Política

El conflicto se cierne sobre los límites de la zona neutral

Soldados ucranianos, a su salida de  Debaltsevo, donde más de 6.000 se encontraban atrapados
Soldados ucranianos, a su salida de Debaltsevo, donde más de 6.000 se encontraban atrapados

Tras la retirada ayer de las tropas ucranianas de Debaltsevo, la demanda más apremiante de las repúblicas autoproclamadas en las negociaciones del grupo de contacto en Minsk la semana pasada, se abre un nuevo escenario en el conflicto ucraniano. La localidad, punto clave de comunicaciones entre las ciudades rebeldes de Donetsk y Lugansk, concentraba la mayoría de violaciones del alto el fuego en sus primeros días de vigencia. Una vez terminada la batalla, y en caso de que las milicias renuncien a seguir ampliando territorio, se abre una esperanza para el cumplimiento de la tregua, llave del segundo punto del protocolo de Minsk II, la retirada del armamento pesado de la zona de demarcación. Una retirada que debía haber comenzado 48 horas después de la entrada en vigor del alto el fuego, es decir, en la madrugada del lunes al martes, y finalizarse en las dos semanas siguientes.

Ambos bandos venían posponiendo el repliegue, condicionándolo al cumplimiento de la tregua. Sin embargo, los separatistas aseguraron ayer haber comenzado ya esa retirada de armamento pesado. «Se están retirando cinco cañones de obuses de 152 milímetros del distrito de Yelenovka [al sur de la región de Donetsk]», afirmó Eduard Basurin, líder de las milicias. La retirada de armamento y la consiguiente creación de una zona desmilitarizada estaba ya incluida en los acuerdos de septiembre, flagrantemente incumplidos. El nuevo protocolo amplía la zona de contacto, de 30 kilómetros a entre 50 y 140 en función del tipo de armamento y su alcance. Los sistemas de artillería de calibre igual o superior a los 100 milímetros deben retirarse a 50 kilómetros, los sistemas de lanzamisiles múltiples (Grad) a 70 y los Tornado-S, Uragan, Smerch y Tochka a 140.

Para los rebeldes aplica la línea del frente acordada en septiembre y para el Ejército la frontera actual, contando los avances territoriales de las milicias desde entonces, de alrededor de 500 kilómetros cuadrados. Para garantizar esa zona desmilitarizada se barajó el envío de «cascos azules» de la ONU, en principio descartada ante la oposición de Kiev, y será la OSCE la encargada de supervisar el desarme y el cumplimiento de la tregua. En el escenario más optimista, es decir, de cumplirse el alto el fuego y la retirada de armamento, se abordarían los siguientes puntos del protocolo, de índole política, como el encaje de las repúblicas autoproclamadas en Ucrania, al que también se refirió ayer Basurin. «¿Seguiremos siendo parte de Ucrania? Todo depende de cómo sea esa Ucrania. Nunca integraremos la de ahora. Si implementan las reformas formuladas en la reunión de Minsk, se transformará en una Ucrania diferente, entonces, probablemente, sí seguiremos con ellos», comentó el líder de las milicias.

Pero estos tres puntos son sólo los primeros de una «hoja de ruta» pactada en Minsk entre Putin y Poroshenko. Sin embargo, la lista incluye hasta trece puntos cuya aplicación los expertos aseguran será compleja. Entre ellos se encuentra una amnistía generalizada para los participantes en el conflicto, así como la liberación de los rehenes de ambos bandos. La reconstrucción del este del país, devastado por la guerra, supone, además de una tarea titánica, una gran inversión para la que Kiev espera contar con ayuda internacional. Una vez establecida la paz, en caso de que así sea, el siguiente paso será reformar la Constitución para llevar a cabo la descentralización y la concesión de más autonomía a las regiones rebeldes.