Internacional

El ala dura del Kremlin aplaude la estrategia del “general Armagedon” en Ucrania

Los bombardeos masivos del lunes llevan el sello de Sergei Surovikin el nuevo jefe de las tropas rusas en el país ocupado

Los bombardeos masivos del lunes llevan el sello de a quien también llaman «el carnicero de Alepo»
Los bombardeos masivos del lunes llevan el sello de a quien también llaman «el carnicero de Alepo» FOTO: Pavel Golovkin AP

No se sabe quién le cambió el nombre a Sergei Surovikin ni cuándo ocurrió, pero su nuevo alias, «General Armagedon», le viene como anillo al dedo. A partir de ahora, la prensa internacional publicará su nombre junto al de los ataques rusos en Ucrania, como los ejecutados a lo largo de esta semana, que ya han sido planificados por este nuevo actor que entra a escena en el teatro del horror en el que se ha convertido esta antigua antigua república soviética.

Para llegar a general, Surovikin tuvo que subir en el escalafón militar por diversos peldaños que van desde las guerras de Afganistán, Tayikistán o Chechenia, en las que participó como soldado, a la todavía candente guerra civil siria, que le dio fama, situándolo en la esfera más cercana del poder en Moscú. De ahí a Ucrania, demostrando que la distancia entre Alepo y Kyiv no parece tan larga cuando se surca en un misil de crucero. Los 84 lanzados este lunes contra la población civil en las 15 ciudades ucranianas llevaban ya su firma, el resultado habla de, al menos, 19 muertos y 105 heridos. Las palabras de Vladimir Putin auguran más ataques de castigo tras la destrucción del famoso puente de Kerch el sábado.

El Kremlin ha querido dar un golpe de efecto en su campaña militar designando a Surovikin comandante en jefe de las fuerzas rusas en Ucrania. Su predecesor en el cargo y amigo, Alexander Dvornikov, no ha convencido a los halcones del presidente, tras siete meses y medio de contienda, a pesar de tener un perfil muy parecido al del nuevo responsable. Ambos planificaron los bombardeos de la segunda capital siria para aniquilar a los enemigos de Bashar Al Asad, en una operación que no dejaba de ser una defensa de los intereses de Rusia y que causó la muerte de cientos de civiles. También Surovikin puede presumir de la misma carta de presentación. Allí se le bautizó como «el carnicero de Siria», debido a la muerte de cientos de civiles tras dos años de ataques incesantes por tierra y aire, en los que incluso se denunció el uso continuo de armas químicas. Según un informe de Human Rights Watch de 2020, las fuerzas rusas bajo su mando atacaron «hogares, escuelas, instalaciones de atención médica y mercados sirios. –los lugares donde la gente vive, trabaja y estudia». Puede ser que por ese antecedente, el ala dura del Kremlin, que exigía resultados contundentes en Ucrania, respire ya tranquila. Yevgueni Prigozhin, responsable del grupo paramilitar Wagner (gran valedor del General Armagedon), y Ramzan Kadirov, presidente de Chechenia, se han mostrado satisfechos con el cambio.

El líder checheno publicaba en Telegram que se consideraba «100% satisfecho con la operación» de este lunes. También los que le conocen aplauden la elección, como Gleb Irisov, un exteniente de la fuerza aérea que trabajó con Surovikin hasta 2020, que considera al nuevo general una de las pocas personas en las Fuerzas Armadas rusas que «sabe cómo supervisar y optimizar las diferentes ramas del Ejército», algo fundamental en estos momentos para intentar enderezar la operación rusa. Según Irisvov, su colega «es muy cruel, pero también un comandante competente», aunque «no podrá resolver todos los problemas. A Rusia le faltan armas y medios humanos».

Surovikin abre una nueva etapa en esta guerra y eso entusiasma a Putin, conocedor de algunos episodios no tan brillantes en la carrera del general, como que estuvo en la cárcel por vender armas, según desvelaba el rotativo británico «The Guardian». El militar de 55 años nacido en la ciudad siberiana de Novosibirsk y antiguo responsable del Distrito Militar Este de Rusia ya había sido encarcelado con anterioridad. Los hechos ocurrieron al finalizar la Unión Soviética, cuando durante el intento de golpe de Estado de 1991 capitaneó una división que ordenó atravesar las barricadas construidas por los manifestantes a favor de la democracia abriendo fuego contra ellos. Murieron tres personas, una de ellas aplastada. Tras ser arrestado y encarcelado, fue puesto en libertad por orden expresa del entonces presidente Boris Yeltsin, que le ahorró el trago de ser juzgado. En 2004 también apareció su nombre en los medios cuando informaron de que un coronel que servía a sus órdenes se había suicidado después de recibir una reprimenda.