El primer ministro canadiense, contra las cuerdas por un escándalo de corrupción

EL primer ministro de Canadá, Stephen Harper

El primer ministro canadiense, el conservador Stephen Harper, tuvo que defender hoy de nuevo su gestión tras las dañinas revelaciones aparecidas en los últimos días en el juicio por corrupción contra un senador de su partido, que implican a sus principales asesores.

Durante un acto electoral celebrado hoy en Ottawa de cara a las elecciones generales del 19 de octubre, Harper respondió con evasivas a las preguntas de los periodistas sobre el papel jugado por su actual jefe de gabinete, Ray Novak, en el irregular pago de miles de dólares al senador conservador Mike Duffy.

"No aceptó la premisa de esa pregunta y no voy a discutir cuestiones individuales que están ante los tribunales", declaró un incómodo Harper al ser preguntado por qué Novak sigue siendo su mano derecha a pesar de que mintió durante meses sobre el pago del dinero a Duffy.

Harper está siendo sometido al mismo interrogatorio en cada acto electoral que celebra desde que en los últimos días se conociesen centenares de documentos que implican a Novak y otros de sus altos asesores en el pago a Duffy y el intento de ocultarlo a la ciudadanía.

Los documentos, que incluyen centenares de correos electrónicos, están incluidos entre las pruebas presentadas en el juicio por corrupción y prevaricación de Duffy, acusado entre otras razones por aceptar el pago de 90.000 dólares canadienses (unos 62.000 euros) de Nigel Wright, exjefe de gabinete de Harper.

En los correos electrónicos, Wright, que se vio obligado a abandonar su puesto en 2013 cuando se conoció públicamente el pago a Duffy, trata con Novak y otros destacados miembros del Partido Conservador de Harper el desembolso del dinero, así como la estrategia para ocultar el pago.

Pero también revelan que Harper tuvo conocimiento de parte, sino de la totalidad, de la operación, algo que hasta ahora el mandatario ha negado.

Wright también negó el miércoles, en el juicio a Duffy, donde está declarando como testigo de la fiscalía, que Harper supiese del pago del supuesto soborno al senador conservador, a pesar de la existencia de un correo electrónico en el que el exjefe de gabinete afirma que el gobernante ha aprobado la operación.

En el fondo del creciente escándalo se encuentra la práctica de decenas de senadores canadienses de cargar al contribuyente canadiense decenas de miles de dólares en gastos a los que no tenían derecho de reembolso.

En el caso de Duffy, el erario público pagó al senador conservador los costes de su vivienda en Ottawa.

Cuando la presión pública obligó a Duffy a devolver el dinero, el senador recibió un cheque por valor de 69.300 dólares estadounidenses de Wright para cubrir sus gastos y se le instruyó para que afirmase que el dinero procedía de su propio bolsillo.

En la operación de pago y encubrimiento habrían estado implicados, además de Wright y Duffy, Novak, varios senadores conservadores y el abogado del Partido Conservador de Canadá, Arthur Hamilton, y del propio Harper, Benjamin Perrin.

"Me dijeron que Duffy había pagado sus propios gastos. Eso es lo que dije que tenía que suceder cuando me enteré de que no lo había hecho y que Wright fue el que pagó. He hecho que esos dos individuos paguen por sus acciones", repitió hoy por enésima vez Harper.

El problema es que, desde que estalló el escándalo en la primavera de 2013, el primer ministro canadiense ha asegurado al Parlamento y al público canadiense que sólo Wright y Duffy estaban al tanto de la operación de pago y encubrimiento.

Ahora, con la aparición de detallados mensajes entre todos los participantes, su lógica se está derrumbando y la imagen de honestidad del mandatario canadiense se resquebraja.

Durante su testimonio en el juicio de Duffy, y a preguntas del abogado del senador, Wright reconoció que la razón por la que decidió pagar los gastos de Duffy era preservar la imagen del Partido Conservador.

Harper ganó las elecciones en 2006 precisamente por un escándalo de gastos del entonces gobernante Partido Liberal pues prometió que los conservadores limpiarían Ottawa de toda la corrupción liberal y, durante años, ha preservado su imagen de honestidad.

Pero a falta de nueve semanas para la celebración de las elecciones generales, el escándalo Duffy puede darle la estocada pues las últimas encuestas apuntan a un paulatino desgaste del apoyo popular al Partido Conservador y al propio Harper.

Una encuesta dada a conocer el viernes señala que el socialdemócrata Nuevo Partido Democrático (NPD) ganaría las elecciones con un 33 % de los votos, mientras que el Partido Liberal obtendría el 28 % y el Conservador, un 27 %.

El sondeo supone una pérdida de cinco puntos porcentuales para los conservadores con respecto a las cifras de hace un mes.