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Buteflika, la última víctima del malestar de la juventud árabe

Tras los pasos de Ben Ali y Mubarak.

  • Argelinos celebran ayer en las calles de la capital, Argel, el anuncio de que Buteflika no será candidato a un quinto mandato / Reuters
    Argelinos celebran ayer en las calles de la capital, Argel, el anuncio de que Buteflika no será candidato a un quinto mandato / Reuters

Tiempo de lectura 2 min.

12 de marzo de 2019. 05:04h

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Ethel Bonet.  12/3/2019

Muchos recordarán aquel enero de 2011 cuando miles de jóvenes tunecinos salieron a las calles a reivindicar derechos sociales y mejoras laborales en un país bajo el yugo de la dictadura de Zin Al Abidin Ben Ali. Aquella manifestación del 5 de enero animó a otros miles más a exigir sus derechos fundamentales y la salida de Ben Ali. Durante una semana bulleron las masas en las calles de la capital, y se produjeron enfrentamientos entre manifestantes y la Policía que se saldaron con un centenar de muertos. Ben Ali abandonó el país con su familia para refugiarse en Arabia Saudí. Aquellos acontecimientos encendieron la chispa del descontento en los países vecinos, donde se repitieron las protestas populares. La prensa internacional lo bautizó como «Primavera Árabe», un término un tanto optimista y demasiado general para englobar lo que ha sucedido.

El 25 de enero de 2011, en la céntrica plaza Tahrir de El Cairo, una multitud que había sido convocada a través de las redes sociales por jóvenes egipcios , tomó esta espectacular plaza. Pero poco después los grupos islamistas, liderados por los Hermanos Musulmanes, participaron en las protestas. Ante la brutalidad policial de los primeros días, se impuso el Ejército para garantizar la seguridad, después de la muerte de cerca de un millar de personas en todo el país. Hosni Mubarak, en el poder por más de 30 años, vio cómo sus aliados internacionales y las Fuerzas de Seguridad le daban la espalda y el 11 de febrero se vio obligado a dimitir, algo que no pasó con la revolución libia, que desembocó en una cruenta guerra civil. Las manifestaciones pacíficas que comenzaron el 15 de febrero se transformaron en un levantamiento armado. Sin más dilación, el sátrapa Muamar Gadafi ordenó a sus Fuerzas Armadas sofocar las manifestaciones a sangre y fuego. Tras seis largos meses de conflicto entre el Ejército libio y los rebeldes, el coronel fue ejecutado con un tiro de gracia cuando escapaba de Sirte, su ciudad natal, en octubre.

Mientras todas las miradas se centraban en el desarrollo del conflicto en Libia, en el reino de Bahréin,Yemen y Siria, miles de personas salieron a las calles a manifestarse contra las políticas opresoras y la desigualdad.

En cuanto a Yemen, tras meses de protestas en las calles y enfrentamientos entre opositores y partidarios del Gobierno, al borde de una guerra civil, el presidente Ali Abdullah Saleh, que fue herido en un bombardeo en el palacio presidencial en junio de 2011, cedió de forma interina el poder al vicepresidente Abu Rabo Mansur al-Hadi, quien fue elegido formalmente jefe de Estado en un referéndum en 2012. Ahora el país está sumido en una guerra civil entre los hutíes y el Gobierno reconocido de Hadi.

Tras casi nueve años de guerra en Siria, con más de medio millón de muertos, todas las cartas están sobre la mesa y la partida final la ha ganado el régimen de Bashar Al Asad con la ayuda de Irán y Rusia.

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