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Golpe de Estado en Trípoli a cargo de un ex primer ministro libio

La decisión del Congreso Nacional General, antiguo gobierno rebelde en Trípoli, de retomar el poder ha aumentado la confusión en Trípoli

  • Jalifa Ghwell, en una imagen de archivo.
    Jalifa Ghwell, en una imagen de archivo.
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de octubre de 2016. 15:39h

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Madrid. 15/10/2016

La decisión del Congreso Nacional General (CNG), antiguo gobierno rebelde en Trípoli, de retomar el poder ha aumentado la confusión en la capital libia y evidenciado la debilidad del gobierno de unidad designado por la ONU, que en seis meses no ha sido capaz de imponer su autoridad en el país.

Fuentes de Seguridad confirmaron a Efe que el vicepresidente del CNG, Awad Abdel Sadek, acompañado de un grupo de hombres fuertemente armados, entró anoche en el edificio y expulsó con facilidad al Consejo de Estado, uno de los organismos creados a raíz del acuerdo de reconciliación auspiciado por Naciones Unidas.

Nada más recuperar su antigua sede, en la zona de Rixos, el jefe del antiguo gabinete rebelde, Jalifa Al Ghweil, advirtió de que a partir de este sábado retomarían las labores de gobierno y asumirían el control de todos las instituciones del Estado.

"Exigimos al gobierno (del primer ministro Mohamad Fayez) al Serraj que abandone su trabajo", subrayó Al Ghweil en una rueda de prensa en la que también declaró un toque la capital.

El antiguo primer ministro ofreció, igualmente, al Parlamento en Tobruk -única autoridad que conserva todavía el reconocimiento internacional- unir fuerzas para acabar con el gobierno tutelado por la ONU.

Al Serraj contestó este sábado a través de un comunicado oficial en el que tildó la acción de "golpe de Estado" y advirtió de que ha instruido a la Fiscalía para que actúe y ordene "el arresto de los golpistas y de todos aquellos que quieren formar un gobierno paralelo".

"Esta acción perpetrada por el CNG y las milicias que le apoyan solo contribuye a añadir más caos al país y abre la puerta para que cualquier grupo (pueda atreverse a) asaltar las instituciones y los edificios del Estado", afirmó.

"Este intento de golpe de estado es otro delito por parte de un grupo que se opone a la aplicación del Acuerdo de Reconciliación Nacional libio firmado el pasado mes de diciembre en la localidad marroquí de Sjirat", recalcó.

"Un intento para ocultar su fallo a la hora de darle una solución al país cuando formaban parte de los órganos de decisión y ahora solo buscan complicar la situación y crear un pandemonium", concluyó la nota.

La acción supone un nuevo golpe para el gobierno de Al Serraj, formado el pasado mes de marzo bajo los auspicios el Consejo Presidencial designado por la ONU y par el plan de Reconciliación que promueve la ONU.

En seis meses, este gobierno que entró en el país de forma furtiva tras formarse en Túnez, ni ha asentado su autoridad en el oeste del país, ni ha logrado que el Parlamento en Tobruk le ceda la legitimidad que necesita para gobernar.

La cámara, único órgano de poder que conserva el reconocimiento internacional, está dominada por los diputados afines al mariscal Jalifa Hafter, jefe militar que se opone tanto al gobierno de unidad como al CNG.

En los últimos meses, el gobierno de unidad también ha perdido el control de los principales puertos e instalaciones petroleras del país, ahora en poder de Hafter, un antiguo miembro de la cúpula que aupó al poder al dictador Muamar al Gadafi (1969-2011) y que años después, reclutado por la CIA, se convirtió en su principal opositor en el exilio,

"Es una escalada muy peligrosa que amenaza con abrir nuevos enfrentamientos armados entre las distintas milicias y que pone en riesgo los esfuerzos de la ONU", explicó a Efe un diplomático europeo destinado en Libia.

"El acuerdo de Reconciliación Nacional atravesaba un momento muy crítico y acciones como estas pueden suponer la puntilla y tirar por tierra meses de negociaciones", agregó.

Libia es un estado fallido, víctima del caos y la guerra civil, desde que hace cinco años la comunidad internacional apoyara el alzamiento rebelde en Bengasi y contribuyera militarmente a la caída del régimen de Al Gadafi.

En la actualidad tiene dos gobiernos: uno en Tobruk, legalmente reconocido por la comunidad internacional, y otro en Trípoli, llamado de unidad nacional, al que apoyan la ONU y la Unión Europea (UE) y que busca del reconocimiento popular e internacional del que todavía carece.

Del conflicto han sacado provecho los grupos yihadistas, y en especial la rama libia del Estado Islámico (EI), que en apenas un año ha avanzado desde su bastión en Derna (oeste de Libia) hacia las ciudades de Bengasi (la segunda en importancia del país) y Sirte, en la costa centro.

En esta ciudad, milicias afines al gobierno de unidad -lideradas por la ciudad de Misrata- tratan desde mayo de expulsar por la fuerza de las armas a los radicales que la tomaron en febrero de 2015.

Por su parte, las milicias de Hafter intentan desde mayo de 2014 conquistar Bengasi, donde resisten grupos yihadistas y milicias islamistas moderadas, estas últimas afines al gobierno rebelde que ahora ha regresado a Trípoli.

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