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El principio del fin de Merkel

Erosionado su liderazgo por las disputas en la Gran Coalición, la canciller alemana anuncia su marcha de la política al concluir su cuarto mandato. El proyecto europeo perderá

a uno de sus principales valedores.

  • El principio del fin de Merkel
Berlín/Bruselas.

Tiempo de lectura 5 min.

30 de octubre de 2018. 03:29h

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Rubén G. del Barrio/Mirentxu Arroqui .  Berlín/Bruselas. 30/10/2018

Angela Merkel anunció ayer el principio del fin de su carrera política haciendo uso del mismo pragmatismo del que se valió en la toma de sus principales decisiones. Ése que nace del poder de la necesidad, en el que siempre confluye el salto hacia adelante y en cuya simbiosis quedará reflejada el saber hacer de una líder que, desde su estatus de mujer más poderosa del mundo, dejará una impronta que tardará muchos años en desaparecer. Así fue cuando firmó el epitafio de la energía nuclear, aprobó el servicio militar obligatorio o se decantó por aceptar el matrimonio igualitario. Y así lo reiteró ayer cuando anunció que no se presentará a la reelección como presidenta de la Unión Cristianodemócrata (CDU) en el congreso de diciembre ni tampoco será candidata a canciller en los comicios previstos para 2021.

Serena y exenta de cualquier ápice de irreflexión, la canciller admitió una transición ordenada en medio de las señales que, desde hace meses, invocan a una autoridad que se está erosionando. No obstante y después de 18 años como líder de su partido, Merkel seguirá siendo la canciller alemana durante el resto de la actual legislatura. A pesar de que su nuevo Gobierno, que asumió el cargo en marzo, se ha hecho notorio por las luchas internas y que los votantes castigaron a los partidos gobernantes en las elecciones estatales del domingo en He-sse y hace dos semanas en Baviera, la líder quiere dar a su partido la oportunidad de renovación mientras mantiene las riendas del Ejecutivo.

Una decisión con la que la canciller volvió a ser Merkel. «Lo ha entendido», dijeron poco después de su anuncio la mayoría de los medios de comunicación germanos. El periódico «Frankfurter Allgemeine Zeitung» destacó que haberse quedado tras las recientes debacles electorales «hubiera significado un continuo declive para su partido y la Cancillería» y de ahí que fuera elogiada por los medios y por las diferentes facciones de su partido.

En una breve comparecencia, la canciller aseguró que ve «muchas más oportunidades que riesgos» en su plan para dejar el liderazgo de su partido y agregó que, en última instancia, es la responsable del mal comienzo de su Gobierno en el cuarto mandato y que debe haber cambios. Es «hora de comenzar un nuevo capítulo», añadió. «La imagen que da la Gran Coalición es inaceptable», admitió la canciller al anunciar su decisión, y calificó de «amargos» los resultados en He-sse, que atribuyó «no al trabajo de nuestros amigos», sino a los conflictos internos persistentes de su alianza de Gobierno en Berlín.

En sus 18 años al frente del partido y trece como jefa del Gobierno, asumió siempre la responsabilidad «sobre lo que sale bien y lo que sale mal», para recordar que «no había nacido canciller» y que tras «largas reflexiones» había decidido iniciar la retirada de unos cargos «que siempre quise llevar y dejar con dignidad».

Hasta ahora, Merkel había sostenido que la jefatura de la CDU y la Cancillería eran dos cargos que debía ocupar la misma persona, mientras el partido esté al frente del Gobierno, y había declarado su intención de presentarse a la reelección. Con todo, y siempre que no haya contratiempos, se avecinan aún tres años de legislatura, aunque como si hubiera sido una renuncia, toda la prensa del país destacó editoriales y un sinfín de imágenes de la biografía de la canciller. Cierta nostalgia prematura se dejó entrever entre titulares que, sin embargo, no sirvieron para que minutos después se iniciara una carrera de fondo dentro de la CDU para sucederla.

Como posibles candidatos se perfilan ya varios nombres, entre ellos la secretaria general del partido, Annegret Kramp-Karrenbauer, elegida en febrero de 2018 por designación de Merkel, y el actual ministro de Sanidad y representante del ala más derechista de la CDU, Jens Spahn. Tanto Kramp-Karrenbauer como Spahn han mostrado ya su disposición a presentar su candidatura, según explicó la propia Merkel, mientras que en medios alemanes se aventura asimismo con que quiera optar al cargo el ex jefe del grupo parlamentario conservador Friedrich Merz, uno de los grandes enemigos internos de la canciller. Merz es considerado como un representante del ala conservadora del partido y había abandonado la primera línea de la política después de que en 2002 Merkel, ya siendo presidenta del partido, asumiese el liderazgo del grupo parlamentario para convertirse así en la jefa de la oposición frente al Gobierno del socialdemócrata Gerhard Schröder.

La elección del próximo presidente de la CDU tendrá lugar en el congreso del partido, que se celebrará del 7 al 8 de diciembre en Hamburgo. La debilidad de Merkel en el país puede limitar su capacidad de liderar en la Unión Europea en un momento en que el bloque está lidiando por el Brexit, la crisis presupuestaria en Italia y la posibilidad de que los partidos populistas ganen peso en las elecciones al Parlamento Europeo el próximo mes de mayo.

Bruselas se sumió ayer en el habitual silencio oficial ante cuestiones que afectan a la política interior de un Estado miembro. Pero Alemania no es un socio cualquiera, tampoco Angela Merkel una líder más. La canciller alemana ha marcado con guante de acero el devenir del «club» comunitario durante más de una década con un protagonismo indiscutible durante la crisis de deuda y una contestación inusitada por parte de los países del Este, en sus intentos de lidiar con la crisis de refugiados. A pesar de los fracasos de los últimos tiempos, Bruselas siempre ha visto a Merkel como un ancla de estabilidad.

El ocaso de la canciller puede significar muchas cosas y ninguna es buena. Una Alemania ensimismada en sí misma hace peligrar el proyecto de integración europeo en un momento en el que Bruselas debe lidiar con Ejecutivos abiertamente euroescépticos con Italia, Hungría y Polonia como grandes focos de oposición. El empuje del presidente frances, Emmanuel Macron, parece insuficiente por sí mismo para conseguir un cambio de rumbo en un proyecto europeo cansado y amenazado por diferentes frentes. Las dificultades para formar coalición de Gobierno en Alemania tras los comicios de septiembre del año pasado dejaron al «club» comunitario con una sensación de orfandad durante meses. Bruselas esperaba a Merkel. Un año después, ha descubierto que la canciller democristiana comienza a ser más pasado que futuro.

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