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Atentado

La explosión de una bomba deja al menos cuatro muertos durante una misa católica en Filipinas

El presidente Ferdinand Marcos Jr. acusa a «terroristas extranjeros» mientras el Estado Islámico reivindica la autoría del atentado

Filipinas.- Al menos tres muertos y diez heridos tras una explosión en la universidad de Mindanao, Filipinas
Filipinas.- Al menos tres muertos y diez heridos tras una explosión en la universidad de Mindanao, FilipinasEuropa Press

Una poderosa explosión, al parecer causada por una bomba, sacudió el domingo una misa matutina católica causando al menos cuatro muertos y decenas de heridos, en una ciudad predominantemente musulmana del sur de Filipinas. La homilía se estaba celebrando en un gimnasio de la Universidad Estatal de Mindanao, en la ciudad de Marawi, «cuando se produjo una deflagración que provocó el pánico entre los presentes y dejó numerosos heridos que quedaron tendidos en el suelo», describió Taha Mandangan, jefe de seguridad del campus estatal.

El presidente filipino, Ferdinand Marcos Jr., condenó el mortífero atentado en los términos más enérgicos y apuntó a unos «actos atroces sin sentido perpetrados por terroristas extranjeros», añadiendo que «los extremistas que ejercen la violencia contra inocentes serán siempre considerados enemigos de la sociedad». Instando a la calma, Marcos publicó en redes sociales que había dado instrucciones a la Policía Nacional y a las Fuerzas Armadas «para garantizar la protección y la seguridad de los civiles y de las comunidades afectadas». «Tengan la seguridad de que llevaremos ante la justicia a los autores de este acto despiadado», advirtió.

Por su parte, el secretario de Defensa, Gilberto Teodoro, declaró en rueda de prensa que el país se encuentra en alerta máxima y que las operaciones de las fuerzas del orden para llevar ante la justicia a los autores de la «actividad terrorista continuarán sin descanso». Según Teodoro, en el ataque existen «fuertes indicios de un elemento extranjero», pero se negó a dar más detalles para no comprometer las investigaciones en curso.

La Universidad Estatal de Mindanao emitió un comunicado en el que denunciaba «el acto de violencia», al tiempo que suspendía las clases y desplegaba más personal de seguridad en el campus. «Nos solidarizamos con nuestra comunidad cristiana y con todos los afectados por esta tragedia», declaró la institución. Además, el alcalde de Marawi, Majul Gandamra, instó a los miembros de las comunidades musulmana y cristiana a permanecer unidos. «Nuestra ciudad ha sido durante mucho tiempo un faro de coexistencia pacífica y armonía, y no permitiremos que tales actos de violencia ensombrezcan nuestro compromiso colectivo con la justicia y la unidad», declaró Gandamra.

La Policía anunció que investigará la posible implicación de militantes musulmanes, que permanecen en la región a pesar de años de ofensivas militares y policiales. El director de la policía regional, el general de brigada Allan Nobleza, declaró que se estaba evaluando si la explosión había sido causada por una bomba casera o una granada, y si el atentado estaba relacionado con la muerte de 11 presuntos militantes islámicos en una ofensiva militar respaldada por ataques aéreos y disparos de artillería, el viernes cerca de la ciudad de Datu Hoffer, en la provincia meridional de Maguindanao.

Horas después, Estado Islámico (EI) reivindicó la autoría en un comunicado difundido a través de su canal de Telegram. El grupo yihadista dijo que «los soldados del Califato detonaron un artefacto explosivo contra una gran reunión de cristianos infieles en la ciudad de Marawi mientras realizaban rituales politeístas», informa la Agencia EFE.

Según Nobleza, los militantes abatidos pertenecían a Dawlah Islamiyah, un grupo armado que se alineó con el grupo Estado Islámico y que sigue implantado en la provincia de Lanao del Sur, donde se encuentra la ciudad de Marawi. Esta urbe repleta de mezquitas fue atacada por militantes islámicos alineados con el grupo Estado Islámico en 2017, dejando más de 1.100 muertos, en su mayoría combatientes, antes de que el asedio de cinco meses fuera sofocado por las fuerzas filipinas respaldadas por ataques aéreos y aviones de vigilancia desplegados por Estados Unidos y Australia.

El sur de Filipinas es la patria de la minoría musulmana de la nación, predominantemente católica, y escenario de una rebelión separatista desde hace décadas.

La mayor organización insurgente armada, el Frente Moro de Liberación Islámica, firmó en 2014 un acuerdo de paz con el Gobierno que alivió considerablemente décadas de enfrentamientos. No obstante, diversos grupos armados más reducidos rechazaron el acuerdo y continuaron perpetrando bombardeos y otros atentados, al tiempo que eludían las ofensivas gubernamentales.

A última hora del domingo, en un telegrama dirigido al obispo Edwin de la Peña y Angot, el Papa Francisco transmitió «su profunda tristeza por los heridos y la pérdida de vidas causadas por el atentado». El mensaje, firmado por el secretario de Estado Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, señaló que «Su Santidad le pide que transmita su cercanía espiritual a todos los afectados por esta tragedia. Se une a vosotros para encomendar las almas de los fallecidos a la misericordia amorosa de Dios Todopoderoso, e implora los dones divinos de curación y consuelo sobre los heridos y los deudos». El Pontífice concluyó su mensaje con «oraciones para que Cristo Príncipe de la Paz conceda a todos la fuerza de apartarse de la violencia y vencer todo mal con el bien».