Internacional

Berlusconi se resiste a dejar la primera línea de la política

El ex “cavaliere” se presenta como garantía del europeísmo y atlantismo frente a sus socios ultras, Meloni y Salvini

Matteo Salvini, Giorgia Meloni y Silvio Berlusconi, en el cierre de campaña en la Plaza del Popolo de Roma
Matteo Salvini, Giorgia Meloni y Silvio Berlusconi, en el cierre de campaña en la Plaza del Popolo de Roma FOTO: GIUSEPPE LAMI EFE

Tiene una salud delicada y las cuentas corrientes más que saneadas, pero ni la justicia ha conseguido jubilarle. A punto de cumplir 86 años –soplará las velas la próxima semana–, Silvio Berlusconi vuelve a plantarse en el centro de la foto. El tres veces ex primer ministro italiano se presenta a las elecciones del domingo en una coalición conservadora junto a la Liga de Matteo Salvini y Hermanos de Italia de Giorgia Meloni. Esta última es la favorita para convertirse en la primera mujer en alcanzar la jefatura del Gobierno y, según las últimas encuestas, es probable que ni siquiera necesite los votos de Forza Italia, en caída libre desde hace años.

Pero la presencia del ex «cavaliere» garantiza un equilibrio de fuerzas en el bloque de derechas que Berlusconi está sabiendo explotar. «Estamos a favor de Europa, de Occidente, de la OTAN y de las democracias liberales». Casi como un mantra, el líder de Forza Italia ha reivindicado durante toda la campaña electoral la centralidad de su partido para tratar de calmar a los mercados financieros y convencer a las cancillerías europeas preocupadas por la llegada al poder de Salvini y Meloni, que hasta hace solo unos años proponían la salida de Italia del euro. «No formaría parte de ningún Gobierno si no estuviera absolutamente seguro de su corrección democrática, sentido de la responsabilidad y lealtad hacia Europa y Occidente», defendió en una reciente entrevista, en la que rechazó que sus socios sean extremistas.

Pero lo cierto es que los tres partidos de la derecha italiana han mostrado divergencias más que profundas en estas semanas de campaña electoral en temas clave para el futuro del país, como la relación con sus socios europeos, las sanciones a Rusia o la reforma fiscal. Ayer, sin embargo, Berlusconi, Salvini y Meloni firmaron una tregua para cerrar la campaña electoral juntos en la Plaza del Popolo de Roma.

El encargado de abrir el mitin fue Berlusconi, que aprovechó su intervención para hacer un repaso de las supuestas hazañas alcanzadas por la coalición conservadora en los últimos años, como bajar los impuestos o frenar los desembarcos de inmigrantes irregulares. «Todo eso antes de que la izquierda permitiese esta invasión descontrolada», puntualizó. El magnate italiano reconoció que él representaba el pasado, mientras que el futuro del país estaba en manos de sus dos aliados. «Viva Giorgia, viva Matteo y viva la libertad», lanzó desde el palco ante una masa de simpatizantes que, en su mayoría, ondeaban banderas de Hermanos de Italia y de la Liga.

A pesar de su avanzada edad, el líder de Forza Italia no ha escatimado esfuerzos en estas semanas para tratar de rascar votos. El multimillonario empresario aprovechó el protagonismo recuperado después de años de ostracismo tras ser expulsado del Senado en 2013 para reivindicar la centralidad de su partido y lanzar un programa electoral prácticamente calcado al que presentó hace 28 años, cuando se presentó a las elecciones por primera vez. Una renta ciudadana para las amas de casa, pensiones mínimas de mil euros o plantar un millón de árboles al año son algunas de las propuestas que, esta vez, ha lanzado también a través de redes sociales como Tik Tok.

Después de que sus propios socios de coalición torpedearan su candidatura a presidente de la República, Berlusconi aspira ahora a convertirse en senador para, quizás, recuperar una inmunidad parlamentaria que necesita más que nunca. La próxima semana el ex «cavaliere» se sentará de nuevo en el banquillo en el Tribunal de Milán, donde está imputado por haber sobornado presuntamente a algunas de las invitadas a sus «cenas elegantes», como a él le gusta llamarlas –orgías, según la versión de los fiscales–, para que no revelaran que durante esos encuentros mantenían relaciones sexuales a cambio de dinero cuando era primer ministro. La Fiscalía ha solicitado seis años de prisión.

Sondeos en Italia
Sondeos en Italia FOTO: M. Roselló

«Berlusconi es un narcisista que quiere mantenerse exclusivamente para alimentar su propio ego», asegura el periodista Alan Friedman, autor de «A mi manera», la única biografía autorizada del magnate publicada en 2015. En el libro, el escritor traza un retrato del empresario a través de 18 meses de conversaciones con el político y con su círculo más íntimo, incluido Vladimir Putin, de quien el líder de Forza Italia ha tratado de tomar distancia a pesar de la estrecha relación personal que mantenían desde hacía décadas. «Putin debería reflexionar sobre el aislamiento al que está condenando a Rusia», declaró recientemente Berlusconi, después de proponerse como mediador en la guerra.