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domingo 26 mayo 2019
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Guía para entender el rompecabezas político de Israel ante las elecciones

El Parlamento israelí tiene trece partidos con representación. Las formaciones pequeñas de extrema derecha serán claves en la formación de un nuevo Gobierno tras las elecciones de mañana

  • Un hombre camina por una calle junto a carteles electorales con los principales candidatos
    Un hombre camina por una calle junto a carteles electorales con los principales candidatos /

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Tiempo de lectura 5 min.

08 de abril de 2019. 17:11h

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Ofer Laszewicki.  8/4/2019

En Israel se presentan tantas candidaturas, que hasta a algunos sabras (nativos israelíes) les cuesta aclararse que representa cada candidato o formación. De hecho, un elevado porcentaje de electores reconoce estar indeciso hasta el último minuto. En unos comicios donde se presentan hasta 44 listas electorales, unas 12 o 13 formaciones lograran formar parte de la vigesimoprimera Knesset, el parlamento israelí. Y todo indica que, de nuevo, las fuerzas de derecha y religiosas lograran sostener el poder.

En un país fundado y dirigido en sus tres primeras décadas por el sionismo laico laborista, con unas élites políticas y económicas en manos de los judíos de descendencia europea, el Likud encaró el sentimiento de dejadez y discriminación de los judíos procedentes de Oriente Medio y el norte de África. Paradójicamente, la formación hegemónica en la derecha israelí se sustenta en votantes de clases trabajadoras. Defiende un sistema económico neoliberal, el control judío sobre todo Eretz (tierra) Israel, combina sectores laicos y religiosos y sus seguidores conciben a Netanyahu como melej Israel, el “rey” capaz de defender la integridad del país ante los enemigos que buscan su destrucción.

La coalición Kajol Lavan (Azul y Blanco) del ex jefe del ejército Benny Gantz, principal aspirante a reemplazar al actual primer ministro, es una suma de Resiliencia por Israel del propio Gantz, el centrista Yesh Atid del ex periodista Yair Lapid, y Telem, de otro ex dirigente de las fuerzas armadas, Moshe Ya’alon. Su lema: “ya no hay más derecha o izquierda, Israel está por encima de todo”.

Desde posiciones centristas, criticadas por ambigüedad sobre asuntos clave, aspira a recabar el hastío extendido por el longevo mandato de Netanyahu, salpicado por tres imputaciones en casos de corrupción, críticas por dividir a la sociedad o recurrir a la incitación, no apagar el “incendio” de Gaza, y por permitir una creciente religiosidad en las cuestiones de estado. También pretende recoger el enfado de minorías, como los drusos, ante la ley del “estado-nación” aprobada el pasado año, considerada discriminatoria por algunos sectores.

La irrupción de Gantz supuso de inicio un mazazo para formaciones tradicionales del centroizquierda israelí, como el Partido Laborista o Meretz. El laborismo, liderado por Avi Gabai, se desplomaba en las encuestas –pasando de 24 a 5 escaños-, pero en las últimas jornadas, pidiendo “el regreso al camino” a sus votantes, ha remontado posiciones y se sitúa como el tercer partido en intención de voto. Meretz, el único partido judío abiertamente contrario a la ocupación militar de Cisjordania y favorable a la cada vez más lejana solución de dos estados, está sumergido en la lucha con otras formaciones minoritarias para no perder su escasa representación parlamentaria.

Los partidos satélites de la derecha más extrema ejemplifican el transfuguismo y las habituales puñaladas por la espalda en la política hebrea: Avigdor Lieberman fundó “Yisrael Beitenu” tras abandonar el Likud. Representa fundamentalmente al electorado judío procedentes de las ex repúblicas soviéticas. Su repentina salida de la coalición gubernamental de Netanyahu, tras acusarle de tibieza por acordar una nueva tregua ante la enésima escalada militar con Hamás, propició el adelanto de los comicios, que inicialmente estaban previstos para Noviembre.

Moshe Cajlon se escindió del Likud para fundar “Kulanu”, y como ministro de finanzas en la última legislatura describe a su plataforma de centroderecha como el mejor garante para llevar las cuentas del país.

Naftali Bennet, actual ministro de educación que fue jefe de gabinete de Netanyahu en el pasado, ha formado en los últimos meses la “Nueva Derecha” junto a la ministra de justicia Ayelet Shaked, tras su repentina salida de “Casa Judía”. Un dúo que presume de combinar la faceta secular de la polémica Shaked con el sionismo religioso de su socio, que en los últimos mensajes electorales reivindica la libertad de acción del ejército para doblegar a Hamás y liberarse de las investigaciones judiciales por malas praxis militares.

El libertario y mesiánico Moshe Feiglin, otro ex likudnik, está siendo la sensación de la campaña con su “Zehut”, que combina postulados extremistas en lo nacional y religioso, con una extravagante defensa de la legalización de la marihuana, que pretende captar el voto joven mediante llamativos vídeos en Instagram.

La polémica viene de la mano de la “Unión de Partidos de Derecha”, que incluye entre sus tres formaciones a “Poder Judío”, herederos del partido racista Kach, ilegalizado en los años 80 por sus postulados abiertamente anti-árabes. Netanyahu estuvo en el punto de mira por favorecer dicha unión, para así evitar perder votos derechistas por riesgo de no sobrepasar la barrera del 3,25% mínimo para acceder al parlamento.

Dos formaciones ultra ortodoxas han sido históricamente la llave para formar coaliciones de colores políticos distintos. El “Judaismo Unido por la Torah representa a los ashkeanzíes (europeos), mientras que “Shas” es la plataforma de los mizrajíes (orientales). Sus principales reivindicaciones son mantener los beneficios sociales para sus comunidades dedicadas al estudio religioso y la exención de servir en las fuerzas armadas.

Por pugnas internas, las formaciones árabes optaron por disolver la “Lista Conjunta” que los situó como tercera fuerza en 2015, y en la actualidad se presentan en dos candidaturas: Hadash-Ta’al, de carácter laicista e izquierdista que aboga por la igualdad plena entre árabes y judíos, y Ra’am-Balad, con representantes más incendiarios como Haneen Zoabi, habitual por sus feroces críticas al estado judío en sede parlamentaria.

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