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Macedonia al borde de la crisis política

La baja participación en el referéndum frustra las aspiraciones europeístas del Gobierno socialdemócrata

  • Imagen de una mujer votando en el referéndum. Efe
    Imagen de una mujer votando en el referéndum. Efe
Skopje.

Tiempo de lectura 4 min.

30 de septiembre de 2018. 22:32h

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Roberto Herranz-Taylin Aroche.  Skopje. 30/9/2018

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El cumpleaños del ministro de Exteriores macedonio, Nikola Dimitrov, predestinado a tener un final exitoso, se tornó agridulce cuando el referéndum consultivo de hoy no logró alcanzar el mínimo de participación necesaria. Con el 74% del voto escrutado, y una participación del 35,7% del electorado (hacía falta el 50%), el resultado fue del 91,2% para el «sí» al cierre de esta edición. Lo que estaba pensado en convertirse en una jornada histórica acabó siendo un auténtico fiasco político que puede poner en jaque la supervivencia del Gobierno.

“¿Apoya usted la integración en la Unión Europea y la OTAN al aceptar el acuerdo entre Macedonia y Grecia?” La pregunta, que no incluía la propuesta del nuevo nombre del país, República de Macedonia del Norte, estaba destinada a poner punto y final a un conflicto histórico y etimológico con Atenas que dura ya los 27 años de vida de la exrepública yugoslava, denominada en instituciones y organismos internacionales como Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM), debido al veto griego.

En este contexto, el primer ministro macedonio, el socialdemócrata Zoran Zaev, ha fracasado en su propuesta de revestir de legitimidad democrática el pacto alcanzado con Grecia en junio. A pesar de la baja participación, Zaev afirmó que “la naturaleza consultiva del referéndum tiene que traducirse en la actividad política del Parlamento, si la mayoría ha elegido ‘sí’”.

Tras el desenlace de ayer, por tanto, se complica el horizonte político y electoral para el gobierno de Skopje, cuyo objetivo era que el resultado de la consulta sirviera de empuje al proyecto de ley necesario para modificar la Constitución y hacer efectiva la nueva denominación del país balcánico. Además del apoyo de sus socios de Gobierno, Zaev seguiría necesitando 20 diputados de la oposición conservadora, que se muestran reacios a dar su apoyo al cambio de nombre. Zaev ya anunció, en una breve comparecencia sin preguntas tras el cierre de urnas, que, de no contar con suficiente apoyo por parte de los conservadores para sacar la propuesta adelante en la Cámara, habrá elecciones anticipadas.

El clima político se complica para Zaev, quien ha sido el único primer ministro macedonio hasta la fecha en lograr un pacto con Atenas, en sintonía ideológica con su homólogo Alexis Tsipras, de la formación izquierdista Syriza. El acuerdo con Grecia, abanderado por Estados Unidos, las principales potencias europeas e impulsado por la jefa de la Diplomacia europea, Federica Mogherini, no sólo suponía un paso de gigante en un conflicto estancado durante casi tres décadas, sino el proyecto estrella del Gobierno de Zaev, que ha apostado con él todo su capital político.

Como muestra del clima de tensión entre el Gobierno y la oposición, antes incluso del cierre de urnas, el Partido Socialdemócrata lanzó un dardo a los conservadores de la formación VMRO-DPMNE, que les habían acusado de presionar a la gente y usar noticias falsas en la campaña. “(El partido conservador) está nervioso porque a pesar del boicot que habían planeado, varios de sus miembros han votado”, recalcaron los socialdemócratas. Los conservadores, en el poder durante una década hasta que Zaev logró formar gobierno en junio del pasado año, llamaron desde el principio a boicotear el referéndum, aduciendo que no acudir a las urnas ayudaría a no alcanzar la participación necesaria. Si ayer se podía ver en el colegio electoral a un eufórico Dimitrov, que en declaraciones a este diario hablaba de “un día histórico y el cierre de un capítulo para la reconciliación en los Balcanes”, no contaba con que los conservadores lograrían su objetivo.

El gobierno de Zaev, formado el año pasado casi por sorpresa tras el apoyo de los partidos de la minoría albanesa, llegó al poder defendiendo reformas socialdemócratas tras una década de dominio de un partido conservador y nacionalista salpicado por escándalos de enorme desperdicio de dinero público, corrupción y escuchas ilegales. El nuevo ejecutivo aumentó el salario mínimo alrededor de un 20% y anunció un incremento de los impuestos progresivos que se acabó postergando. Para Blagica Petreski, responsable del área económica de Finance Think, un think tank económico con sede en Skopje, “la sociedad es todavía muy sensible a la forma en que el dinero público se ha utilizado (mal) en el país”.

Las históricas aspiraciones euroatlánticas de Macedonia, bloqueadas hasta ahora por la negativa de Grecia a aceptar su nombre, parecen verse truncadas por el rechazo o el desinterés ciudadano por la nueva denominación. A pesar del alto grado de europeísmo entre la población macedonia y del incondicional apoyo de Bruselas por descongelar el conflicto con Atenas, muchos ciudadanos rechazan la imposición de un nombre por parte de actores externos. Aunque ya parecía cercano el final de esta disputa, que se adentra profundamente en la historia de la exrepública yugoslava y de la vecina Grecia, el varapalo electoral de ayer parece cercano no sólo a desencadenar una crisis política interna, sino a dinamitar por completo los sueños europeístas de la población macedonia a medio plazo.

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