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El Museo Nacional de Brasil, un tesoro de valor incalculable

  • El Museo Nacional de Brasil, un tesoro de valor incalculable

Tiempo de lectura 4 min.

04 de septiembre de 2018. 01:55h

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David Hernández de la Fuente.  4/9/2018

Se diría que el fuego de la incultura le tiene querencia a los libros que iluminan a la Humanidad con su ciencia. A la serie de grandes catástrofes y naufragios de la cultura a lo largo de la historia, jalonada por tragedias como la quema de los libros neoplatónicos, la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, la iconoclastia bizantina, la quema de Constantinopla por los Cruzados en 1204, la purga de libros de los nazis en la Bebelplatz o el saqueo del Museo de Bagdad en 2003, hemos de añadir un nuevo y lamentable episodio.

En Río de Janeiro, la antigua capital del Brasil imperial, la otrora residencia de los emperadores, el palacio de São Cristóvão, en la Quinta da Boavista, albergaba desde antiguo el Museo Nacional de Brasil. Éste verdaderamente puede ser definido como el gran depositario de la tradición cultural y científica del país suramericano. Haberlo visto pasto de las llamas es una de las mayores tragedias culturales que han asolado al continente americano en los últimos años y que cabe añadir a la triste nómina anterior. El museo fue fundado por el rey Juan VI de Portugal en el año 1818, hace justamente 200 años, lo que se iba a conmemorar con una serie de fastos justamente ahora. Era el símbolo del saber ilustrado de la era de los grandes naturalistas que recorrieron el continente americano bajo los auspicios de los monarcas hispánicos y lusos de una época de grandes convulsiones y transiciones. Paradójicamente, en torno a las invasiones napoleónicas, ese monarca, que sería el último de un Portugal unido a Brasil, y nuestro Carlos IV fueron quienes favorecieron enormemente la investigación de las ciencias naturales en el continente americano, como en el caso de Humboldt. La huella de esa era de ciencia y progreso, encarnada en la fundación de universidades e instituciones culturales en el nuevo mundo, que supusieran la preservación del legado natural, científico, histórico, artístico y cultural de las naciones, quedaba ejemplificada en museos como el nacional de Brasil, que lamentablemente ha sido engullido por las llamas y por la inepcia de un Estado incapaz de afrontar su renovación, que era urgente y reclamada hace tiempo por numerosas voces. Citando a la investigadora de Derecho de la Cultura, Raquel Rivera, del Estudio Jurídico Gabeiras & Asociados, «ninguna advertencia fue escuchada. El deterioro y abandono institucionales han sido progresivos. Al fin, el edificio y su contenido han sido pasto de las llamas. Un abandono en toda regla, con unas consecuencias que nadie se atrevió a prever ni en sus peores pesadillas. Un Estado que hace dejación de lo que le es más propio, que deja de lado su esencia, sus valores y sus raíces culturales es un Estado fallido». Se han perdido libros (470.000 ejemplares sobre ciencias naturales), piezas, restos y hallazgos de valor incalculable, como el cráneo «Luzia» –el fósil más antiguo de Homo sapiens encontrado en América–, o el meteorito de Bendegó, el mayor de Brasil y uno de los más grandes del mundo. La memoria de un país. Triste signo de unos tiempos como los nuestros, marcados por la decadencia de la cultura científico-humanística y el desprecio al patrimonio histórico-artístico.

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