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Corbyn, atrapado por su neutralidad en el Brexit

En el Congreso de Brighton, el ala crítica del Partido Laborista reclama a su líder que apueste por un discurso pro europeo

  • Jeremy Corbyn, en una imagen de archivo/Reuters
    Jeremy Corbyn, en una imagen de archivo/Reuters

Tiempo de lectura 5 min.

21 de septiembre de 2019. 20:56h

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Celia Maza Londres. 21/9/2019

Cuesta llega a creerlo, pero tres años después del histórico referéndum que acabó con el triunfo del Brexit, Jeremy Corbyn, sigue sin concretar su postura respecto a la UE. El líder de la oposición laborista tendría que haber aprovechado más que nadie el caos que se vive en Westminster, con un Gobierno tory sin mayoría y un Partido Conservador completamente roto. Y, sin embargo, el divorcio con el bloque está consumiendo también a sus propias filas, ante su incapacidad de presentar sin tapujos al laborismo como una formación pro UE.

El Partido Laborista ha comenzado hoy su congreso anual en Brighton y el ambiente entre los afiliados -los mismos que en 2015 colocaron a Corbyn como líder, pese al rechazo de los diputados- comienza a rozar el hartazgo. La paciencia de los suyos se agota. Y el tiempo también. Ante el bloqueo que se vive por el Brexit, todo el mundo espera para antes de que finalice el año unas elecciones anticipadas. Y mientras que el resto de formaciones han sacado ya toda su munición, el veterano político sigue nadando entre dos aguas.

Su última jugada ha irritado, y mucho, a los suyos. Su plan es evitar que el primer ministro Boris Johnson pueda sacar al Reino Unido del bloque sin pacto el próximo 31 de octubre, forzar comicios adelantados y ganarlos. Una vez en Downing Street, quiere cerrar un nuevo Acuerdo de Retirada que mantenga al país en la unión aduanera, alineado con el mercado único y que preserve los derechos laborales y medioambientales.

Pero el salto mortal viene ahora: cuando cierre el pacto quiere someterlo a un referéndum, donde se plantearía también la opción de la permanencia. La pregunta es: ¿qué postura tomarían los diputados durante la campaña? ¿Qué postura tomaría él mismo? ¿Defendería su propio pacto o la permanencia en el bloque? “Me comprometo entonces, como primer ministro de un Gobierno laborista a llevar a efecto lo que la ciudadanía decida”, matiza en un artículo publicado esta semana en The Guardian. En definitiva, sigue sin mojarse.

El escenario es tan rocambolesco que los parlamentarios laboristas tienen serias dificultades estos días para salir del paso, cuando en las entrevistas les preguntan por la estrategia.

Los afiliados han presentado ya cerca de 80 enmiendas al manifiesto que surgirá del congreso anual, que clausurará el miércoles con el discurso del veterano político. Todas ellas tienen un único objetivo: posicionar al laborismo como un partido claramente europeísta. Entre aquellos que piden más claridad se encuentran pesos pesados como Michael Chessum, miembro del movimiento Momentum, la organización de las bases que impulsó en su día a Corbyn a la victoria. “Sería completamente absurdo que el laborismo no hiciera campaña a favor de la permanencia en la Unión Europea cuando el 90% de sus miembros desean que así sea. Si Corbyn intenta evitar que respaldemos la permanencia en la UE se enfrentará a un callejón sin salida. Fracasará en su empeño y nos desmoralizará en un momento crucial”, advierte.

Por su parte, Tom Watson, miembro de la dirección del partido, defiende públicamente la celebración de un nuevo plebiscito, previo a la elecciones generales, lo que evidencia las grietas que existen en la cúpula de la formación.

Hace unos años, cuando el país se recuperaba del shock que supuso el triunfo del Brexit, la neutralidad de Corbyn -que no mostró especial entusiasmo durante la campaña del referéndum de 2016- podía llegar a entenderse. La mayoría de sus filas eran -y son- pro UE, pero las circunscripciones claves para los laboristas en el norte de Inglaterra habían votado por el divorcio.

Sin embargo, los sondeos demuestran que los votantes laboristas de estos distritos abogan por la permanencia. Es más, según el último sondeo de YouGov, el apoyo del Brexit entre el total de los simpatizantes laboristas no llega al 10%. Lo preocupante es que sólo la mitad de aquellos que se plantean votar por el laborismo confía en Corbyn.

Las últimas citas con las urnas han demostrado que su ambigüedad ha desangrado a la formación por ambos extremos: los europeístas le han abandonado por los Liberal Demócratas y los euroescépticos por el Partido del Brexit del populista Nigel Farage.

Tras el batacazo en las elecciones locales celebradas a principios de mayo, los comicios europeos supusieron un revés del que será difícil recuperarse. Los laboristas consiguieron tan sólo el 14,6% de los votos, reduciendo a la mitad sus eurodiputados. Se quedaron tan sólo con 10. Fueron los peores resultados desde 1910.

¿Por qué entonces Corbyn se sigue resistiendo? El influyente columnista del The Spectator, Nick Cohen, explicaba recientemente que “lo que se olvida con demasiada facilidad, es que el líder laborista y su séquito provienen de un fragmento extraño de la izquierda poscomunista que se opuso al proyecto europeo tan a fondo como lo han hecho (Nigel) Farage y (Boris) Johnson”. “La única diferencia -matiza- es que cree que el Reino Unido puede aislarse de Europa y construir el socialismo estatal en un país, mientras que la extrema derecha prefiere el capitalismo de pequeño estado. Mutatis mutandis, coinciden en los fundamentos”.

¿Le cuesta defender a Corbyn la permanencia? El discurso del miércoles será crucial. Para los afiliados -a los que se les agota la paciencia- y para la nación en general de un país paralizado desde hace ya tres años ante la incapacidad de la clase política para desbloquear la peor crisis institucional de la historia reciente del Reino Unido.

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