Escalada

«Día de la ira» en el mundo musulmán por el ataque en Gaza

La furia contra Israel enciende el mundo árabe. La llamada de Hamás e Hizbulá a protestar contra el Estado judío desata graves disturbios en Líbano

Mientras Israel y Yihad Islámica se seguían ayer acusando de la responsabilidad del bombardeo de un hospital en Gaza, el mundo árabe ya tenía claro a quién culpar. A lo largo y ancho de la región la temperatura de la indignación contra Tel Aviv se eleva aún más en las últimas horas. Desde la noche del martes se registran concentraciones fundamentalmente ante sedes diplomáticas israelíes y estadounidenses de Amán a Rabat pasando por Beirut o El Cairo.

No tardó la explosión de repudio al bombardeo del hospital Al Ahli Arab de Gaza –que, según la evaluación del Gobierno de la Franja en la misma noche del martes deja al menos 500 muertos, un gran número de ellos niños- en alcanzar las calles de las localidades cisjordanas. Grupos de vecinos la tomaron contra las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina, a cuyos miembros lanzaron piedras y exigieron la dimisión del presidente Mahmud Abas.

En la vecina Jordania, centenares de personas se enfrentaron con la propia policía antidisturbios en las calles de Amán e intentaron ingresar en el recinto de la Embajada de Israel (Amán y Tel Aviv firmaron un acuerdo de paz en 1994). La queja en las calles palestinas y jordanas es la misma: no haber sido capaces de detener a Israel. El monarca hachemí, Abdalá II, había asegurado en la víspera de la última tragedia en Gaza que “Oriente Medio se encuentra al borde del abismo”.

Mientras tanto, apenas trascendía la noticia del bombardeo contra el hospital de Gaza, Hizbulá, el poderoso partido-milicia chí patrocinado por Irán, Estado dentro de un Estado fallido y unido a Hamás en su deseo de acabar con Israel, instaba en la noche del martes a los suyos a hacer de ayer “un día de la ira sin precedentes”. La llamada tendría eco apenas horas después: centenares de personas se concentraban portando banderas palestinas en los alrededores de la Embajada de Estados Unidos en Beirut, que acababa siendo incendiada en la tarde de ayer tras el lanzamiento por los manifestantes de cócteles molotov. Además, los concentrados cerraron las calles aledañas a la Embajada estadounidense y se dirigieron al aeropuerto Rafic Hariri de la capital libanesa. Las protestas obligaron a intervenir con dureza a las fuerzas antidisturbios de la Policía libanesa.

Ataque a la Embajada estadounidense en Beirut

Ante la posibilidad de un estallido de violencia civil en un más que precario Líbano, la propia representación diplomática de Arabia Saudí en Beirut pedía ayer la salida “inmediata” del país a sus ciudadanos. Por su parte, Estados Unidos pedía a sus nacionales evitar viajar al Líbano debido a lo “impredecible de la situación en materia de seguridad” y permitía a los familiares de los trabajadores de la Embajada y al personal no esencial abandonar el país levantino. “Los ciudadanos de Estados Unidos deben evitar las manifestaciones y tomar precauciones en las cercanías de concentraciones a gran escala dado que algunas se han tornado en violentas”, advertía una nota del Departamento de Estado.

Mientras tanto, la situación sigue siendo de máxima tensión en la frontera entre el Líbano e Israel, donde durante toda la semana se vienen produciendo intercambio de fuego entre Hizbulá y las Fuerzas de Defensa, en unos choques que han dejado ya varios muertos y obligado a evacuar a decenas de localidades en el lado sur de la divisoria. No lejos de allí, en Damasco, las protestas estallaron también en la noche del martes.

Por su parte, en Egipto, país más populoso de la región y primer país árabe en firmar un acuerdo de paz con Israel (1979), miles de personas, fundamentalmente estudiantes, se echaron a la calle en las ciudades de El Cairo y Alejandría para expresar su condena al supuesto ataque israelí contra el hospital de Gaza. También se formó en la noche del martes una manifestación de protesta junto a la Embajada de Estados Unidos en la capital egipcia.

El presidente egipcio, Abdel Fatah al Sisi se sigue negando a abrir el paso de Rafah, el único con Gaza que no controla Israel, ante el temor que la llegada de cientos de miles de palestinos a la península del Sinaí incremente la inestabilidad en un país fuertemente golpeado económicamente y con más de 110 millones de habitantes. Entretanto, en Bahréin, uno de los países firmantes de los Acuerdos de Abraham con Tel Aviv en septiembre de 2020, también se produjeron ayer concentraciones de rechazo a Israel.

Y del Oriente Próximo al Magreb, las expresiones de indignación popular ante el supuesto ataque israelí contra el hospital de Gaza fueron semejantes en Marruecos y Túnez. En Rabat, cuyo gobierno “condenaba con firmeza el bombardeo israelí” al hospital gazatí, los alrededores del Parlamento eran testigos ya en la noche del martes de una concentración contra Tel Aviv y, de manera particular, en rechazo de la normalización entre Marruecos y el Estado de Israel (en diciembre de 2020 Rabat había restablecido relaciones diplomáticas con Israel tras dos décadas de ruptura).

Entretanto, cuando el presidente estadounidense Joe Biden estaba a punto de embarcarse con destino a Tel Aviv –donde se entrevistó ayer con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu—, las autoridades jordanas anunciaban la suspensión de la cumbre que iba a reunir en Amán a los líderes de Estados Unidos, Egipto y Palestina –Mahmud Abas fue el primero en retirarse de la cita en señal de protesta-, además de las del país anfitrión, a fin de abordar el problema humanitario en la Franja.