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Arrojados al vacío, ejecutados con hachas, a tiros... Así son las ejecuciones de los oligarcas “rebeldes” ordenadas por Putin

En lo que va de año, 11 personalidades rusas han muerto en extrañas circunstancias, los tres últimos en el mes de septiembre

Vladimir Putin
Vladimir Putin FOTO: GAVRIIL GRIGOROV / SPUTNIK / KRE EFE

Vladimir Putin mantiene el pulso firme. Su objetivo sigue siendo la anexión de Ucrania. En febrero comenzó la invasión y a pesar de los reveses sufridos en el campo de batalla en el último mes, continúa adelante con sus propósitos. No va a dejar que nadie le quite la idea de la cabeza. Ha puesto en marcha un referéndum, hecho casa por casa y a punta de fusil, para la anexión de los territorios del este de Ucrania, en las zonas de Lugansk, Donetsk, Jersón y Zaporiyia, todas ellas todavía bajo control de las fuerzas rusas.

Una vez anexionadas, cualquier ataque para recuperarlas, será considerado un ataque contra Rusia. A nivel internacional, Putin ya ha amenazado con utilizar armas nucleares si Occidente interviene. A nivel local, ha anunciado la movilización de 300.000 reservistas para poder continuar luchando en el frente. Esto ha provocado un rechazo muy importante en el país y movilizaciones importantes. Más de 250.000 rusos varones han salido del país.

Pero Putin sigue a lo suyo. Ha aprovechado las 1.300 detenciones en las manifestaciones para entregarles un arma y mandarles al frente. Además, ha visitado varias cárceles para reclutar a pederastas y asesinos a los que ofrece la libertad y el indulto a cambio de seis meses en primera línea de batalla.

Como el inquilino del Kremlin no está dispuesto a que sigan produciéndose salidas, el viernes anunciará el resultado de los referendos, cerrará fronteras y vigilará cualquier movimiento de Occidente. Para tratar de contener las revueltas internas, siguen las purgas. En lo que va de año, 12 oligarcas han perdido la vida de forma misteriosa, tres de ellos en este mes de septiembre. todos ellos eran contrarios a la invasión. Putin no se casa con nadie. Los aliados que han dejado de serlo sirven de ejemplo para los demás.

La muerte que destapó todas las sospechas de que Putin había incrementado su purga sangrienta contra la élite de Moscú contraria a la guerra fue la de Ravil Maganov, de 67 años, un importante magnate del petróleo que el 1 de septiembre sufrió una paliza y fue arrojado a la muerte desde la ventana de un sexto piso del Hospital Clínico Central, minutos antes de que el presidente ruso llegara al centro para realizar una visita para honrar a Gorvachov. Maganov había expresado públicamente su disconformidad con la guerra. En un comunicado hecho público el 24 de febrero, pocos días después de la invasión del país vecino, su empresa, Lukoil, emitía un comunicado en el que expresaba su “más profunda preocupación por los trágicos acontecimientos en Ucrania” e instó a “la terminación lo antes posible del conflicto armado”. Maganov era la víctima número 9, después ha habido dos más.

Los activistas contrarios al régimen de Putin acusaron al mandatario de haber ordenado el asesinato y haber aprobado la forma en la que se hizo. En una cuenta de Telegram, Anastasia Kashevarova, cofundadora del medio de comunicación independiente Daily Storm, explicó que “La razón del asesinato fue la opinión de Maganov, diferente de la del presidente ruso”. Es más, se atreven a decir que Putin no solo sabía que se estaba preparando el asesinato, sino que “dio su consentimiento al aprobar el método y el momento de la liquidación”.

La muerte de Maganov se unía a una larga lista de muertes extrañas en los últimos 9 meses. Una lista mucho más larga si se computa desde la muerte de el miembro de la KGB, Alexander Litvinenko, en 2006. Tres meses antes de que fuera envenenado en Londres, se cambiaron las leyes en Rusia para permitir que cualquier persona sospechosa de estar en contra del Kremlin o criticar a Putin fuera asesinada.

Desde que comenzó el año, han sido 11 los hombres “rebeldes” desaparecidos. El primero fue Leonid Schulman, directivo de Gazprom de 60 años, que el 3 de enero apareció muerto con un corte en la garganta y una nota de suicidio en la que explicaba que tenía un dolor insoportable en una pierna que le hacía imposible la existencia.

Al día siguiente del inicio de la invasión de Ucrania, el 25 de febrero, le llegó el turno a otro directivo de Gazprom. Alexander Tyulyakjov, de 61 años, fue encontrado ahorcado en el garaje de un apartamento en San Petersburgo. También había una nota de suicidio a su lado.

Apenas tres días después, el magnate del petróleo Mikhail Watford, de 66 años y de origen ucraniano, vivía desde el año 2000 en Reino Unido: Precisamente allí, en Surrey, fue encontrado ahorcado en su garaje. Los investigadores calificaron la muerte como inexplicable pero no sospechosa.

El 23 de marzo, el oligarca Vasily Melnikov, propietario de la empresa de suministro de equipos médicos Medstom, su mujer Galina y sus dos hijos de 4 y 10 años fueron localizados sin vida en su apartamento de Ninzhni Novgorod, al este de Moscú.

En abril hubo tres muertes más, dos de ellas prácticamente seguidas. El día 18, el ex vicepresidente del banco Gazprombank, magnate del gas y asesor de Vladimir Putin, Vladislav Avayev, de 51 años, fue asesinado a tiros en su apartamento de lujo junto a su mujer y su hija de 13 años. La puerta estaba cerrada por dentro, por lo que la investigación indicó que Avayev, mató a su esposa y a su hija antes de suicidarse. Un día después, Sergey Protosenya, de 55 años, acabó con la vida de su mujer y de su hija de 18 años a hachazos y se ahorcó en su lujosa villa de Lloret de Mar. Dos casos similares a miles de kilómetros de distancia.

El día 30, Andrei Krukovsky, que a sus 37 años era director general de la estación de esquí Krasnaya Polyana en Sochi de la que es propietaria Gazprom, murió mientras realizaba una ruta de senderismo por las montañas. era un experimentado montañero pero por causas desconocidas se precipitó montaña abajo.

El 8 de mayo se produjo una de las muertes más extrañas. A sus 43 años, Alexander Subbotin, ejecutivo de Lukoil, la mayor petrolera de Rusia, fue encontrado muerto en la casa de un chamán en los suburbios de Moscú. Subbottin estaba borracho y drogado y le inyectaron veneno de sapo, supuestamente para que se recuperara. Murió de un ataque al corazón.

Las muertes parecían haberse detenido, pero la contraofensiva ucraniana volvió a desatar la sed de venganza de Putin. La muerte anteriormente citada de Maganov el 1 de septiembre volvió a abrir la veda. El día 10, hubo otra misteriosa muerte. La de Ivan Pechorin, de 39 años, director de la Corporación de Desarrollo del Ártico y el Lejano Oriente de Rusia y hombre que había formado parte del grupo de confianza de Putin, navegaba en un barco y cayó por la borda. Murió ahogado.

El 12 de septiembre Vasily Trokhin, de 57 años, ex funcionario del gobierno regional, desapareció en Moscú. Era conocido por su lealtad al presidente ruso y líder regional de los veteranos de Afganistán.

Trokhin fue encontrado dos días después en Lyubertsy cerca de las vías del tren. Estaba inconsciente, con una fractura en la cabeza y un fuerte olor a alcohol. Los investigadores creen que fue arrollado por un tren. Fue trasladado de urgencia al hospital, donde ingresó en estad muy grave, fue operado y permanecía en cuidados intensivos. A pesar de que el pronóstico era bueno, Trokhin no pudo superar la gravedad de las heridas y murió.