Internacional

Macron inaugura su segundo mandato con la promesa de “reunir y pacificar” a todos los franceses

Entre los 450 invitados de la élite política estaba la favorita para convertirse en la primera ministra, Elisabeth Borne, actual ministra de Trabajo en funciones

El Palacio del Elíseo brillaba como un diamante este sábado: la alfombra roja coronaba la llegada de 450 invitados de la más alta clase política francesa, listos para acompañar a Emmanuel Macron en su investidura para un segundo mandato. Sonrientes y elegantes, entraron los ex-presidentes Nicolas Sarkozy y François Hollande, el ex primer ministro, Manuel Valls; la alcaldesa de París, Anne Hidalgo; Gabriel Attal, portavoz estrella del gobierno, Edouard Philippe, antiguo jefe de gobierno de Macron y Elisabeth Borne, favorita para el cargo de nueva primera ministra, entre muchos otros.

La primera dama, Brigitte Macron, vestida de blanco absoluto, llegó antes que su marido, acompañada del presidente del Senado, Gérard Larcher.

La tarea de recibir al mandatario recayó – como dicta el protocolo- sobre Laurent Fabius, presidente del Consejo Constitucional, quien no dudó en recordar los tiempos difíciles a los que Macron apenas sobrevivió: “La época de su primer mandato estuvo marcada por un cúmulo de crisis a nivel sanitario, social, energético y financiero, con un malestar democrático. En estos tiempos agitados, seamos los servidores del derecho y del deber”- dijo solemne Fabius parafraseando al escritor Víctor Hugo.

El discurso de Macron fue sorprendentemente breve – sólo 10 minutos- , sobrio y bastante genérico. Sin frases estridentes ni alusiones directas al torbellino político y social que lo recibe en su segundo período. Sin hacer alusión a la contienda por las presidenciales ni las legislativas y, muy especialmente, sin mencionar a sus contrincantes electorales.

Un nuevo presidente

“Actuar” fue la palabra más pronunciada en su texto, que aplicó a tres ideas cardinales: construir la paz de Europa de cara a la guerra que ha iniciado Rusia en Ucrania, frenar el calentamiento global y dejar a las generaciones futuras un planeta más “vivible” y afrontar el desafío social a través de una reunificación de todos los franceses.

Macron repite la palabra “actuar” para abordar los diferentes ejes de su programa en torno a la educación, la industria, la salud, la defensa y la ecología. Hace votos por adoptar “un nuevo método”. “Reunir y pacificar es no aceptar la inacción. Nuestro país puede al mismo tiempo tener grandes ambiciones nacionales y desencadenar iniciativas en todo el país. Esta será la base de nuestra renovación democrática”, dijo el mandatario, destacando que el pueblo francés no había elegido “prolongar su gobierno” sino que había confiado en “un nuevo presidente para un nuevo mandato”.

Macron, recordemos, ganó las elecciones de pasado 24 de abril tras derrotar de nuevo a la candidata de extrema derecha, Marine Le Pen, con un 58,55% de votos, lo que representa unos 7,5 puntos menos de ventaja que en 2017. Un resultado que se interpreta, no realmente como una victoria de Macron, sino como una barrera que los franceses decidieron levantar contra la ultraderecha, que ha experimentado un crecimiento importante en los últimos cinco años.

Se espera ahora que el recién investido presidente revele en las próximas horas los nombres de su nuevo gabinete. Suena insistentemente el de la actual ministra de Trabajo, Elisabeth Borne, quien podría ser designada primera ministra por su tendencia de izquierda y por su sensibilidad al tema ecológico. Con ello, Macron tendería la mano a una parte de Francia que sigue mostrándose nostálgica y fiel a la izquierda pero que, decepcionada del tradicional Partido Socialista, parece haberse decantado por la extrema izquierda de Jean-Luc Mélenchon.

También se menciona a Christine Lagarde, de ideología de derechas, actual presidenta del Banco Central Europeo y reconocida principalmente por haberse desempeñado como directora del Fondo Monetario Internacional durante ocho años.

Tanto Borne como Lagarde representarían un símbolo de cambio para inaugurar el segundo mandato de Macron, quien estaría nombrando a la segunda mujer en el cargo de primer ministro en la historia de Francia, después de Édith Cresson en 1991.