Grecia, ante el terremoto antisistema de Syriza

El primer ministro griego, Antonis Samaras, saluda a sus simpatizantes en Atenas durante la jornada de reflexión.

El partido izquierdista de Tsipras se sitúa, con el 33% de los votos, como favorito en las encuestas. Los 600.000 indecisos que prevén los sondeos decidirán o no la mayoría absoluta y si ningún partido logra formar Gobierno, se volverán a convocar elecciones en tres meses.

Se avecina tormenta, climatológica ayer, política hoy. Chuzos de punta cayeron el sábado sobre Atenas mientras los candidatos seguían haciendo campaña, porque en Grecia no hay jornada de reflexión. Unos 9,8 milllones de ciudadanos deciden hoy su porvenir, entre ellos, unos 2,3 millones de jóvenes de entre 18 y 35 años. Las encuestas siguen dando como vencedora a la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza), algunas hasta con 10 puntos de diferencia respecto a los conservadores de Nueva Democracia. Sin embargo, aún existen 600.000 indecisos que serán los que hagan que la balanza se incline hacia uno u otros lado. «Hay un 14% de personas que todavía dicen no saber a quién votarán, pero yo sé que están con nosotros», dijo ayer Antonis Samaras, primer ministro y candidato de Nueva Democracia (ND), que visitó la carpa que esta formación tiene instalada en la popular plaza Syntagma. Sin embargo, por el ambiente que se vive a diario en este céntrico punto de la ciudad, no parece que esa mayoría de indecisos apueste por los conservadores.

Mientras que en Syntagma tan sólo algún curioso se acerca a hablar con los militantes conservadores o a ver el mitin de cierre de campaña de Samaras que proyectan en su interior, a apenas 400 metros, en la plaza Klavthmonos, donde se concentran los activistas y simpatizantes de Syriza, no cabe un alfiler. Incluso, una activista de ND anima –en voz baja– a que los jóvenes vayan a la carpa del partido de Tsipras, «porque allí hay música, más fiesta y más diversión», asegura.

Aunque públicamente los líderes de Syriza afirman que están convencidos de que conseguirán la mayoría absoluta, en los corrillos no son tan contundentes. Es más, un vuelco electoral no sería descartable si en el último momento los indecisos se decantan por Samaras. Aun así, le resultaría complicado hacerlo con una mayoría absoluta, por lo que las negociaciones serían inevitables.

Lo que suscita más preocupación es que si no se llega a un acuerdo entre la formación más votada y otras menores para reeditar un Gobierno de coalición, la situación derivará en una nueva convocatoria de elecciones en tres o cuatro meses, lo que fomentaría la inestabilidad del país. «La mayoría de griegos que ahora dicen que votarán por Syriza son unos inconscientes. Todos hablan de Europa, del rescate, de que nos sigan ayudando desde fuera sin nosotros dar nada a cambio. Esto es una insensatez. Primero tenemos que ordenar nuestra casa para luego preocuparnos por lo de fuera. La gente quiere coches, pero no sabe conducir», explica a LA RAZON Lana, una psicóloga de 37 años que asegura que votará a la nueva formación del ex primer ministro Yorgos Papandreu, Movimiento de Socialistas Democráticos. «Tsipras no es más que una burda imitación de Andreas Papandreu, padre de Yorgos y fundador del Pasok», subraya.

Durante cuarenta años, los griegos han dividido su voto entre los que hasta este momento habían sido los partidos mayoritarios, los socialistas del Pasok o los conservadores de Nueva Democracia, pero la calle parece estar cansada de las mismas caras. Ahora, los movimientos populistas que andan a la conquista de Europa han encontrado el caldo de cultivo perfecto para echar el ancla. Sin embargo, los planes de Syriza para abordar el asunto de la deuda pública del Estado, que alcanza los 320.000 millones de euros, parecen convencer a pocos, cuando las arcas públicas «sólo» guardan en este momento 2.000 millones. «Syriza puede llevar a cabo todas estas medidas de aumento del gasto público gracias a su programa de redistribución de los impuestos. No es sencillo, pero la única oportunidad de conseguir el cambio y que nuestras políticas económicas vayan en otra dirección la tiene Syriza», afirma a este diario Yorgos Petropoulos, director del comité ejecutivo de Adedy y militante de la coalición de izquierdas. También insisten en la ya conocida reestructuración de la deuda: «Creemos en la democracia. Si los griegos dicen sí a Syriza, la troika debe respetarnos y sentarse a negociar nuevas condiciones», reitera el activista.

Sin embargo, los analistas económicos independientes ponen en duda la viabilidad de las propuestas del grupo izquierdista. «Con todo esto, creo que es justo afirmar que no sabemos qué esperar del triunfo de Syriza. Su mensaje está plagado de contradicciones. Sus políticas infunden temor y esto puede llevar a una fuga de capitales, lo que tendría consecuencias desastrosas», afirma el analista político Sypros Economides.

La sociedad griega está claramente dividida y el choque de «placas tectónicas» puede devolver al país heleno al caos. El poder adquisitivo del 93% de la población se ha reducido en los últimos tres años un 38% y por este motivo la calle está que arde. El desempleo en Atenas llega al 28%, lo que explica que en las encuestas superen en 15 puntos a los conservadores, así como que del 26,9% de votos conseguido en las elecciones de junio de 2012, ahora apunten al 33%. Con todo, hay jóvenes con miedo a este tornado del que no se conoce su dirección. «Hemos sufrido mucho, las cosas no van bien. Con Andoni Samaras al menos sabemos lo que nos espera. No voy a votar a Syriza, me dan miedo», reconoce a LA RAZÓN Yorgos Marinis, de 25 años.