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El desplome de la natalidad pone en jaque la prosperidad china

Para mitigar los riesgos económicos debido al descenso de los nacimientos en el gigante asiático, el Gobierno de Xi ha lanzado una serie de leyes para impulsar la maternidad

Un padre y su hijo pasan junto a una tienda de bebés en un centro comercial de Pekín
Un padre y su hijo pasan junto a una tienda de bebés en un centro comercial de Pekín FOTO: WU HONG EFE

China, inmersa en una crisis demográfica, corre el peligro de hacerse vieja antes de rica. La superpotencia se enfrenta a una bomba de relojería que podría socavar su vitalidad económica y afectar al poder adquisitivo de su población. Aunque en 2021 mantuvo la posición de liderazgo en el crecimiento económico y en la prevención y control de la pandemia, su tasa de crecimiento se ve ensombrecida por un reto que será difícil de solucionar con la política monetaria o fiscal: el rápido descenso de la natalidad.

El gigante asiático está atrapado en una dinámica que podría empezar a erosionar la fortaleza de su economía, con un desplome de la fecundidad y unas previsiones de crecimiento negativo de la población. El año pasado ha resultado ser un “annus horribilis” dado que, según el Séptimo Censo Nacional de Población, nacieron cerca de once millones de bebés, el menor número desde la gran hambruna en 1961.

Los 10,62 millones de nacimientos de 2021, frente a los 12,02 millones de 2020, apenas superaron a los 10,14 millones de muertes, aseguró esta semana la Oficina Nacional de Estadística, lo que sugiere que el día en que la población china empiece a reducirse puede estar cerca. Al desafío de mejorar un panorama demográfico desolador se suma la desigual proporción de sexos del país, que apenas ha mostrado cambios –nacen 111 niños por cada 100 niñas– y la proporción de chinos de edad avanzada (mayores de 65 años) pasó del 8,9% hace una década, al 13,5% actual y podría alcanzar el 30% en 2050, según predice el conocido demógrafo Wang Feng.

Durante décadas, el PCC trató de frenar la superpoblación, por lo que en 1978 ordenó a las familias que sólo podían tener un descendiente. Esto fue en respuesta a que Mao Zedong alentó a la gente a tener muchos bebés a principios de 1950. Después de 35 años, levantaron la estricta política del hijo único animando a las parejas a tener dos. Luego se convirtió en tres. Tras años de restricciones, la población se está reduciendo drásticamente.

Esta tendencia es un enorme problema para este país que actualmente compite por superar a EE UU como la mayor economía del mundo. Tampoco ayuda el hecho de que otras incipientes naciones de Asia y África estén experimentando exactamente la tendencia contraria. Algunos expertos culpan al aumento de los costes de la vivienda, la educación y el cuidado de los niños de esta tendencia, que ha hecho que la población crezca a su ritmo más bajo desde la década de los 50.

Para mitigar los riesgos económicos que se derivan del descenso de la natalidad, el Gobierno ha aplicado una serie de leyes de «planificación familiar» destinadas a impulsar los alumbramientos. En la actualidad, Xi sigue apostando por ello. Para frenar las tasas de divorcio, recientemente aplicó un período obligatorio de «enfriamiento» antes de que las separaciones se ejecuten. Además están limitando el acceso al aborto, aunque los detalles siguen siendo muy escasos.

Las autoridades sanitarias también han desaconsejado a las madres que se sometan a cesáreas, asegurando que aumenta el riesgo de complicaciones durante un embarazo posterior. La imagen del presidente Xi acompaña a la mujer china desde su habitación hasta la sala de partos. Puede que el Gobierno quiera que las mujeres se conviertan en máquinas de hacer bebés, pero después de pasar décadas utilizando el miedo y el castigo para limitar la expansión de la familia, será necesario un cambio psicológico sísmico para que acepten la idea de tener más hijos.

El alto coste de la vida, el retraso de los matrimonios y la falta de movilidad social se citan con frecuencia como factores que contribuyen a la reticencia de los jóvenes chinos a procrear. Las ambiciones económicas de China se ven a menudo a través de la lente de mega proyectos como su Iniciativa del Cinturón y la Ruta. Pero sus actividades de ingeniería social en casa, donde la autonomía femenina es cada vez más cuestionada, son también una parte crucial de sus grandes planes.