Ucrania

Testimonio desde una Mariupol ocupada: «Es aterrador vivir entre gente que quería matarte»

Los habitantes que resistieron al asedio ruso sufren el miedo de ser castigados por colaborar con el Ejército ucraniano

Mariupol (Ukraine), 10/08/2022.- A picture taken during a visit to Mariupol organised by the Russian military shows Russian construction workers at the site of a new residential district built by the military construction complex of the Russian Defense Ministry in Mariupol, Donetsk region, Ukraine, 10 August 2022. Twelve five-storey houses with 1,011 apartments are being built. This number of apartments will accommodate more than 2,500 people. About 1,000 people work at the construction site, more than 150 pieces of equipment are involved, according to Oleg Pechenkin, project manager of the military construction complex of the Russian Defense Ministry, as construction and restoration of residential districts, hospitals and engineering networks began in Mariupol. The first building will be completed by September 2022. (Rusia, Ucrania) EFE/EPA/SERGEI ILNITSKY
Mariupol (Ukraine), 10/08/2022.- A picture taken during a visit to Mariupol organised by the Russian military shows Russian construction workers at the site of a new residential district built by the military construction complex of the Russian Defense Ministry in Mariupol, Donetsk region, Ukraine, 10 August 2022. Twelve five-storey houses with 1,011 apartments are being built. This number of apartments will accommodate more than 2,500 people. About 1,000 people work at the construction site, more than 150 pieces of equipment are involved, according to Oleg Pechenkin, project manager of the military construction complex of the Russian Defense Ministry, as construction and restoration of residential districts, hospitals and engineering networks began in Mariupol. The first building will be completed by September 2022. (Rusia, Ucrania) EFE/EPA/SERGEI ILNITSKYSERGEI ILNITSKYAgencia EFE

Olena se siente aliviada de hablar libremente sobre su experiencia a través de una llamada por internet y de tener la oportunidad de conversar en ucraniano con LA RAZÓN. Junto con su esposo, sobrevivió la destrucción despiadada de Mariupol, la ciudad que hace apenas medio año era una localidad costera en rápido desarrollo. Ahora vive con su familia extendida en un pueblo cercano que no experimentó combates o bombardeos.

Olena, nombre supuesto para evitar revelar su identidad, dice que su apartamento en Mariupol está bien conservado en comparación con las casas vecinas, pero agrega: «Todavía es imposible vivir allí. Las ventanas y las puertas del apartamento fueron voladas por una onda expansiva». No hay gas ni electricidad y el agua solo llega hasta el cuarto piso.

Aún tiene que ir allí con regularidad porque teme que alguien ocupe su apartamento. Esto sucede a menudo en la ciudad, donde la mayoría de los edificios quedaron gravemente dañados o completamente destruidos. Trabajadores de Uzbekistán y Tayikistán, traídos por los rusos, deambulan en busca de alojamiento. Otra preocupación es que los rusos dicen que planean instalar ventanas en los apartamentos en algún momento. Si el propietario no está, simplemente romperán las puertas y colocarán una nueva cerradura cuando hayan terminado. No está claro qué sucede después.

Muchos de los que quedan se están emborrachando ya en la mañana. «Puedo entenderlos en parte», dice Olena. «¡Quieres hablar sobre el horror que hemos sobrevivido con todos, pero simplemente no puedes!». Decir lo que piensa, así como hablar ucraniano, puede meterla en problemas en el Mariupol ocupado. Ella dice que hasta 2014, cuando Rusia inició la guerra en Donbás, nadie pensaba sobre el idioma.

Estudió lengua y literatura rusas en la universidad y ha hablado ruso en la vida cotidiana. Si bien Rusia afirma que los hablantes de ruso fueron perseguidos en Ucrania, ni siquiera se le reprochó hablar ruso. «La ciudad se estaba desarrollando muy rápido antes de la invasión, la vida estaba mejorando. Todo se ha ido al traste ahora, cientos de miles de vidas destruidas», lamenta Olena.

Hay una minoría local que afirmaba que era el Ejército ucraniano el que estaba bombardeando la ciudad mientras las tropas rusas la asediaban. «Esto es algo ilógico, algo que no puedo explicar ni entender», lamenta Olena.

Tales pensamientos fueron expresados por algunos que compartieron el refugio antibombas de su edificio de apartamentos con Olena. Era el período de la guerra cuando no había aviones ucranianos y la ciudad estaba rodeada por los rusos. Una vez que los ocupantes tomaron el barrio y los combates se trasladaron al centro y la acería Azovstal, cesaron los bombardeos de repente.

Conquistada Mariupol, en una plaza central aparecieron tres banderas diferentes, una de la «República Popular de Donetsk», una rusa y una soviética. «Realmente no saben por sí mismos lo que quieren crear aquí». Sin embargo, no es un secreto que nadie piensa seriamente que la así llamada República Popular de Donetsk vaya a existir como un Estado independiente. Se esperaba ampliamente que se celebrara un referéndum para unirse a Rusia en septiembre. Con el avance ruso en Donetsk mucho más lento de lo esperado, el líder del Gobierno títere, Denis Pushilin, declaró recientemente que el plebiscito sería pospuesto hasta que toda la región esté bajo control ruso.

«Prometen mucho, pero es todo una imitación». Olena indica que es sobre todo la gente mayor, que está acostumbrada a creer en lo que dice la televisión, a escuchar los anuncios de los rusos. La propaganda rusa está por todas partes con pantallas de televisión gigantes cerca de los puntos de entrega de los productos donde se forman largas colas esperando magras dádivas de aceite, harina y azúcar. «La gente está completamente aislada de las fuentes de información ucranianas», añade.

Aunque los rusos dicen que han venido a liberar a los lugareños, tienen poca confianza en los ucranianos, señala Olena. La palabra «filtración» se ha convertido en una parte firme de la vida cotidiana en Mariupol. «Hay puntos de control en cada pueblo o aldea. No puedes marcharte a menos que hayas pasado por una filtración», explica Olena.

En el campo de la filtración, te hacen muchas preguntas sobre todo. «Están buscando atraparte en una mentira y nunca estás seguro de lo que debes decir. Te preguntan qué piensas de Vladimir Putin. Lo que piensas sobre el bombardeo de la ciudad, quién es el responsable. Quieren saber si conoces a un policía o militar».

Lo peor es que la filtración nunca termina. «Te pueden pedir que muestres tu teléfono para que lo revisen en busca de ‘mensajes sospechosos’. Si eres hombre, te revisan el cuerpo para ver si tienes tatuajes patrióticos». Además, son rápidos para perder los estribos y ven cualquier pequeño gesto como una señal de desafío. «Mientras un militar ruso revisaba los documentos a mi amigo, puso el pasaporte con demasiada firmeza sobre la mesa. El ruso estalló en un discurso enojado, amenazando con todo tipo de castigo».

Otro amigo de Olena que se mudó recientemente a Donetsk tuvo que firmar un testimonio especial para pasar una filtración. Firmó la declaración de que las fuerzas armadas ucranianas la dañaron personalmente. «Sin duda, quieren poder decir más tarde: ¡mira, fue el Ejército ucraniano el que estaba matando a nuestra gente en Donbás!».

Olena siente que no puede vivir de esta manera por mucho tiempo. Le espera un viaje costoso e impredecible a través de la parte europea de Rusia antes de llegar a los Estados bálticos y luego regresar a Ucrania. «¡No puedo esperar hasta llegar a una Ucrania libre!».Ella dice que aún cree que todo volverá a estar bien en algún momento. «Aún tengo la bandera de Ucrania que una vez recibí como regalo. Sueño con poder volver a vivir en mi casa en Mariupol y mirarla ondeando en la ciudad liberada», asegura a LA RAZÓN.