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El búnker de Biarritz para acoger al G-7

Un total de 13.200 policías y gendarmes apoyados por militares ya están desplegados para garantizar la seguridad de la cumbre y el acceso a la Grande Plage.

  • El búnker de Biarritz para acoger al G-7

Tiempo de lectura 4 min.

23 de agosto de 2019. 01:20h

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Carlos Herranz 23/8/2019

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Biarritz se escribe con B de búnker. A pocas horas de que arranque la cumbre del G-7 en la ciudad balneario del país vasco francés, el glamour que siempre suele acompañar su imagen, otrora uno de los destinos predilectos de la realeza europea reconquistado ahora por surfistas de todo el planeta, ha dado paso a una imagen bunkerizada en la que no cabe sitio para ningún veraneante, ni siquiera para los vecinos, que llevan días quejándose del sufrimiento por las tremendas medidas de seguridad que acarrea una cumbre del G-7, en una ciudad cuya principal fuente de ingresos es la afluencia turística en esta época del año.

Un total de 13.200 policías y gendarmes apoyados por militares ya están desplegados para garantizar la seguridad de la cumbre y el acceso a la Grande Plage, en la que se encuentra el Hotel du Palais donde se reunirán los líderes mundiales, está completamente prohibido. Un sistema de seguridad establecido conjuntamente con las autoridades españolas (que desplegarán otros 7.000 agentes), en materia de efectivos y también de inteligencia. Las autoridades han prohibido cualquier manifestación durante toda la cumbre, no solo en Biarritz, sino también en las vecinas Bayona y Anglet.

Durante la cita mundial se instalarán dos perímetros de seguridad. Una «zona roja», la más estricta y vigilada de todo el planeta durante este fin de semana que incluye la playa y el propio recinto del Hotel du Palais. El resto de la ciudad está marcada como «zona azul» y para circular en ella los residentes deberán llevar consigo permanentemente una tarjeta de identificación. Pero esto no acaba aquí. El aeropuerto y la estación de trenes de Biarritz permanecerán cerrados durante la cumbre y se desplegará un amplio sistema capaz de derribar cualquier dron.

Ante la cita de los dirigentes del G-7 (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Alemania, Italia, Japón y Canadá), el Ejecutivo galo ha mostrado determinación respecto a las medidas de seguridad en las horas previas. «No toleraremos ningún desbordamiento», ha repetido en varias ocasiones el ministro del Interior, Christophe Castaner, muy cuestionado tras los episodios violentos de la crisis de los «chalecos amarillos». Un claro mensaje a los activistas radicales que suele movilizar históricamente las cumbres del G-7, marcadas en las últimas décadas por graves incidentes. Para mañana, primer día de la cumbre, los anti G-7, entre los que figuran altermundialistas, ecologistas y ultraizquierdistas, tienen prevista una gran manifestación en Hendaya.

Al día siguiente, el domingo, tienen previstas varias sentadas de protesta en localidades cercanas a Biarritz. La frontera con España permanecerá abierta durante la cumbre, pero sometida a controles, por lo que se teme que el tráfico se pueda colapsar. Además, las autoridades francesas ya han puesto en marcha un dispositivo judicial especial para estos días en Biarritz. Una auténtica «ciudad de la justicia» de carácter efímero que cuenta con magistrados, abogados e instalaciones propias que permitan agilizar cualquier trámite procesal ante desbordamientos. De hecho, el Colegio de Abogados de Bayona, que normalmente cuenta con ocho abogados de guardia, aumentará a setenta, y también los jueces. La agenda de la cita de Biarritz está marcada por el Brexit, el cambio climático, Irán y la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

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