Internacional

Francia pierde el miedo a Le Pen

La “desdiabolización” del viejo partido de su padre logra presentar a la líder ultra como posible alternativa de gobierno

La desdiabolización de Le Pen viene de atrás pero la de esta campaña quizás haya sido su punto cumbre ya que la coyuntura internacional le ha permitido hablar a los franceses de su bolsillo
La desdiabolización de Le Pen viene de atrás pero la de esta campaña quizás haya sido su punto cumbre ya que la coyuntura internacional le ha permitido hablar a los franceses de su bolsillo FOTO: IAN LANGSDON EFE

A dos días de que Francia decida su propio futuro político y el de la Unión Europea, se intensifica la sensación de que Macron repetirá mandato pero que lo hará de forma mucho más ajustada que hace cinco años y con la ultraderecha más cerca que nunca del poder. A una parte de ello ha contribuido una campaña en la que se ha completado el proceso de normalización del Reagrupamiento Nacional entre la opinión pública francesa. Probablemente Le Pen no llegue este domingo al Elíseo pero ya puede dar por cumplido el objetivo estratégico que lleva tiempo cultivando, una desdiabolización aceptada por una buena parte de los franceses.

La desdiabolización de Le Pen viene de atrás pero la de esta campaña quizás haya sido su punto cumbre ya que la coyuntura internacional le ha permitido hablar a los franceses de su bolsillo y esquivar las propuestas más antipáticas y fáciles de identificar con la tradición y la retórica ultra. Ha dulcificado su imagen personal por múltiples vías. El pasado miércoles en el debate cara a cara por televisión, volvió a intentar ofrecer una imagen más moderada que en 2017. Hace cinco años su exceso de agresividad en ciertos tramos del debate con Macron le hicieron perder definitivamente cualquier opción a la presidencia. Parece que también le está dando fruto la labor de desdiabolización que inició cuando tomó las riendas del partido. Ahora a los ciudadanos parece que no les da tanto miedo votar a la extrema derecha, como ocurría cuando su padre, Jean-Marie Le Pen dirigía el Frente Nacional. Tampoco a confesarlo públicamente. El partido que dirige se ha llenado de caras jóvenes, preparadas para intervenir en medios de comunicación sin las estridencias ni discursos ultra de antaño. Un ejemplo de ello es el jovencísimo Jordan Bardella, presidente interino del Reagrupamiento Nacional que ha tomado las riendas de la formación con tan sólo 26 años para que Le Pen se dedicase de lleno a la campaña. Hay otros factores que han contribuido a este proceso de normalización. “La irrupción del polemista Eric Zemmour ha permitido a Le Pen mostrar una imagen más centrada y presidenciable” dice a LA RAZÓN el politólogo Yves Sintomer, uno de los intelectuales franceses que dan clase en varias universidades europeas.

Este jueves, tras la resaca del debate, Le Pen se puso de nuevo en marcha con un acto en una área de transportistas del departamento de Somme, al norte del país. Se fotografió en un chillón camión amarillo aparcado y tuvo duras palabras para Macron. Le Pen aprovechó para criticar la actuación de su rival durante el debate. “Tuve ante mí al Macron de siempre, muy despectivo, muy arrogante. Algo que, creo, no sorprende a ningún francés que ha sufrido en sus propias carnes esa arrogancia y desprecio los últimos cinco años”, agregó en referencia a uno de los puntos débiles del mandatario, que realizó grandes esfuerzos durante las dos horas y media de debate para evitar dar esa imagen altiva que ha lastrado durante todo su mandato.

Le Pen ha intentando proyectar en sus desplazamientos de campaña esa imagen de protectora en tiempos en los que la Francia olvidada, esa que no llega a fin de mes tanto lo necesita. El recelo de esa Francia olvidada ha ido en aumento con los años durante las presidencias de Sarkozy y Hollande, y acabó de explotar en el quinquenio de Macron con el reflejo de movimientos como los chalecos amarillos y que ha ido en paralelo al recorte de servicios sociales y de líneas de transporte en esos rincones del país donde para el estado ya no eran rentables. La líder del Reagrupamiento Nacional hizo una buena lectura de la coyuntura actual y supo adaptar su campaña cuando estalló la guerra de Ucrania y se consolidó el poder adquisitivo como la gran preocupación de los franceses con el miedo a la inflación y la subida de los precios del carburante. Mientras el presidente proyectaba una imagen de interlocutor incansable entre Putin y Zelenski, Le Pen se dedicó a recorrer Francia de punta a punta hablando a los franceses con propuestas para llegar a fin de mes y relegando a segundo plano sus otros temas eje como la migración o el encaje del islam en Francia. Le Pen supo adaptar su campaña y su programa, del que desaparecieron de la noche a la mañana menciones como la asociación estratégica con Rusia.

Otro detalle es sintomático de este proceso de normalización y ocurrió durante el cara a cara. Macron evitó en todo momento calificar a Le Pen como de extrema derecha. Una estrategia que podría buscar no ofender al tercio de los franceses que votan una y otra vez por Le Pen y otros candidatos ultras, pero que, ha contribuido a la normalización de la extrema derecha en la que lleva trabajando Le Pen desde hace años.