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Comienza el juicio al asesino de Fort Hood

El soldado estadounidense mató a 13 personas en 2009 en una base de Texas al grito de «Alá es el más grande»

  • El comandante Hasan ha cambiado radicalmente de aspecto tras perpetrar la matanza en Fort Hood el 5 de noviembre de
    El comandante Hasan ha cambiado radicalmente de aspecto tras perpetrar la matanza en Fort Hood el 5 de noviembre de

Tiempo de lectura 4 min.

07 de agosto de 2013. 03:38h

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7/8/2013

La primera matanza a la que se tuvo que enfrentar Barack Obama como presidente de Estados Unidos fue la de Fort Hood, el 5 de noviembre de 2009. Aquel día, el comandante Nidal Hasan mató a 13 personas –doce militares y un civil– e hirió a 32 en plena base estadounidense, al sur de Texas. Tras casi cuatro años, el juicio por el tiroteo comenzó ayer no exento de polémica. Pese a haber gritado dos veces «Allah Akbar» (Dios es el más grande en árabe) antes de disparar 420 balas contra sus compañeros desarmados y decir como coartada –se representa a sí mismo– «que lo hizo para defender a otros musulmanes y talibanes en Afganistán», la Administración Obama ha tratado el caso como «violencia laboral» en lugar de un acto de terrorismo, una distinción legal que ha defraudado a los familiares de las víctimas, así como a los propios heridos.

«Básicamente nos están tratando como si yo hubiera estado en el centro de la ciudad y un coche me hubiera golpeado», reconoció el sargento Shawn Manning a ABC News. A Manning, el comandante Hasan y uno de los psiquiatras de la base, le disparó seis veces y una de las balas esquivó su corazón por milímetros. «El FBI sabía que Hasan se enviaba emails con el clérigo radical Anwar al Awlaki (el considerado el Bin Laden de internet, que después fue portavoz de Al Qaeda en Yemen), a quien pedía consejo para conciliar su fe musulmana con servir en el Ejército estadounidense», reveló Manning a Fox News. El sargento tendrá que verle la cara a Hasan durante las próximas semanas e incluso contestar a sus preguntas, pues entre los testigos están los 32 supervivientes heridos. Manning, un especialista en salud mental que iba a ser destinado a Afganistán junto a Hasan, teme ese momento: «Voy a tener que mantener la compostura y no ir detrás de él». También el sargento Alonzo Lunsford, a quien disparó siete veces, una de ellas en la cabeza y por ello ha quedado ciego de un ojo, no sólo tendrá que recordar todo lo sucedido sino responder al hombre que intentó matarle. Lunsford se hizo el muerto en el hall y después salió despacio del edificio, aunque Hasan le siguió y le disparó una séptima vez. «No temo nada de lo que pase. Eso sería sinónimo de miedo», reconoció a la cadena Fox.

«Las pruebas que se presentarán durante el juicio dejarán claro que yo disparé», alegó ayer Hasan, de 42 años, a los 13 miembros del jurado militar. En silla de ruedas, pues quedó paralítico tras ser abatido en el tiroteo, el comandante dijo en su primer turno que «los testigos dirán que la guerra es algo feo. Muerte, destrucción y devastación que se sienten en ambos lados, como amigo o como enemigo. Las pruebas de esta corte sólo mostrarán un lado. Yo estuve en el bando contrario, pero me cambié». Según informa AP, Hasan ha pedido perdón desde 2009 por estar en el Ejército de EE UU y ha tratado de renunciar a su nacionalidad estadounidense. En varias ocasiones, además, ha mostrado su deseo de proteger Afganistán y a los talibanes, en especial al mulá Mohamed Omar. «Las pruebas demostrarán que Hasan no quería desplegarse a Afganistán y que la misión yihadista de matar tantos soldados como pudiera», indicó el fiscal, el coronel Michael Mulligan. La acusación intentará demostrar la progresiva radicalización de Hasan.

«Nosotros, las víctimas y los familiares de los caídos, hemos esperado mucho este día. Mientras, intentamos lidiar y sobrevivir no sólo a las heridas físicas, sino también a las inflingidas por el vulgar trato recibido por el Gobierno», manifestó a ABCNews la agente de Policía Kimberly Munley, una de las heroínas del tiroteo, que se enfrentó a Hasan. «Rezo por todos los que tendrán que reabrir sus heridas que nunca cicatrizaron por el negligente trato del Gobierno, así como los continuos retrasos de la corte marcial». Lo cierto es que el juicio se ha ido atrasando por diversos motivos. Uno de ellos, la barba de Hasan, quien quería llevarla durante el juicio y está prohibida en la normativa militar. La fiscalía incluso llegó a pedir que le obligaran a afeitarse antes de entrar en la corte marcial. Al comandante se le imputan trece cargos de asesinato y 32 de intento de asesinato, por lo que de ser declarado culpable Hasan podría ser condenado a muerte. Aunque pasarán décadas hasta que reciba la inyección letal. Según datos de AP, los militares no han ejecutado a un soldado en activo desde 1961. En EE UU hay cinco militares condenados a la pena capital que aguardan en el corredor de la muerte.

Bajo la influencia del «Bin Laden de internet»

El comandante Nidal Hasan llevaba desde 2008 escribiéndose emails con Anwar al Awlaki, un clérigo radical de nacionalidad estadounidense. Con Al Awlaki compartía sus dudas sobre la guerra y su devota fe. El clérigo de nacionalidad estadounidense solía difundir vídeos en perfecto inglés, sobre la yihad. Se le conocía como el «Bin Laden de internet», por el carisma y capacidad de reclutar que poseía. Al Awlaki tenía miles de seguidores, también en Reino Unido y en países musulmanes en los que no se habla árabe. Antes de pasarse a internet, cuando era imán de California y Virginia, estuvo en contacto con tres de los terroristas del 11-S. Pero sus últimos años los pasó en Yemen, siendo el portavoz de Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA). Al Awlaki también estaría detrás del atentado fallido en el avión destino Detroit en 2010. Al año siguiente, murió en un ataque con drones de EE UU.

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