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Ganó el hartazgo

Tiempo de lectura 4 min.

04 de julio de 2018. 03:18h

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Alejandro G. Motta.  4/7/2018

Son días históricos en tierras aztecas. Por primera vez ganó la izquierda antiestablishment que encarna Andrés Manuel López Obrador (AMLO). El statu quo impulsado por los políticos se ve amenazado. Un nuevo juego político comenzará en México en las próximas horas y, definitivamente, los partidos tradicionales, PRI y PAN, entrarán en un proceso interno de revisión importante. La mayoría de los mexicanos se cansó de ellos, se hartó de lo mismo, de lo que desde hace 90 años impera en su tierra.

Ganó el hartazgo, el cansancio. A partir de hoy, México se viste de incertidumbre. Se abre un camino lleno de acertijos. ¿Qué estaría dispuesto a hacer López Obrador como presidente con tal de pulverizar a las fuerzas políticas tradicionales? ¿Cumplirá o no una hoja de ruta marcada por la discordia y la ausencia de consenso? ¿Alimentará o no el discurso de la grieta social, ese de la lucha de clases, ese que intenta convencer a las clases populares, de que la razón de sus males se encuentra en las mejores zonas de la ciudad, la de los ricos?

Pedir respuestas en el corto plazo sería desmedido. Por lo pronto habrá que esperar las primeras señales.

No son pocos los que pedían un milagro, el milagro de que pierda López Obrador. No son pocos los que clamaron al cielo para que algo distinto a lo ocurrido se hiciera realidad. Quizás, el milagro se viva durante el sexenio. Quizás, este populista de izquierda con evidentes lagunas ideológicas termine por gobernar haciendo lo que mejor sabe hacer un líder sindical, negociar. Quizás, y sería el mejor escenario, construya y mantenga un discurso confrontativo que entretenga y consolide su base popular, pero opere tras bastidores con el bisturí quirúrgico de la palabra, ese que finalmente te dictamina que en ocasiones será necesario ceder para poder avanzar.

Lo más peligroso, sin embargo, se descubre bajo el manto de dos dimensiones que podrían retroalimentarse: en primer lugar, la pseudo lucha contra la corrupción y, en segundo lugar, el retroceso de la economía. En lo primero, es notoria la presencia de políticos y empresarios alrededor de este líder populista y que reportan prontuarios importantes de corrupción. Por lo tanto, luchar para erradicar la corrupción desde AMLO será igual a reemplazar un grupo de corruptos de «cuello blanco», por otros. En segundo lugar, la incertidumbre podría generar un estado de desconfianza en los mercados que ahuyente la inversión y paralice de algún modo el necesario crecimiento económico. Aunque en las primeras horas después de su triunfo, el peso mexicano reportó estabilidad e incluso se apreció levemente, tendríamos que esperar por sus primeras acciones como presidente a partir de diciembre.

López Obrador guiará los destinos de México y le tocará a los mexicanos procurar que el tren de la democracia no se descarrile por senderos de inestabilidad. Resta por tener la esperanza que sea más el consenso que la ideología lo que marque el rumbo de este enorme país por los próximos seis años.

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