Asia

China e India protagonizan un inesperado deshielo de sus relaciones diplomáticas

Modi, en su primera visita al gigante asiático en siete años, reaviva esperanzas de paz entre dos eternos rivales tras el sangriento choque de 2020 en Galwan

TAIWA (Japan), 30/08/2025.- Japanese Prime Minister Shigeru Ishiba (R) and Indian Prime Minister Narendra Modi shake hands at a lucheon in Sendai, Miyagi Prefecture, northeastern Japan, 30 August 2025. Ishiba and Modi toured a factory in Miyagi Prefecture of Tokyo Electron, a major semiconductor production equipment manufacturer. (Japón, Tokio) EFE/EPA/JAPAN POOL VIA JIJI PRESS / POOL JAPAN OUT EDITORIAL USE ONLY/
El primer ministro indo, Narendra Modi, visitó este sábado Japón antes de viajar mañana a ChinaJAPAN POOL VIA JIJI PRESS / POOLAgencia EFE

China e India protagonizan un inesperado deshielo tras el sangriento choque de 2020 en Galwan, que dejó 20 soldados indios y cuatro chinos muertos, hundiendo las relaciones al abismo. Ahora, avanzan a paso firme hacia la reconciliación: calman la frontera, levantan barreras comerciales, facilitan visados, retoman vuelos y multiplican cumbres. Narendra Modi, en su primera visita a China en siete años, reaviva esperanzas de paz entre estos eternos rivales.

El impulso nace del zarpazo arancelario de Donald Trump: 30% a China (con riesgo de un brutal 145%) y 50% a India, más un 25% extra por sus tratos con Rusia. Peter Navarro, asesor de Trump, tilda a India de “lavandería del Kremlin”, dejando a exportadores indios al borde del colapso, con empleos en jaque. China condena el “acoso” yanqui y abre su mercado a India, que responde acelerando inversiones chinas, antes vetadas.

Pero la desconfianza es un viejo fantasma. La derrota india de 1962 aún escuece, y la Línea de Control Actual (LAC), un límite difuso, sigue en disputa: China reclama Arunachal Pradesh, India quiere Aksai Chin. Tawang, ligado al Dalai Lama, es un polvorín por su reencarnación. Un acuerdo implicaría ceder territorios, un veneno político intragable.

India, aliada de EEUU para contrarrestar a China, navega un triángulo complejo. China, con un PIB cinco veces mayor, domina: India depende de sus chips y fármacos. El comercio bilateral supera los 130.000 millones de dólares, pero el déficit indio roza los 100.000 millones. Aun así, la cooperación seduce: China puede impulsar la industria india, y el mercado indio es un filón para Pekín. Pero ambos miran a Washington. Si China y EEUU pactan, India deberá seguir el paso del dragón. Bajo Xi y Modi, hay chance de avanzar, pero tras una década sin resultados, el “tango dragón-elefante” es más un tanteo cauteloso que un baile desenfrenado.