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El espejo roto del «Jazmín»

Yemen, Egipto, Libia y Siria siguieron los pasos de Túnez. Casi todos están atrapados entre guerras civiles y renovadas dictaduras

Tiempo de lectura 2 min.

15 de enero de 2018. 02:34h

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15/1/2018

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La Revuelta del Jazmín fue el acicate que impulsó a otros países de la región como Egipto, Libia, Siria y Yemen a levantarse con protestas masivas para exigir cambios democráticos y reformas económicas. No obstante, la Primavera Árabe no ha deparado un futuro mejor a ninguno de estos Estados. El país del Nilo vuelve a ser una dictadura férrea con el ex mariscal Abdel Fatah Al Sisi, tras derrocar al Gobierno islamista de Mohamed Mursi. De hecho, en marzo se celebrarán elecciones presidenciales y Al Sisi revalidará sin ninguna dura su poder, ya que ha anulado por completo a la oposición y prácticamente es el único candidato.

Por su parte, Libia está sumida en el caos y en una guerra de guerrillas entre grupos internos y externos que apoyan a sendos gobiernos (el de Tobruk, reconocido internacionalmente y el de Trípoli). Además, el Estado Islámico ha echado raíces en el norte del país aprovechando el vacío de poder. Siria se desangra por una larga guerra civil que se acerca a su octavo año, y en la que han muerto, según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, entre 320.000 y 450.00 personas. Además, el caos vivido en el país ayudó a la aparición y consolidación del Estado Islámico. Mientras, Yemen vive otra guerra civil desde hace tres años que ha conducido al país a una grave crisis humanitaria. Un conflicto en el que de nuevo Arabia Saudí e Irán se disputan la hegemonía de Oriente Medio a costa de miles de muertes.

Según varios expertos, Túnez ha sido «el único ejemplo de cambio hacia una democracia en el mundo árabe». Así opina Azmi Ashur, director de la revista «Democratiyya» (Democracia en árabe) del Centro de investigaciones Al Ahram de El Cairo. «Túnez ha conseguido tener un Gobierno democrático, en el que participan diferentes fuerzas políticas y todos tienen voz y voto. Precisamente, el derecho a manifestarse, o que una crisis de Gobierno se solucione mediante la negociación y el diálogo son elementos democráticos», señala Ashur a LA RAZÓN.

Con ello se refiere a la actual crisis del Ejecutivo tunecino tras la ruptura entre el partido gobernante, Nidaa Tunis, y sus aliados en el Parlamento, los islamistas de Ennahda. No obstante, el analista egipcio reconoce que es «demasiado pronto» para opinar sobre si funciona o no la democracia en Túnez. «Hay que tener en cuenta que los tunecinos han salido de una larga dictadura militar y no se puede pretender construir una democracia en menos de siete años. Es un proceso largo, y como todo proceso tiene que tener sus momentos buenos y sus momentos malos», señala Ashur. Túnez, de momento, sigue siendo un modelo de inspiración para los países árabes que vieron sus sueños arrebatados en 2011.

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