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Ángel Sastre: «Hice todo lo posible para mantenerme mentalmente fuerte»

Termina la pesadilla para los tres periodistas españoles secuestrados en Siria. Ángel Sastre, corresponsal de LA RAZÓN, asegura que se encuentra bien físicamente y agradece la labor del Gobierno por arropar a las familias y darles seguridad.

  • Ángel junto a sus padres y su hermana
    Ángel junto a sus padres y su hermana

Tiempo de lectura 8 min.

09 de mayo de 2016. 13:51h

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La mejor de las noticias llegó ayer, a primera hora de la mañana con las imágenes de los tres reporteros secuestrados en julio pisando territorio español. Físicamente Ángel Sastre, corresponsal de LA RAZÓN, se encuentra bien. Al contrario que sus compañeros de cautiverio, Antonio Pampliega y José Manuel López, él no ha perdido mucho peso. Sin embargo, psicológicamente ha sido muy duro, a pesar de que les han dado de comer y les han dejado dormir. Ayer llegó a Torrejón de Ardoz después de diez largos meses capturado en Siria. Sastre ha intentado pasar el tiempo como buenamente ha podido. Ha escrito mucho y ha hecho deporte, sobre todo, como él mismo confiesa a este periódico, «hacer todo lo posible para intentar, a nivel mental, mantener la calma».

Lo que a Sastre más le preocupaba durante su secuestro a manos del Frente Al Nusra (filial de Al Qaeda en Siria) era cómo estaría su familia. «En todo momento pensaba en ellos. Uno siente una enorme culpabilidad por el sufrimiento que estás causando a tu familia. A mí, en especial me preocupaba mucho mi madre». Por eso, el reportero indica que «una de las primeras cosas que buscas cuando vas en el avión, en la ventana, era la cara de mi madre. Estaba allí con un paraguas. Uno de los momentos que más feliz me han hecho es ver que ella estaba allí, como una valiente». Sastre rememora que ayer «estaba buscando su rostro desde el avión. Después de diez meses, verla ha sido como entrar en una nube y poco a poco ir asumiendo... Había soñado mucho con ese abrazo con mi madre. Cuando estás cautivo, lo imaginas muchas veces».

«Todas las familias han sido muy valientes, han estado a la altura de las circunstancias». Es más, los seres queridos de los tres periodistas se han sentido muy arropados por el Gobierno, «ha habido una especie de piña. Han estado en todo momento muy compenetrados. Han confiado en el Gobierno en todo momento, pese a las adversidades. En especial, se han sentido arropadas por la vicepresidenta Soraya Saénz de Santamaría». La vicepresidenta estuvo ayer en la base aérea de Torrejón de Ardoz para recibir a los tres periodistas españoles que aterrizaron sobre las 9:00 horas en un avión del Ejército del Aire proveniente de Turquía. También ayer, los reporteros recibieron una llamada telefónica del Rey FelipeVI. «No nos lo esperábamos. De una manera muy llana, nos ha contado que ha estado muy preocupado por nosotros. Eso es lo que nos ha transmitido. Nuestra conclusión es que en ningún momento hemos estado abandonados allí dentro. En todo momento nos han tenido presentes».

Desde que se perdió el contacto con el grupo de informadores, que entraron en Siria el 10 de julio para hacer una cobertura de uno de los peores conflictos bélicos de la actualidad, hasta ayer han pasado casi diez meses. Sastre temía que se cumpliera el aniversario de su cautiverio, aquel fatídico 13 de julio. Conforme se acercaba la fecha, mentalmente eso le afectaba bastante. Se ponía nervioso, le acechaba la incertidumbre. «Era un poco como volver a empezar. Pensé que iban a ser diez días y finalmente acabó siendo diez meses». Para él, era importante no repetir aquel día. «Reconozco que ya de por sí era difícil controlar mi estado de ánimo. Por ello, celebro y ha sido muy buena noticia el poder estar aquí ahora, aunque me cuesta y sigo un poco en «shock». Eso sí, «uno se acostumbra muy pronto a la libertad», explica el corresponsal.

Sastre reitera que está muy orgulloso de su familia. «Cuando uno cubre este tipo de conflictos, sé que ellos confían en que a ti nunca te va a pasar algo de esto». No sólo en Siria, sino también cuando Sastre hace las corresponsalías en las favelas de Río de Janeiro, en los basureros de Managua, empotrado en el barrio venezolano de Petare con la Policía. «Ellos saben que tú vas a salir. Mi abuela cuando me ve en las televisiones o me lee en el diario cuando soy enviado especial –que le hace mucha ilusión aunque vea imágenes duras– confía en que uno salga, pues eres un profesional y vas allí para contarlo. Por ello, yo sentía que los estaba fallando, que realmente no había conseguido salir esta vez».

Ángel Sastre, de 36 años, es natural de Extremadura. Tiene su sede laboral en Buenos Aires (Argentina) desde hace once años. «Ahora he visto que mi familia ha aguantado estoicamente y ha estado fuertemente apoyada por el Gobierno: les han dado mucha seguridad y calma. Estoy muy orgulloso de ellos. Además, he llegado con culpa, pero la verdad es que la familia no te reprocha nunca nada». Sastre ha ido a casa de un amigo de Madrid para que le preste ropa, pues él no tiene aquí nada. Ayer por la noche partió hasta Guadalajara, donde viven sus padres. Allí pasará unos días con ellos y su hermana, aunque vendrá a Madrid también a ver amigos. «Debo muchas visitas después de tanto tiempo», indica Sastre, quien añade que también irá a mi tierra, a Don Benito (Badajoz), donde vive su abuela. «Tengo muchísimas ganas de verla. Acostumbro a verla una vez al año desde Argentina, pero sé que lo ha pasado muy mal y ha sufrido un montón. Quiero verla, ha estado al pie del cañón».

Ayer, después de la «alimentación» que ha tenido durante los últimos diez meses (de la que sorprendentemente no se queja), Sastre explica que «uno lo que busca un poco es el «haram», el pecado, pues eso: el cerdo, el jamón que ya he podido degustar y por supuesto el vino y la cerveza, que son manjares que uno extraña en esos agujeros». Evidentemente, Sastre confiesa feliz que han sido las primeras cosas que ha probado al pisar España.

Sastre, que es asimismo corresponsal de Onda Cero y colabora con Cuatro, estaba preocupado por su futuro profesional. Y es que Ángel es uno de esos periodistas a los que se los denominan «de raza», siempre dispuesto a informar y a desplazarse, dando importancia a acudir al foco de la noticia y ser la voz en primera persona. «Mi preocupación era no perder los diez meses que yo llevaba dentro. Me preocupaba el tiempo perdido. Estuve dando vueltas en todo momento a diferentes proyectos. Intentando escribir un libro. De hecho, escribí todo el rato para así sentir que no estaba perdiendo el tiempo», asevera el corresponsal, visiblemente afectado. «Y claro, después de tanto tiempo, por más que uno se sienta agotado, como periodista, ahora sientes la enorme densidad de la deuda que se tiene con las familias, pero al mismo tiempo, lo cierto es que ya estoy pensando en América Latina, en volver cuanto antes». El joven reportero manifiesta a LA RAZÓN que «una vez que me recupere y las familias estén recuperadas, volveré a mi vida normal. Digamos que ahora estoy en una fase de reconstrucción de mi vida». En suma, Sastre está deseando volver a escribir una de sus apasionantes crónicas. «Volver a las teclas, cubrir, narrar lo que pasa en América Latina y en otras partes del mundo». Y es que es de esas personas que no concibe la vida sin el periodismo, ni en vacaciones.

En su mes de estío, Sastre suele ir a zona de conflicto. Ya había estado en Siria en 2013. Tampoco tuvo reparos en viajar hasta el este de Ucrania en pleno 2014 con una guerra abierta con Rusia. Sastre está especialmente sensibilizado con Siria. «Lo que está pasando en Siria es una guerra brutal. Cuando uno lo ve en primera persona, le surge la necesidad de volver a contarlo. En Siria han muerto más de 270.000 personas, ha entrado en su quinto año de guerra y no parece que se vaya a solucionar. Al hacer un seguimiento de lo que ocurre, el conflicto está derivando en una especie de túnel sin salida. La población, la que queda encerrada en esta ratonera de la que no puede salir (aparte de la crisis de refugiados que hay), la mayoría de estos sirios no va a poder abandonar. Están supeditados a que en algún momento acabe la guerra o gane algún bando. La que era una Primavera Árabe se ha radicalizado completamente, o gana el integrismo o el régimen de Asad. Si vas una vez a Siria –él estuvo en 2013– quedas enganchado a volver a contarlo, a involucrarte en primera persona. Es primordial seguir recibiendo noticias de lo que ocurre en Siria». «Yo quería entrar, involucrarme y volver para narrarlo, sólo que fallé en este último punto. Ninguna crónica o relato merece el sufrimiento causado a mi familia».

Sastre ya se prepara para lo que le depara el continente con «el próximo referéndum revocatorio al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro; la posible salida del Gobierno de Dilma Rousseff y su «impeachment»... Y qué pasará en Argentina con la nueva Presidencia del conservador Mauricio Macri, por más que él evite estas etiquetas. Siempre con la vista puesta, no sólo en la política, sino en los conflictos sociales». Eso sí, no inmediatamente.

Las muestras de cariño a Ángel, durante estos diez meses, han sido impresionantes. En su Facebook, puede que tenga decenas de miles de mensajes de sus amigos, siempre pendientes de él. Personas en común, que no se conocían, que se han hecho amigas entre sí para darse ánimos y esperanza mutuamente. Unas amistades que no terminarán con la alegría que por fin llegó el sábado por la noche. Sastre aún no ha tenido tiempo de atender a todos y sobre todo de leerlo todo, pues no tiene ordenador, ni teléfono, ni nada. Eso sí, confiesa que sus padres, que eran anti redes sociales, se han descargado hasta la aplicación de Whatsapp para estar en contacto y han leído todos los mensajes de apoyo y «me han gestionado las redes sociales, han sido como mis jefes de prensa». Sastre agradece todas las muestras de cariño y reconoce que ahora necesita un poco de calma y tiempo para asimilar todo lo que le ha pasado.

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