Internacional

La guerra de Georgia de 2008, ¿el modelo de Putin para atacar Ucrania?

En solo cinco días, Moscú derrotó a los georgianos y reconoció la independencia de Osetia del Sur y Abjasia bajo la excusa de proteger a la población rusa

Ciudadanos osetios ondean las banderas de Osetia del Sur y Rusia
Ciudadanos osetios ondean las banderas de Osetia del Sur y Rusia

La defensa de la población rusa dispersa en el antiguo espacio soviético constituye uno de los vectores de la política exterior del Kremlin desde la desintegración de la URSS en 1991, el acontecimiento histórico que Vladimir Putin denomina “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”.

Históricamente, Rusia siempre se ha sentido vulnerable ante ataques extranjeros. Las sucesivas invasiones de mongoles, polacos, tropas Napoleónicas y la Alemania nazi han formado una identidad nacional muy celosa de su seguridad. Como potencia terrestre encajonada marítimamente por el mar Báltico al norte y el mar Negro al sur, Moscú ha necesitado disponer de una especie de parachoques que le protegiera de potenciales atacantes. Desaparecido el Pacto de Varsovia y derrumbada la URSS, Rusia cree que la expansión de la OTAN y la UE ha ido demasiado lejos y amenaza su seguridad.

Como consecuencia, en un intento de impedir que sus vecinos lleguen a formar parte de las organizaciones internacionales, Moscú trata deliberadamente de desestabilizar Moldavia, Georgia o Ucrania para hipotecar sus opciones de unirse en el futuro a la OTAN o la UE, temerosas de integrar en su seno a Estados con disputas territoriales como las tres mencionadas ex repúblicas soviéticas.

Precisamente, el prólogo de la actual tensión con Ucrania se escribió en 2004, cuando la Revolución Naranja trató de acerca al país a Europa. Una década después, estallaron de nuevo las protestas de Maidán después de que el entonces presidente, Viktor Yanukovich, se retirara de la firma de un acuerdo de asociación con la UE ante la presión del Kremlin.

Hoy, en medio de la escalada de tensión entre Rusia y Occidente, Kiev contempla con temor la movilización de 120.000 soldados en la frontera rusa y otros 30.000 en la vecina Bielorrusia, listos para iniciar una invasión cuya extensión y características solo conoce el líder del Kremlin.

Si bien adivinar qué pasa por la cabeza de Putin se presenta como una tarea difícil, sí se puede recordar cómo actuó en el pasado. La guerra relámpago del verano de 2008 en Georgia se presenta así como una pauta que podría repetir el Kremlin para desestabilizar el Estado ucraniano.

Todo empezó la madrugada del 7 al 8 de agosto de aquel 2008, cuando el prooccidental presidente georgiano Mijaisl Saakashvili lanzó por sorpresa una operación militar para recuperar el control de la región secesionista de Osetia del Sur, que permanecía fuera del control del Gobierno de Tiblisi desde el inicio de los años noventas. Los bombardeos aéreos y los ataques terrestres contra la capital, Tskhinvali, sorprendieron incluso al Kremlin. Putin, que entonces era primer ministro mientras Dimitri Medvedev ocupaba la Presidencia, se encontraba de viaje en Pekín asistiendo a la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos.

El ex presidente ruso, DmitrI Medvedev (c), comparece junto a los líderes de las regiones secesionistas georgiana de Abjasia y Osetia del Sur en el Kremlin
El ex presidente ruso, DmitrI Medvedev (c), comparece junto a los líderes de las regiones secesionistas georgiana de Abjasia y Osetia del Sur en el Kremlin

La reacción de Moscú, sin embargo, no se hizo esperar. Bajo el pretexto de defender a la población de origen ruso, muchos de ellos ya con pasaporte de Rusia, de la agresión georgiana, los tanques entraron en Osetia del Sur y libraron una guerra relámpago. En apenas cinco días, el Ejército ruso expulsó a las tropas georgianas de la región y avanzó hasta las puertas de Tiblisi, la capital de Georgia.

La mediación del entonces presidente francés, Nicolas Sarkozy, consiguió que ambas partes firmaran un alto el fuego el 12 de agosto. Moscú aceptó retirar a sus tropas de Georgia, pero mantuvo su presencia en Osetia del Sur y la también región secesionista de Abjasia, cuyas independencias reconoció unilateralmente.

“Rusia demostró que puede violar el derecho internacional, invadir otros países y salirse con la suya, algo que repitió en Ucrania con consecuencias mucho mayores”, asegura Max Fras, profesor visitante del Instituto Europeo de la London School of Economics, en alusión a la posterior anexión rusa de la península de Crimea en marzo de 2014. Como en Georgia seis años antes, el pretexto fue defender a la población rusa de la península, que había permanecido bajo la soberanía de Rusia hasta que en 1954 el presidente soviético Nikita Jkruschov decidió regalársela a Ucrania.

En opinión de George Mchedlishvili, investigador de Chatham House, “si Occidente hubiera reaccionado adecuadamente a la ocupación de Osetia del Sur en 2008, Crimea y la guerra en Ucrania se podría haber evitado”. “Desgraciadamente, se puede decir que Occidente perdonó a Rusia su brutal conducta en Georgia”, añade.

Casi doce años después de aquella guerra, Georgia, si bien firmó un acuerdo de asociación con la UE en 2014, está lejos de integrarse en el “club” comunitario o la OTAN. De hecho, Sarkozy prometió en aquellas negociaciones con Medvedev que ni Tibilisi ni Kiev serían nunca miembros de la Alianza Atlántica.

En opinión de Mchedlishvili, con todo, “la parte que más perdió como resultado del conflicto fue Osetia del Sur”. “Ahora dependen totalmente de la financiación de Rusia, pero debido a la corrupción, el dinero de Rusia no llega a la población”, explica el analista.

Como en el caso georgiano, Moscú acusó a Kiev de planear un operación militar para recuperar el control de las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk, en el este de Ucrania y también de mayoría rusa. Desde que los grupos separatistas financiados por Rusia declararon la guerra a Ucrania en 2014, han muerto unas 14.000 personas en un conflicto que parece congelado.

Una de hipótesis militares que se barajan es que el Ejército ruso entre en la región de Donbás tras fabricar un falo ataque contra la población civil, tal y como alerta EE UU, que asegura que el Kremlin tiene preparado a su equipo de propaganda para grabar un vídeo en que se narre ese ficticio baño de sangre.