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China lamenta la pérdida de «su viejo amigo Kissinger»

El diplomático contribuyó en los setenta al deshielo de las relaciones entre Pekín y Washington

El expresidente chino Jiang Zemin conversa con Kissinger en 1995
El expresidente chino Jiang Zemin conversa con Kissinger en 1995ROATERS

El diplomático estadounidense Henry Kissinger, que se reunió con el líder del Partido Comunista Chino, Xi Jinping, durante un viaje privado sorpresa a Pekín el 20 de julio, desempeñó un papel decisivo en la apertura de las relaciones entre el país asiático y Washington bajo la presidencia del republicano Richard Nixon durante la Guerra Fría a principios de la década de los años setenta. El polémico Premio Nobel de la Paz ha dejado una huella profunda en la segunda mitad del siglo XX, en particular por su papel en la política exterior de Estados Unidos entre 1969 y 1977.

Sus esfuerzos propiciaron conversaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética para el control de armamentos, la ampliación de los lazos entre Israel y sus vecinos árabes, y los Acuerdos de Paz de París de 1973, que condujeron al final de la Guerra de Vietnam y, en última instancia, a la toma del poder por los comunistas dos años después.

Por otra parte, el hombre que impulsó el acercamiento a Moscú y Pekín en los años setenta, vio su imagen empañada por páginas oscuras de la historia estadounidense, como su apoyo al golpe de Estado de 1973 en Chile, o la invasión de Timor Oriental en 1975. Precisamente, su sentido de la «realpolitik», el frío cálculo de los intereses nacionales defendidos por el poder, le convirtió en una figura sumamente criticada. Era admirado por algunos como un gran sabio y detestado por otros, que lo consideraban un criminal de guerra.

El protagonismo de Kissinger como principal arquitecto de la política exterior estadounidense disminuyó con la dimisión del presidente Nixon en 1974. A pesar de ello, siguió siendo una fuerza diplomática bajo la presidencia de Gerald Ford y continuó expresando opiniones contundentes hasta su desaparición.

Más allá de su cumpleaños centenario en mayo, se mantuvo admirablemente activo, participando en reuniones de la Casa Blanca, publicando un libro sobre estilos de liderazgo, testificando ante un comité del Senado sobre la amenaza nuclear de Corea del Norte e incluso visitando a sus queridos líderes comunistas en Pekín el pasado verano.

Sin duda, China ocupó un lugar especial en su carrera. Desempeñó un papel clave en el deshielo de las relaciones de Estados Unidos con la China de Mao, realizando viajes secretos para organizar la histórica visita de Richard Nixon a Pekín en 1972. Este acercamiento a la potencia china puso fin al aislamiento del gigante asiático y contribuyó al ascenso de Pekín al poder, sobre todo económico, en la escena mundial.

Por ello, tras el anuncio de su fallecimiento, el presidente chino y altos funcionarios del país reconocieron con afecto la figura del veterano diplomático, transmitiendo sentidos mensajes de condolencia al presidente estadounidense, Joe Biden. Su «viejo y gran amigo» visitó el país asiático más de cien veces y se reunió por última vez con Xi durante un viaje privado sorpresa a Pekín en julio, por lo que su deceso suscitó un luto generalizado entre los ciudadanos de a pie, que inundaron de mensajes las redes sociales. En particular, le recuerdan como un hombre que supo mantener eficazmente la relación sino-estadounidense en beneficio de la paz y la prosperidad de ambos. El embajador de China en EE UU, Xie Feng, publicó en X que era «una tremenda pérdida para el mundo» y que «siempre permanecerá vivo en los corazones del pueblo chino como un viejo amigo muy apreciado».

A lo largo de la historia, Washington y Pekín han afrontado y superado infinidad de dificultades que han impactado en su relación o se han convertido en crecientes motivos de discordia, como los manifestantes pacíficos abatidos en la plaza de Tiananmen en 1989 o, en los últimos años, la represión contra los tibetanos y los musulmanes uigures en el extremo occidental de China, así como la pérdida de libertades en Hong Kong, el acoso militar a Taiwán o la polémica de los supuestos «globos espías chinos». Kissinger se preocupó hasta el final de sus días por la gravedad de las tensiones. «Creo que es probable que se produzca un conflicto militar, por lo que es necesario alterar la trayectoria actual de las relaciones», declaró a Bloomberg en junio, en una de sus últimas entrevistas.