Política

El terrorismo pone a prueba al «zar» Putin

El artefacto explosivo estalló esta mañana en el interior de un trolebús del sistema de transporte público de la ciudad.
El artefacto explosivo estalló esta mañana en el interior de un trolebús del sistema de transporte público de la ciudad.

Uno de los heridos en uno de los dos atentados perpetrados en la ciudad rusa de Volgogrado falleció en el hospital, por lo que número de víctimas mortales causadas por los los ataques suicidas ascendió a 33, informó hoy el Ministerio de Rusia para Situaciones de Emergencia.

Al menos 15 fallecidos y más de 28 heridos dejó ayer por la mañana un nuevo atentado suicida en la ciudad norcaucásica de Volgogrado, el segundo en apenas 24 horas. A las 8:10 de la mañana hora local se produjo una explosión en un trolebús que cruzaba el centro de la ciudad, antigua Stalingrado, cerca de un mercado en el distrito de Dzerzhinsk. El vehículo quedó completamente destrozado y la fuerza de la detonación reventó los cristales de las ventanas de varios edificios cercanos. «Se escuchó una fuerte explosión, luego vimos un destello y toda la carretera quedó cubierta de humo. Los transeúntes primero no entendíamos qué había pasado. Después, cuando vimos el vehículo destrozado y los cadáveres alrededor, nos quedamos aterrorizados», relató un testigo a la agencia Itar-Tass. «El hecho de que la metralla de ambos artefactos explosivos sea idéntica confirma la versión de que los atentados están relacionados entre sí. De hecho, es probable que las bombas fuesen fabricadas en el mismo lugar», declaró Vladímir Marki, portavoz del Comité de Instrucción (CI) de Rusia, que aclaró que el explosivo fue activado por un terrorista suicida, cuyos fragmentos fueron remitidos a un laboratorio para identificarlos mediante ADN.

Según datos preliminares, el principal sospechoso sería Pavel Pechonkin, de 32 años, miembro del grupo paramilitar de Daguestán y natural de la república Mari-El, a 500 kilómetros al Este de Moscú. Pechonkin se unió al grupo en la primavera de 2012, al tiempo que se convirtió al islam y cambió su nombre por el de Ansar Ar-rusi. Su padre fue sometido ayer a pruebas de ADN para cotejarlas con las del terrorista suicida. Un día antes, el domingo, otro kamikaze había detonado una bomba en la estación de tren de la ciudad, dejando 17 fallecidos y 45 heridos.

La tensión crece en la ciudad y la Policía tuvo que disolver una concentración popular junto a la estación en memoria de los fallecidos por miedo a nuevos atentados. Mientras, los centros comerciales permanecen cerrados por orden del Ministerio del Interior y la Policía revisa los documentos de todos los transeúntes, y en algunos barrios, casa por casa. El presidente Putin ordenó a todas las agencias de orden público aumentar las medidas de seguridad, no sólo en Volgogrado, sino en todo el país. Ayer por la tarde se desalojó la céntrica estación de metro moscovita de Biblioteca Lenina por una supuesta amenaza de bomba.

La reacción internacional a estos atentados no se hizo esperar. Desde la Unión Europea, a EE UU, pasando por la ONU, todos condenaron enérgicamente los ataques. «España reitera su más absoluta repulsa a todo acto terrorista y recuerda la necesidad de seguir fortaleciendo la cooperación internacional para prevenir y combatir esta lacra», rezaba un comunicado oficial emitido por el Ministerio de Exteriores. El de ayer se trata del tercer atentado suicida perpetrado en la ciudad de Volgogrado en menos de tres meses, pues a los dos de las últimas horas hay que sumar otro sucedido el 21 de octubre, cuando una «viuda negra» detonó una bomba dentro de un autobús, acabando con la vida de seis pasajeros.

No parece casualidad que este repunte de terrorismo islamista en la región llegue a sólo 40 días del comienzo de los Juegos Olímpicos de Invierno, que se celebran en la ciudad de Sochi, a orillas del mar Negro, en el Cáucaso occidental. La pregunta que se hace ahora la comunidad internacional es si el país puede garantizar la seguridad del evento. Sochi se encuentra a 700 kilómetros de Volgogrado, blanco de los últimos ataques, y a 600 de Majachkalá, capital de Daguestán, actualmente la región más conflictiva del Cáucaso. El presidente del COI, Thomas Bach, dijo ayer que tiene plena confianza en que las autoridades rusas garantizarán la seguridad de los Juegos a pesar de los atentados suicidas. Además, remitió una carta a Putin en nombre del COI para condenar los ataques y expresar sus condolencias. Alexánder Zhúkov, presidente del Comité Olímpico Ruso, descartó que se fueran a tomar medidas de seguridad adicionales para Sochi, pues, afirmó, «ya se han tomado las necesarias». Según un plan aprobado hace cuatro años, 42.000 agentes de Policía y 10.000 efectivos del Ministerio del Interior velarán por el orden del evento y, además, el sistema de «pasaporte del aficionado» permitirá la identificación de todos los aficionados que viajen a Sochi.