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El presidente de Italia disuelve el Parlamento y convoca elecciones el 4 de marzo

La decisión fue comunicada después de las reuniones que Mattarella mantuvo en el romano Palacio del Quirinal con el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni

  • Sergio Mattarella firma el decreto por el cual se disuelven las cámaras del Senado y del Congreso de Diputados de Italia, en el Palacio del Quirinal, Roma.
    Sergio Mattarella firma el decreto por el cual se disuelven las cámaras del Senado y del Congreso de Diputados de Italia, en el Palacio del Quirinal, Roma.
Roma.

Tiempo de lectura 4 min.

29 de diciembre de 2017. 01:23h

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Roma. 28/12/2017

La maquinaria electoral italiana se pone en marcha de cara a sus próximas elecciones generales. Ayer, sobre las 15.00 horas, tenía lugar una reunión de carácter informal en el Palacio del Quirinal, en Roma, entre el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, y el presidente de la República, Sergio Mattarella tras la que decidieron dar por concluida la anómala legislatura vigente.

Tras este primer paso y durante la tarde del ayer, el jefe del Estado italiano se reunió por separado con el presidente del Senado, Pietro Grasso, y la presidenta de la Cámara, Laura Boldrini, para la disolución de ambos órganos. Tal y como se suele proceder en la política transalpina, dicha resolución fue refrendada con la firma de Mattarella en un Consejo de Ministros celebrado a última hora de la tarde. Desde entonces, los italianos saben que están llamados a las urnas el próximo 4 de marzo.

La convocatoria era esperada por todo el país, pero antes de dar el paso Paolo Gentiloni quiso hacer balance ante la Prensa sobre los cinco años de legislatura, que ha sido protagonizada por tres primeros ministros. Gentiloni considera que ha sido una etapa «fructífera», aludiendo con ello a que Italia «se ha puesto en marcha tras la peor crisis “política”» desde la II Guerra Mundial.

La principal cuestión ahora es qué camino tomará el país transalpino una vez se haya votado, ya que el panorama electoral que se presenta está completamente dividido en tres bloques. Por un lado, el centro derecha con el Forza Italia de Berlusconi y La Liga de Salvini –partido que recientemente ha desechado su icónica palabra «norte», como una clara estrategia de su líder para ganar presencia territorial–. Por otro, el Partido Demócrata (PD) de Matteo Renzi, que sufre deserciones continuas entre sus filas. Y además, asiste a la división de su grupo con la aparición de nuevos partidos, como el fundado por Bersani, Movimiento Demócratas y Progresistas; y el encabezado por el juez antimafia Pietro Grasso, cuyo nombre hace referencia al artículo 3 de la Constitución italiana, Libres e Iguales. Y por último, el Movimiento 5 Estrellas, de Luigi Di Maio, al que, además, las encuentras sitúan como la lista más votada.

Según publican los medios italianos el Movimiento 5 Estrellas quedaría con un 25,7 % de los sufragios estimados. De ser así, el partido de izquierdas tendría que poner fin a su tradicional rechazo a los pactos y trazar alianzas si quiere llegar a Palacio Chigi. El PD de Matteo Renzi, quedaría en segundo lugar con el 25% de los votos. En cuanto a la derecha tradicional, el sondeo otorga un 14,8% de los votos a la Forza Italia de Silvio Berlusconi y un 13,7% a la Liga Norte, que en poco tiempo ha ganado visibilidad y apoyo gracias a la presencia continua de su mediático líder, Matteo Salvini. Ante este panorama, cabe recordar el papel que tendrá la ley electoral italiana «Rosatellum bis» tras los comicios. Aprobada hace unos meses gracias al acuerdo llegado entre Renzi y Berlusconi, premia a las coaliciones. Esto dejaría una puerta abierta a la posible coalición de partidos de derecha o centroderecha si fuera necesario, y presentaría un panorama muy compliado al Movimiento 5 Estrellas.

Gentiloni fue nombrado primer ministro de Italia el 12 de diciembre de 2016. Tras un periodo de incertidumbre política y una arriesgada apuesta de Renzi por un referéndum constitucional que no consiguió salir adelante y lo llevó a la dimisión, hizo que Gentiloni pasara a ser primer ministro. Ésteentonces lo tuvo claro: llevar a su término natural la legislatura sin permitir interrupciones que habrían provocado consecuencias «graves» y «devastadoras, dijo ayer. Se trata de palabras que son especialmente significativas para los italianos, teniendo en cuenta que la legislatura dio comienzo en 2013 y ninguno de los tres jefes de Gobierno fue elegido por las urnas: Enrico Letta (2013-2014), Matteo Renzi (2014-2016) y el propio Paolo Gentiloni.

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