfur contra comunidades negras y que se ha cobrado alrededor de medio millón de vidas en los últimos veinticinco años. Michel Olivier Lacharité, responsable de Emergencias de MSF, también señala que “la población no solo se ve atrapada por los intensos combates entre las Fuerzas de Apoyo Rápido y las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS) y sus respectivos aliados, sino que también está siendo objeto de ataques deliberados por parte de las RSF y sus aliados, especialmente por motivos étnicos”.
La propia organización especifica que “varios testigos afirman que miembros de las RSF hablaban de limpiar El Fasher de su población no árabe”. Esta es la realidad de una ciudad que lleva un año olvidada. No abre informativos. No provoca protestas ni indignación. Son muertes asumibles para el mundo, por alguna razón. Hoy han muerto más personas en El Fasher. Mañana morirán otras. Y sólo aquél que ha visto la muerte por desnutrición sabe lo inhumano que es tener la piel pegada a los huesos.
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