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Washington aparca sus odios para despedir a George Bush padre

Angela Merkel y el príncipe Carlos de Inglaterra, entre las personalidad que se han desplazado a Washington

  • El féretro de Bush a la salida del Capitolio/Foto. AP
    El féretro de Bush a la salida del Capitolio/Foto. AP

Tiempo de lectura 2 min.

06 de diciembre de 2018. 00:52h

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Julio Valdeón .  5/12/2018

Fue un funeral para un héroe. De guerra y de la Guerra Fría. El mismo que sobrevivió en las aguas del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial y que puso los cimientos del final de la Guerra Fría. Su hijo, el también presidente George W. Bush, emocionado, comentó que le «mostró lo que significa ser un presidente que sirve con integridad, lidera con coraje y actúa con amor en su corazón por los ciudadanos de nuestro país. Cuando se escriban los libros de historia, dirán que George H.W. Bush fue un gran presidente de Estados Unidos». Una apreciación que no está claro que apliquen también al actual presidente. Que entre otras cosas insultó a la familia Bush en reiteradas ocasiones. Y al que Laura Bush, con ocasión de las terribles imágenes en la frontera de los niños separados de sus padres, respondió que «nuestro Gobierno no debería de estar en el negocio de estabular niños en cajas o planear meterlos en campamentos en el desierto».

Ayer fue distinto. Ayer, y a diferencia de lo ocurrido durante el funeral del senador John McCain, el viejo Bush diseñó una despedida inclusiva. En la que el presidente Trump tendría un lugar destacado al lado de sus predecesores. Impresionaba ver juntos al presidente y a Melania, a Barack y Michelle Obama, al matrimonio Clinton y a los Carter. El actual inquilino de la Casa Blanca saludo a Obama pero evitó a su rival en las presidenciales, Hillary Clinton. Pero ayer tocaba recuperar el sentido de Estado. Jon Meacham, historiador, explicó que el código por el que Bush aspiraba a regir su vida podía resumirse fácilmente: «Diga la verdad. No culpe a la gente. Sea fuerte. Haga lo mejor que pueda. Intente arduamente. Perdone. Mantenga el rumbo». Fue una jornada solemne. La catedral de Washington acogía los restos mortales de un patriota. Por encima de todo, la ceremonia sirvió como tributo a una forma de estar en política muy alejada de la hiperventilación de los últimos tiempos. Quizá la última sonata por el Partido Republicano tal y como EE UU lo conocía. Bush falleció en presencia de su familia. Rodeado por los suyos y diciéndole a su hijo George que lo amaba.

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