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Guaidó vuelve a negociar con el régimen chavista

Maduro confirma a Padrino como ministro de Defensa y da más poder a Cabello para asegurarse su apoyo

  • Juan Guaidó el pasado viernes en la celebración del día de la independencia de Venezuela
    Juan Guaidó el pasado viernes en la celebración del día de la independencia de Venezuela
Caracas.

Tiempo de lectura 4 min.

09 de julio de 2019. 04:59h

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Víctor Amaya Caracas. 8/7/2019

Esta semana se reanudan las negociaciones entre el régimen de Nicolás Maduro y la oposición que encabeza Juan Guaidó. Lo anunció él mismo, y será en Barbados, con el objetivo fundamental de llegar a un escenario electoral a corto plazo que sirva para dar paso a una transición. Pero es una ruta nada fácil. Si bien la comunidad internacional que apuntala los esfuerzos de Noruega como mediador empuja para lograr elecciones –incluso Rusia, el gran aliado del chavismo, ha dejado abierta esa puerta–, las condiciones para desarrollarlas son el gran obstáculo.

La oposición exige relevar a las autoridades electorales para que no respondan al chavismo, y que se permita la participación libre de dirigentes y electores; además, sin los mecanismos de control social que el Gobierno utiliza para ganar más votos. Del lado del oficialismo, se insiste en el levantamiento de las sanciones financieras y la posibilidad de que Maduro siga en el poder hasta las votaciones. Es decir, que no ocurra el «cese de la usurpación» que reclama Guaidó antes de contar los sufragios. Una fecha se asoma como posibilidad: marzo de 2020, según fuentes parlamentarias.

Entretanto, ambos actores movieron fichas de cara a esos encuentros. Por una parte, la oposición anunció que aprobará definitivamente la reincorporación de Venezuela al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), del cual se había retirado en 2013. El TIAR establece que un ataque armado por parte de cualquier Estado contra una de las naciones firmantes «será considerado como un ataque contra todos los Estados americanos». A raíz de ello, algunas voces, como las de María Corina Machado o Antonio Ledezma, han dicho que puede ser una puerta para autorizar la participación militar extranjera en Venezuela. El analista Lauren Caballero explica que se trata de mecanismos diseñados para contrarrestar «una amenaza para la paz y la seguridad americanas», pero hay otros pasos diplomáticos previos a una acción armada. «La situación venezolana, bien que pueda representar una amenaza para la paz y la seguridad hemisférica por la desestabilización que causa en la región, no es un asunto de índole militar», apunta.

Políticamente, sin embargo, se trata de una espada de Damocles para el chavismo, que también se adapta a lo que pueda surgir en Barbados, por ejemplo con la ratificación de Vladimir Padrino como ministro de la Defensa. El general en jefe ha sobrevivido a las intrigas. Señalado de haber coqueteado con la conspiración que buscaba deponer a Nicolás Maduro el 30 de abril pasado, fue ratificado como ministro por quinto año consecutivo. Es el militar que más ha durado en el cargo en la historia republicana.

«Con la ratificación de Padrino, Maduro ha escogido no alterar el sistema de equilibrios en el seno del poder. Padrino es el único militar respetado por el chavismo militar y el político, y es el único uniformado capaz de representar a las Fuerzas Armadas en la eventualidad de incorporar ‘‘lo militar’’ en los diálogos», comenta Rocío San Miguel, directora de la ONG Control Ciudadano.

Maduro también ha confirmado al almirante Remigio Ceballos Ichaso como comandante operativo de todas las Fuerzas Armadas. Se trata de un hombre muy cercano a Diosdado Cabello, el segundo hombre fuerte del chavismo, que mantiene un discurso politizado y beligerante. En el juego de poder, Cabello –quien no está representado en Barbados– pasa a tener más músculo, pues su primo Alexis Rodríguez es el nuevo comandante del Ejército.

El otro nombramiento fundamental fue el del nuevo comandante de la Guardia Nacional, el cuerpo llamado a mantener el orden interno del país. Allí designó a Fabio Zavarce, quien no solamente se ha retratado en actividades partidistas sino que ha sido señalado de actuar en connivencia con los colectivos violentos del chavismo. En 2017 fue uno de los encargados de dirigir la represión en la capital, por lo cual ha sido sancionado como «violador de derechos humanos» por EE UU.

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