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Dos “antisistema” se perfilan como ganadores de las presidenciales de Túnez

Según los primeros sondeos, el próximo presidente tunecino será o un jurista ultraconservador o un magnate populista encarcelado

  • La gran sorpresa de la noche, el ultraconservador Kais Said
    La gran sorpresa de la noche, el ultraconservador Kais Said
El Cairo.

Tiempo de lectura 4 min.

16 de septiembre de 2019. 16:17h

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Marc Español.  El Cairo. 15/9/2019

Por segunda vez desde la Primavera Árabe de 2011, los tunecinos acudieron ayer a las urnas para elegir a su próximo presidente en unos imprevisibles comicios considerados clave para el desarrollo democrático del país árabe pero que no lograron registrar más que una participación modesta en comparación con anteriores citas electorales.

Los augurios de que la afluencia a los centros de votación sería baja se empezaron a confirmar a mitad de jornada, cuando el organismo encargado de organizar las elecciones anunció que la participación a la una del mediodía era del 16,3%. Unos presagios que pasaron a ser aún más sólidos por la tarde, cuando el jefe de la comisión llamó a los jóvenes del país a “salir de casa y ejercer su derecho electoral”, en un intento de movilizar al electorado que se tradujo al final del día en una participación cercana al 40%.

Los resultados preliminares oficiales se prevé que se anuncien a más tardar el próximo martes. Pero al término de la jornada de ayer, dos sondeos vaticinaron que los dos candidatos más votados fueron el profesor de derecho constitucional Kayes Sayed, un populista ultraconservador apodado ‘el robot’ por sus rígidas formas, y el magnate de medios de comunicación Nabil Karoui, que se encuentra en prisión por unas acusaciones de corrupción que su círculo niega. De confirmarse su éxito, el escenario supondría un auténtico varapalo para los aspirantes de los principales partidos políticos del país, que se habrían quedado a una distancia significativa de los dos independientes anteriores. En el caso de que efectivamente ninguno de los contendientes alcance la mayoría de votos, lo que resulta altamente probable, se deberá celebrar una segunda vuelta antes del 4 de noviembre entre los dos que hayan obtenido el mayor número de sufragios.

En caso de producirse un resultado ajustado, no se descarta que los derrotados presenten recursos, aunque ayer la mayoría de misiones de observación electoral y grupos de control que hicieron un seguimiento de la jornada señalaron que transcurrió de forma aceptable.

Durante las elecciones presidenciales de 2014, las primeras libres de la historia del país, la participación alcanzó un 63%, ligeramente por debajo del 68% registrado en las parlamentarias de ese mismo año. Desde entonces, sin embargo, el entusiasmo de los tunecinos ha ido retrocediendo sin cesar, y ya en las elecciones locales celebradas el año pasado el porcentaje de votantes se hundió hasta el 34%.

La apatía de los votantes es en buena medida consecuencia de su cada vez mayor desencanto con el rumbo que está tomando Túnez desde la Revolución y la incapacidad de las autoridades de acompañar los avances políticos con mejoras económicas para la mayoría. En este sentido, las encuestas indican que casi 9 de cada 10 tunecinos considera que el país se dirige por el mal camino, la cifra más elevada desde 2011. Además, cerca de un 50% se muestra muy insatisfecho con la manera como se está desarrollando en el país la democracia, una forma de gobierno cuya preferencia con respecto a otros sistemas políticos también ha ido decreciendo constantemente desde 2013.

Aun así, otro de los factores que ha rebajado el porcentaje de participación ha sido el impresionante aumento de 1,5 millones de personas en el registro de votación en relación a la última contienda electoral. Un hecho que elevó la cifra total de votantes, excluyendo los que residen en el extranjero, a 6,7 millones en un país de poco más de 11,5 millones.

Al mismo tiempo, otra causa que podría haber contribuido a la disminución de la participación en relación a los comicios de hace cinco años es que, a pesar de tratarse de los más reñidos e inciertos de la joven democracia, el nivel de polarización social y político se ha rebajado desde entonces, como reflejó la pluralidad de los candidatos más populares que finalmente optaron por participar, favoreciendo ello a los independientes.

Más allá de los resultados que acabe dejando la cita, la celebración pacífica y satisfactoria de unas elecciones más supuso una nueva exhibición de madurez por parte de la aún emergente democracia tunecina, en medio de un contexto regional en el que elecciones limpias y competitivas brillan por su ausencia.

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