Terrorismo

Extremistas islámicos asesinan a 38 niños en una escuela en Uganda

Los rebeldes se introdujeron en la escuela secundaria de Lhubiriha, a dos kilómetros de la frontera congoleña, y prendieron fuego a los barracones donde dormían los alumnos

La policía ugandesa ha conseguido recuperar los cuerpos de 41 personas, incluyendo 38 alumnos, tras el ataque sufrido este viernes en la escuela secundaria Lhubiriha, muy próxima a la frontera con República Democrática del Congo. Las autoridades han acusado al grupo rebelde conocido como Fuerzas Aliadas Democráticas (ADF por sus siglas en inglés) de perpetrar el ataque.

Las ADF, conocidas entre otras acciones por su ideología asociada al radicalismo islámico, se introdujo a las 23:30 hora local en las premisas de la escuela, donde la mayoría de los alumnos y profesores viven durante los días lectivos. Los rebeldes prendieron fuego a los barracones en que dormían los estudiantes, saquearon las cocinas y detonaron diversos artefactos explosivos en la zona, acabando con la vida de un guardia de seguridad, dos miembros de la comunidad local y los 38 estudiantes citados, cuyos cuerpos quedaron tan afectados por las llamas que las autoridades no han terminado de identificarlos por el momento. Otros alumnos, quienes consiguieron escapar del fuego a tiempo, murieron víctimas de las balas o de los machetazos que les esperaban fuera.

También secuestraron a un número de estudiantes, en su mayoría niñas, aunque la cifra exacta tampoco se ha hecho pública por el momento. La dificultad patente a la hora de detener a los culpables consiste en que las ADF realizan algunos de sus ataques en el lado ugandés de la frontera, mientras retroceden con rapidez de vuelta al lado congoleño, a la selva, la espesura, mezclándose en pocas horas con los otro 130 grupos armados que transitan por el este de República Democrática del Congo y volviendo muy difícil, si no imposible, que las autoridades ugandesas reaccionen a tiempo.

De hecho, la escuela (de financiación privada) estaba localizada a apenas dos kilómetros de la frontera congoleña, y los atacantes huyeron en dirección al Parque Nacional Virunga, famoso por sus gorilas de montaña que sobreviven a duras penas los estallidos de violencia que afectan a la región. Tanto las autoridades congoleñas como las tropas ugandesas integradas en la misión de la CAO (Comunidad de África Oriental) en el Congo colaboran hoy en una “persecución activa” de los rebeldes, con la esperanza de rescatar a los alumnos secuestrados antes de que se dispersen definitivamente.

Las ADF se originaron en los años 90 como un movimiento guerrillero, fruto de la coalición de varios grupos anteriores y cuyo fin último consiste en la desestabilización de Uganda y de República Democrática del Congo, tanto con fines políticos como religiosos, puesto que su radicalismo islámico ha ido in crescendo en los últimos años. En 2019, el grupo se escindió en dos partes, una de las cuales juró lealtad al Estado Islámico para convertirse en su filial de la zona. El ejército ugandés y el congoleño colaboran desde finales de 2022 en una misión de estabilización y Estados Unidos ofreció en marzo de este año una recompensa de 5 millones de dólares por la captura del líder de las ADF, aunque los resultados obtenidos hasta la fecha han sido escasos.

La mayoría de los ataques de las ADF se concentran en suelo congoleño y no es sino en contadas y letales ocasiones en las que realizan incursiones en Uganda. Y tampoco es esta la primera vezque señalan una escuela como objetivo: en junio de 1998, 80 estudiantes del Instituto Técnico de Kichwamba fueron quemados en sus dormitorios y más de 100 fueron secuestrados. Winnie Kiiza, una influyente líder política y legisladora de la región, condenó este “cobarde ataque” en su cuenta de Twitter. Consideró que “los ataques en colegios son inaceptables y se tratan de una grave violación de los derechos de los niños”. Y recuerda lo acontecido a lo ocurrido en República Democrática del Congo esta misma semana, cuando milicianos de la CODECO (otro de los grupos armados afincados al este del país) atacaron un campamento de refugiados asesinando a 46 personas, 23 de ellas niños.