Internacional

Dimite el secretario de Trabajo de EE.UU. por la gestión de un caso de violencia sexual cuando fue fiscal

Alex Acosta se abstuvo de solicitar el procesamiento por tráfico sexual al multimillonario y mecenas electoral Jeffrey Epstein, quien había estado investigado por delitos sexuales contra niñas entre 2002 y 2005

El secretario de trabajo estadounidense Alex Acosta
El secretario de trabajo estadounidense Alex Acostalarazon

Alex Acosta se abstuvo de solicitar el procesamiento por tráfico sexual al multimillonario y mecenas electoral Jeffrey Epstein, quien había estado investigado por delitos sexuales contra niñas entre 2002 y 2005

Cayó Alex Acosta, el todopoderoso secretario de Comercio. Su dimisión estaba cantada, luego de que trascendiera el comodísimo acuerdo extrajudicial que propuso en 2008 al multimillonario Jeffrey Epstein, acusado de abuso de menores y agresiones sexuales, cuando Acosta era fiscal y Epstein un favorito de republicanos y demócratas. Para anunciar su despedida el político eligió los jardines de la Casa Blanca.

A su lado, el presidente Donald Trump, que ha enfatizado lo orgullosísimo que se sentía de la gestión desplegada por su subordinado y culpó de su caída a las tradicionales conspiraciones cocinadas por la prensa, que le odia, y la oposición, que juega sucio. «Hizo un trato con el que la gente estaba feliz, y luego, 12 años más tarde, parece que no están contentos con él. A ver cómo lo explicas. Pero el hecho es que ha sido un fantástico secretario de trabajo». Acosta, a su vera, cabeceaba, luego de fajarse horas antes con un grupo de periodistas en una rueda de prensa que no convenció a sus críticos, más que dispuestos a transformar el caso en la enésima moción contra Trump, y por supuesto a las víctimas de Epstein, propietario de un jet privado jocosamente bautizado como el Lolita Express.

Sí, el acuerdo registraba a Epstein en los archivos de delincuentes sexual y lo condenaba a indemnizar a sus víctimas cumplir. Pero la sentencia, apenas 13 meses en una cárcel de mínima seguridad, garantizando que pudiera ausentarse del recinto seis días a la semana para trabajar, más bien suena a broma. Especialmente luego de que Epstein haya vuelto a ser detenido, toda vez que nuevos testimonios, acusaciones y pruebas hayan permitido reabrir el caso. En su carta de dimisión Acosta le había agradeció a Trump por ofrecerle su apoyo firme tanto en privado como en público. «Mi renuncia a este cargo, añadía, no disminuirá mi compromiso con usted y su agenda. Creo que ha hecho un trabajo increíble y tiene la visión correcta para nuestra nación al poner a las familias estadounidenses trabajadoras en el centro de su presidencia». El día anterior, durante su rueda de prensa, explicó que la culpa de Epstein lograse un acuerdo tan suave fue de la fiscalía general, que se entrometió en el caso. Cuando ayer preguntaron si creía que se había equivocado en algo, si hoy habría hecho las cosas de forma distinta, respondió compungido. Criticó las acciones de Epstein y musitó que el trato a las víctimas de agresiones sexuales ha cambiado mucho en la última década y que los jueces actuales ya no permiten que las víctimas sean acosadas, avergonzadas y silenciadas.

Muy cierto, como también lo es que algunas de las chicas a las que Epstein pagó por masajes y que lo denunciaron; entonces, no tenía más de 14 años. Durante la comparecencia en la Casa Blanca de Trump junto al ya dimitido Acosta hubo tiempo para insultar al que fuese portavoz de los republicanos en el Congreso, Paul Ryan, al que calificó de «bebé» y del que dijo que les traicionó, que fue un «pésimo» portavoz y que «no tenía ni idea de lo que hacía». El ex vicepresidente y actual candidato a las primarias demócratas a la presidencia, Joe Biden, también fue objeto de sus caricias, al entender que los presidentes de potencias como China y Rusia se acuestan cada día rezando para que sea el próximo presidente de los EE.UU.. En cambio defendió a Nancy Pelosi, líder de los demócratas en el Congreso y diana habitual de sus dardos: «Te diré algo sobre Nancy Pelosi que sabes mejor que yo, le espetó a un periodista que buscaba sangre, «no es racista. ¿De acuerdo? No es racista».