Elecciones

Boris Johnson: ¿Un «bufón» en el Número 10?

Cuando se cumple el tercer aniversario de la victoria del «sí» en el referéndum sobre el Brexit, el Partido Conservador se encuentra enfrascado en unas primarias encabezadas por el excéntrico ex alcalde de Londres.

Boris Johnson ayer a la salida de su domicilio tras el altercado con su pareja denunciado por los vecinos
Boris Johnson ayer a la salida de su domicilio tras el altercado con su pareja denunciado por los vecinoslarazon

Cuando se cumple el tercer aniversario de la victoria del «sí» en el referéndum sobre el Brexit, el Partido Conservador se encuentra enfrascado en unas primarias encabezadas por el excéntrico ex alcalde de Londres.

Cuando Boris Johnson se convirtió en 2008 en el primer alcalde conservador de Londres, los rotativos titularon la noticia de la siguiente manera: «La última broma del bufón». Pues bien, ahora el chiste toma una magnitud mucho mayor porque el excéntrico político de melena albina se encamina imparable hacia Downing Street.

El Partido Conservador nunca se ha caracterizado por ejecutar juego limpio en sus primarias. En este sentido, el equipo de Johnson, de 55 años, ha sido acusado de utilizar todo tipo de tácticas de dudosa moralidad para asegurarse que su candidato quedase en la batalla final junto al actual ministro de Exteriores, Jeremy Hunt, un rival más que fácil de lidiar en el mes que queda por delante de campaña ante los 160.000 afiliados de la formación, que son los que deberán elegir ganador –y por tanto primer ministro– a finales de julio. El contrincante más temido para el controvertido político siempre fue el actual ministro de Medio Ambiente, Michael Gove, con el que protagonizó un duelo «shakesperiano» en las primarias de 2016, cuando éste último le atestó una puñalada por la espalda presentándose también para el puesto con el que el «tory» lleva soñando toda la vida. Según los rotativos, en las votaciones internas que han tenido lugar esta semana, el equipo de Johnson amenazó con dejar sin trabajo o incluso con airear detalles de su vida personal a aquellos diputados que estaban dispuestos a apoyar a Gove. En definitiva, todo tipo de artimañas que no zanjan precisamente la intensa guerra civil en la formación que creó el triunfo del Brexit, que este domingo marca su tercer aniversario. Son ya tres años de incertidumbre para los británicos –y comunitarios residentes– que ven con frustración además cómo el resto de ministerios están prácticamente paralizados.

El último episodio de «gritos y golpes» en su domicilio que fue denunciado por los vecinos este fin de semana y en el que tuvo que intervenir Scotland Yard amenaza con enturbiar su camino hacia la victoria. Boris Johnson se negó hacer a hacer declaraciones sobre el altercado que protagonizó junto a su novia, Carrie Symonds.

No obstante, la gran pregunta ahora es cómo va a afrontar Johnson el divorcio con el bloque y qué tipo de primer ministro va a ser si se muda finalmente al Número 10. Si por algo se caracteriza el excéntrico político es por mostrar varias caras. En su corta aventura como ministro de Exteriores, cartera de la que dimitió el año pasado, dejó una mezcla de diversión y desprecio en las capitales europeas causando al Gobierno de Theresa May más de un problema diplomático con sus continuas salidas de tono.

Como alcalde de Londres –de 2008 a 2016– se mostró como un «tory» cosmopolita y liberal que predicaba sin tapujos las virtudes de la inmigración y el mercado único. Como protagonista luego de la campaña euroescéptica, cambió sin esfuerzo de discurso para desacreditar a la UE y prometer a los británicos cifras que, desde el principio, sabía que no eran correctas: como el pago semanal de 350 millones de libras al Sistema Nacional de Salud.

Como columnista de «The Telegraph» –muy bien pagado, por cierto, con un sueldo de 158.000 libras anuales– llegó a comparar a las mujeres con burka con «buzones de correos». Como candidato al liderazgo ha mostrado luego su faceta más seria pidiendo perdón a aquellos que pudo ofender.

En definitiva, a lo largo de toda su carrera, el controvertido político –candidato favorito de Donald Trump para convertirse en el nuevo primer ministro– ha demostrado ser un oportunista, capaz de hacer de todo y de prometer a unos y otros aquello que querían escuchar, con tal de llegar al poder. Las bases del partido se lo perdonan todo ensalzando un carácter de «showman» que no tiene filtro a la hora de opinar sobre los temas más controvertidos. Pero, una vez en Downing Street, un oportunista sin estrategia no parece el perfil más idóneo para desbloquear la crisis del Brexit. Y en el caso de que tenga estrategia, el nuevo inquilino del Número 10 heredará un Gobierno en minoría y una Cámara de los Comunes donde la mayoría de los diputados se oponen a dejar la UE sin acuerdo. Por lo que Johnson va a tener ahora complicado llevar a cabo algunas de sus promesas.

Para conseguir respaldo a su candidatura, el controvertido político –euroescéptico más por conveniencia que por convicción– prometió al núcleo duro de los «tories» «brexiteers» que iba a sacar a Reino Unido del bloque, con o sin pacto, para el 31 de octubre, que es cuando termina la prórroga concedida por los Veintisiete. Sin embargo, durante las contadas apariciones públicas en las últimas semanas –su equipo le ha tenido recluido para evitar inoportunas salidas de tono– el ex alcalde ha dicho que no puede dar «garantías» de fechas concretas. ¿Qué cara va a mostrar Johnson como primer ministro? Sus seguidores aseguran ahora que, debido a su gran carisma, podrá convencer al partido, incluso a Westminster, de cualquier cosa para poder desbloquear la crisis del Brexit. Sus críticos, sin embargo, consideran que la broma ha ido, en esta ocasión, demasiado lejos.

En el otro lado del ring, se halla Jeremy Hunt, de 52 años, actual ministro de Exteriores. Hunt comenzó la carrera en las primarias «tories» casi en un segundo plano. Pero ha logrado colarse en la final, entre otras cosas, porque el equipo de Boris Johnson ha jugado sus cartas para evitar que el actual ministro de Medio Ambiente, Michael Gove, quedara como rival, al considerarle mucho más peligroso. Lo cierto es que Hunt es casi un desconocido en la calle. Pocos saben que es el miembro más rico del actual Gabinete. En 2017, ganó 15 millones de libras por la venta de Hotcourses, una empresa de anuncios educativos que cofundó con su viejo amigo Mike Elms. Ahora defiende que sus grandes cualidades como emprendedor le ayudarán a desbloquear la crisis de Westminster por el Brexit.

En el histórico referéndum de 2016, Hunt hizo campaña por la permanencia. Y aunque en los últimos meses ha ido acercando posturas con los euroescépticos, este supone ahora su gran talón de Aquiles. Sus críticos se refieren a él como «May con pantalones». Tras el fracaso de tener a una primera ministra «remainer» al frente de las negociaciones de divorcio, las bases quieren ahora más que nunca a un «brexiteer» en el Número 10. Aunque, al mismo tiempo, el ministro de Exteriores ha demostrado ser una figura que puede unir a la formación, ya que desde el principio en su campaña ha contado con el apoyo de pesos pesados de uno y otro bando, como la euroescéptica, Penny Mordaunt, y la pro UE Amber Rudd. Mientras que Johnson ha prometido sacar a Reino Unido del bloque –con o sin pacto– el 31 de octubre, Hunt deja la puerta abierta a pedir una nueva extensión si para entonces el país está «cerca» de conseguir sellar una salida pactada.

Hunt sustituyó precisamente a Johnson al frente del Foreign Office hace casi un año, cuando el ex alcalde de Londres presentó su dimisión por discrepancias en la gestión del Brexit con la aún «premier». Antes de eso, fue titular de Sanidad durante casi seis años, convirtiéndose en el que más tiempo ha estado en ese cargo en la historia de Reino Unido. El que fuera primer ministro David Cameron decidió que dirigiera esa cartera después de dos años como titular de Cultura, durante los cuales fue el responsable de los exitosos Juegos Olímpicos de Londres de 2012.

Entró en Westminster en 2005, como diputado para la circunscripción de South West Surrey, tras estudiar Filosofía, Políticas y Económicas en la Universidad de Oxford, donde fue presidente de la Asociación Conservadora de la institución educativa. Al terminar la universidad se fue a Japón donde trabajó como profesor de inglés. Su año al frente del ministerio de Exteriores ha servido, entre otras cosas, para demostrar su dominio del japonés.

Está casado con Lucia Hunt, una inmigrante china con la que tiene tres hijos. Una de sus anécdotas más recordadas la protagonizó durante una visita a Pekín en 2018, cuando confundió la nacionalidad de su esposa y dijo que era japonesa, error que corrigió rápidamente, pero que desató las risas de los presentes y que el propio Hunt ha recordado en numerosas ocasiones en tono jocoso.