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Borrell, el reto de ocupar un papel global como jefe de la diplomacia europea

Deberá lidiar con la presión de la Administración Trump, el ascenso de China o la injerencia del Kremlin

  • Josep Borrell hoy en el acto de conformación de nuevos comisarios en Bruselas. EFE/EPA/OLIVIER HOSLET
    Josep Borrell hoy en el acto de conformación de nuevos comisarios en Bruselas. EFE/EPA/OLIVIER HOSLET
Bruselas.

Tiempo de lectura 2 min.

11 de septiembre de 2019. 00:41h

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Mirentxu Arroqui Bruselas. 10/9/2019

En el equipo desvelado ayer por Ursula von der Leyen, el único interrogante ya despejado era el del español Josep Borrell como máximo representante de la diplomacia comunitaria y vicepresidente del ejecutivo europeo. A pesar de esto, una de las preguntas era si la alemana iba a aprovechar este nuevo mandato para introducir cambios en la configuración del puesto.

Las dos antecesoras de Borrell (Catherine Ashton y Federica Mogherini) han cosechado resultados discretos, hasta el punto de que en la burbuja comunitaria muchos ya no consideran el puesto de alto representante como uno de los «top Jobs» de la cúpula europea.

A pesar de esto, su cartera ha sido designada con el ambicioso epígrafe de «Una Europa más fuerte en el mundo», lo que le obliga a lidiar con la difícil Administración Trump, el ascenso creciente de China, la amenaza geoestratégica de Rusia, socios conflictivos como Turquía o la guerra siria.

Entre las misiones que le encomienda la presidenta electa de la Comisión Europea, que ha dirigido una misiva a cada miembro del colegio, se encuentra agilizar el proceso de toma de decisiones (los tratados permiten usar «pasarelas» para sortear la unanimidad y toma decisiones por mayoría cualificada), dar pasos para una auténtica política de Defensa europea y utilizar los instrumentos financieros de manera «estratégica» para aumentar la influencia del club comunitario en el mundo.

Al menos sobre el papel, Von der Leyen sigue una senda continuísta en la que el español tendrá que coordinar carteras viejas con nombres nuevos tales como la Ayuda al Desarrollo (rebautizada como Partenariados Internacionales) o Ayuda Humanitaria (ahora denominada Gestión de crisis) o Vecindad y Ampliación. Fuentes diplomátias reconocen que «es difícil encontrar una cartera que no tenga una dimensión exterior».

El fondo sobre Defensa que intenta reconvertir la anquilosada industria europea estará gestionado de manera directa por París. El todavía ministro de Exteriores en funciones tendrá el reto de realizar esta coordinación y que esto sea compatible con los numerosos viajes que tendrá que realizar.

Precisamente las ausencias en el colegio de comisarios son uno de los hándicaps que lastran este trabajo de coordinación y acaba perjudicando al país del que es miembro, ya que la información de estas reuniones suele ser muy valiosa. Fuentes diplomáticas señalan que el nuevo jefe de la diplomacia comunitaria intentará pasar el mayor tiempo en Bruselas para «estar presente en el mayor número de reuniones», aunque no tendrá problemas en «viajar lo que haga falta».

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