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Cambio de ciclo en Brasil

Michel Temer promete una «democracia de la eficiencia» en su primer discurso como presidente. La destituida Rousseff denuncia un golpe de Estado

Michel Temer promete una «democracia de la eficiencia» en su primer discurso como presidente. La destituida Rousseff denuncia un golpe de Estado

Brasil vivió ayer una jornada histórica que puede suponer el inicio de un nuevo ciclo tras 13 años de liderazgo de la izquierda. Tras una maratoniana sesión de votación en el Senado que duró cerca de 20 horas, los miembros de la Cámara Alta rubricaron la suspensión de Dilma Rousseff como presidenta del país por 180 días y la salida temporal del Partido de los Trabajadores (PT) del poder. En el espacio de apenas seis horas, Rousseff se despidió de forma dramática de la jefatura del Estado, al menos de forma temporal, mientras el nuevo líder, Michel Temer, prometió crear en Brasil una «democracia de la eficiencia». «Es urgente hacer un Gobierno de salvación nacional», dijo Temer, arropado por su nuevo Gabinete, en el que no hay mujeres. «Queremos incentivar la asociación publico-privada para generar empleo. El Estado no puede hacer todo, depende del sector productivo», explicó, en una alusión a posibles privatizaciones y reducciones del gasto público.

En su primer discurso, en el que se quedó sin voz en dos ocasiones y tuvo un gesto de respeto a Rousseff, volvió a exhibir sus dotes como hombre de consenso, haciendo guiños a los principales sectores económicos del país (agricultura, industria, servicios) y a los mercados, a los que prometió independencia en la política del Banco Central. Junto a él estuvieron los hombres fuertes de su nuevo Gobierno. Destacan el titular de Exteriores, José Serra, ex alcalde y ex gobernador de Sao Paulo, que perdió dos elecciones presidenciales como candidato del liberal Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Podrá dar un giro al acercamiento de los últimos años a Venezuela o Cuba. Otro de los pilares del nuevo Ejecutivo será el ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, banquero de amplia experiencia que ya comandó el Banco Central de Brasil bajo los dos mandatos de Lula. Con fama de eficaz, frío y neoliberal, Meirelles, de 70 años, deberá aplicar un impopular ajuste fiscal y llevar de nuevo a Brasil a la senda el crecimiento, tras dos años de profunda recesión, con el riesgo que ello conlleva otra oleada de protestas.

La expectación en el Planalto fue tal que parte de la prensa tuvo que ser acomodada en una sala contigua para asistir a la ceremonia. A las afueras del palacio, medio centenar de manifestantes a favor de Rousseff protagonizaron un incidente con las Fuerzas de Seguridad al intentar entrar en el recinto.

Si la exultación y las sonrisas dominaron la escena durante el primer acto de Temer como presidente, durante la mañana, bajo un sol abrasador, Rousseff se despedía del cargo que ocupó en los últimos cinco años y medio. Temporalmente, en teoría, aunque casi nadie en Brasil cree que pueda revertir la dura derrota en el Senado (55 de los 81 senadores votaron a favor de abrir el «impeachment». Vestida de blanco, seria, sensiblemente emocionada y arropada por decenas de ministros, diputados, senadores y simpatizantes, Dilma escenificó una salida que estuvo marcada por un gran dramatismo.

«Puedo haber cometido errores, pero no cometí crímenes», dijo la presidenta suspendida. «Estoy siendo juzgada injustamente por haber hecho lo que la Ley me autorizaba hacer», aseguró, en referencia al uso de créditos de entidades públicas para cuadrar las cuentas públicas de 2014 y 2015. Rousseff denunció un «golpe de Estado» y recordó que «ya sufrí el dolor invisible de la tortura y ahora sufro una vez más el dolor igualmente innombrable de la injusticia. Lo que más duele en este momento es la injusticia», dijo al recordar su pasado como activista torturada durante la dictadura militar y prometer que «luchará pacíficamente».

Luiz Inacio Lula da Silva, mentor de Rousseff, se mantuvo en un calculado segundo plano y quiso evitar la fotografía junto a su heredera en su día de salida de la Presidencia. Ni siquiera estuvo junto a ella cuando Rousseff saludó a los simpatizantes en la calle. Un gesto que quizá señale que, ante la voluntad de disputar la elección de 2018, Lula tomará distancia ahora de una presidenta que abandona el poder en mínimos históricos de popularidad que rozan el 10%.

La mandataria –suspendida del cargo inicialmente por 180 días– podrá permanecer en la residencia oficial mientras es juzgada por el Senado, en un proceso que podría tardar meses y que exige instrucción y presentación de pruebas, pero que es en definitiva político. Si dos tercios de los 81 senadores (54) votan a favor de deponerla, perderá el mandato definitivamente.

Las primeras horas de Temer estuvieron marcadas por la exposición que conlleva el cargo. Un locutor de una radio argentina llamó a Temer y, éste, al creer que tenía al teléfono al presidente Mauricio Macri, improvisó un breve diálogo. «¿Aló, cómo está presidente?», contestó Temer. Yo quiero luego visitarlo en Argentina», confesó convencido de que era el mandatario argentino quien le hablaba.

Los líderes del nuevo gobierno

José Serra

Ministro de Exteriores

Lo ha sido todo en la política brasileña: senador, ministro, alcalde y gobernador de Sao Paulo y dos veces candidato a la presidencia del país por el partido liberal PSDB. Le espera el reto de mejorar las relaciones exteriores.

Henrique Meirelles

Ministro de Hacienda

Ex presidente del Banco Central ocho años con Lula da Silva y su misión será aplicar recortes de gasto y un ajuste fiscal que Dilma Rousseff no pudo ejecutar. Brasil lleva dos años en recesión y la inflación es de dos dígitos.

Romero Jucá

Ministro de Planificación

Ocupó cargos en los gobiernos de Henrique Cardoso y de Lula da Silva. Ha actuado como portavoz de Michel Temer en los últimos tiempos. Se le considera un camaleón político.