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Europa sueña en verde

La UE hace de la lucha contra el calentamiento global una de sus señas de identidad. París y Berlín se comprometen a las cero emisiones en 2050

  • Varias columnas de humo salen de las chimeneas de la planta de Neurath en la localidad de Bergheim, en el estado alemán de Baviera / Efe
    Varias columnas de humo salen de las chimeneas de la planta de Neurath en la localidad de Bergheim, en el estado alemán de Baviera / Efe

Tiempo de lectura 4 min.

18 de mayo de 2019. 02:31h

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Mirentxu Arroqui 18/5/2019

Pocas cosas han logrado movilizar tanto a los más jóvenes en los últimos meses como la lucha contra el calentamiento global. Aunque la simiente proviene de la activista sueca Greta Thunberg, de tan sólo 16 años, quien comenzó a promover una serie de huelgas estudiantiles en su país para hacer despertar a la clase política, otros han cogido su testigo. Bélgica es uno de los países en los que este movimiento ha tenido más eco y ha entrado de lleno en el debate político, ya que incluso se ha llegado a promover un cambio constitucional en vísperas de las elecciones europeas y también federales ( las dos serán el 26 de mayo).

A pesar de esto, según los sondeos, Los Verdes obtendrán un resultado modesto en las elecciones. Aunque, quizás, uno de los mayores éxitos de esta formación no es ganar el número de escaños sino que sus ideas penetren en el programa de otros partidos políticos. «El cambio climático amenaza la existencia de la humanidad y el futuro de nuestros hijos. Por ello seguiremos cumpliendo los acuerdos de París y Katowice y desarrollaremos esta ambición. Al invertir conjuntamente en el desarrollo de aviones de bajas emisiones, podemos revolucionar el transporte aéreo y ser líderes en tecnología ambiental. No permitiremos que nuestro planeta se convierta en el mayor vertedero de basura del universo: como pioneros en el ámbito de las tecnologías limpias, instaremos a aprobar un tratado mundial para prohibir el uso de plásticos de un solo uso», reza el último punto del programa de Manfred Weber, jefe de lista de los populares europeos y candidato a presidir el ejecutivo comunitario.

Timmermans, también candidato desde la bancada socialista, ha hecho asimismo de la lucha contra el cambio climático uno de los ejes de su campaña y apuesta por un impuesto europeo al carbono como modo de financiar la transición energética.

Esta buena voluntad en medio de la campaña electoral contrasta con las tensas negociaciones que se viven entre las capitales y en el hemiciclo y la titánica labor de los «lobbies» de uno y otro signo. «Todos los partidos están a favor de la transición energética, pero difieren en la velocidad. Socialistas y verdes quieren ir más rápido y los populares más lentos por el miedo a perder puestos de trabajo y el daño en la economía», explica Doru Frantescu Frantecu, cofundador de Votewatch Europe. Para este investigador, conseguir mayorías en la nueva legislatura no va a ser fácil debido a la brecha entre los dos grandes partidos.

El bloque del cambio climático contó con un apartado específico dentro del debate celebrado entre los seis aspirantes a presidir el Ejecutivo comunitario el pasado 15 de mayo y las diferencias fueron palpables. No sólo entre populares y socialistas. Nico Cue, representante de Izquierda Unitaria, se mostró temeroso de que los impuestos a los combustibles afecten a la clase trabajadora, con la crisis de los «chalecos amarillos» como telón de fondo.

Precisamente, dentro de los Estados europeos, Emmanuel Macron lleva la voz cantante e incluso ha conseguido reclutar a Angela Merkel para la causa. El presidente francés acudió a la cumbre de Sibiu en Rumanía el pasado 9 de mayo con un manifiesto firmado por ocho países europeos –Bélgica, Dinamarca, Luxemburgo, Holanda, Portugal, España y Suecia además de Francia– con el compromiso de que en el año 2050 las emisiones de gases de efecto invernadero sean cero. Pese a las reticencias iniciales, Berlín acabó sumándose a este compromiso días después. Entre los Estados más reticentes, los nuevos socios del Este, cuya industria proveniente de la época soviética se ha enfrentado a un duro proceso de reconversión.

También hay que tener en cuenta el papel de los partidos euroescépticos, que amenazan con llegar a un tercio de los escaños en estas elecciones y bloquear el funcionamiento del club. Aunque son un grupo heterogéneo en muchos de sus postulados, para Frantescu no hay duda de que en Estados Unidos ha crecido el movimiento que niega el papel del ser humano en el cambio climático y que esta tendencia –hasta ahora marginal en la UE- puede acabar extendiéndose.

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