Hong Kong desafía al Gobierno y sale con máscaras a la calle

Dieciocho semanas de protestas. Ni la lluvia ni el miedo a ser detenidos frenan a los manifestantes, que un domingo más vuelven a cerrar el tráfico de las principales avenidas de la ciudad

Nuevos choques entre la Policía y los manifestantes, ayer en el centro de Hong Kong / Reuters
Nuevos choques entre la Policía y los manifestantes, ayer en el centro de Hong Kong / Reuters

Dieciocho semanas de protestas. Ni la lluvia ni el miedo a ser detenidos frenan a los manifestantes, que un domingo más vuelven a cerrar el tráfico de las principales avenidas de la ciudad.

De negro y con el rostro cubierto. Así es como decenas de miles de ciudadanos hongkoneses salieron ayer a las calles para desafiar a su Gobierno, que el viernes pasado impuso una ley para prohibir el uso de máscaras en público, algo que los manifestantes utilizaban para no ser identificados. Ni la lluvia, ni el miedo a ser detenidos frenó a los manifestantes, que se concentraron en diferentes puntos de la ciudad y marcharon cortando el tráfico de las principales vías. En una mano, portaban un paraguas; y en la otra, el gesto del seis, el número de demandas que le exigen ahora al Ejecutivo.

Como viene siendo habitual, las protestas comenzaron de manera pacífica y acabaron con numerosos enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes, estaciones de metro reventadas y bancos y comercios vandalizados. Si los manifestantes lanzaban cócteles molotov –uno le cayó a un periodista local–, la Policía disparaba gases lacrimógenos y pelotas de goma. Pasada la medianoche, mientras continuaban los enfrentamientos en la calle de Nathan road, las autoridades informaron de que había 11 personas hospitalizadas, tres de ellas de gravedad. Aunque los niveles de violencia no alcanzaron los de la semana pasada, algunos incidentes dejaron muy patente la terrible fractura social que Hong Kong vive a día de hoy, una herida que tardará años en curarse, si es que lo hace.

Uno de los episodios más violentos tuvo lugar en el barrio de Sham Shui Po. Allí, según se puede observar en un vídeo, se ve cómo el conductor de un taxi arremete con su vehículo contra varias personas que protestaban dejando a dos de ellas heridas con diversas fracturas. Tras el atropello, mientras algunos manifestantes corrían presos del pánico, otros la tomaron con el taxista, a quien dejaron malherido con la cabeza ensangrentada. El incidente se sumaba a la larga lista de altercados que se han producido entre las diferentes partes de la sociedad y con la Policía desde que comenzaron las protestas a finales de junio.

Cada día que pasa el conflicto acumula nuevos incidentes y reproches y lo aleja de una posible solución. Las medidas impuestas por el Ejecutivo de Carrie Lam –como recurrir a una ley de la era colonial para prohibir las máscaras– no han hecho más que avivar el enfado de unos manifestantes que insisten en que se cumplan todas sus demandas: la retirada de dicha prohibición, sufragio universal, la creación de una comisión independiente que investigue la actuación policial, que no se consideren las protestas como disturbios y que se retiren los cargos a los centenares de jóvenes detenidos.

La Policía volvió a realizar ayer varios arrestos después de que los más radicales atacaran negocios vinculados con la China continental, destrozaran semáforos y postes de la luz y dejaran la estación de metro de Mongkok inundada y con numerosos destrozos y fuego en sus accesos. De hecho, la compañía de transporte MTR –que es objetivo diario de los vándalos– cerró el viernes y el sábado por primera vez en la historia todas sus líneas de metro dejando a una ciudad de 7,5 millones de personas incomunicada bajo tierra. Mientras, en la superficie la mayoría de comercios, supermercados y centros comerciales permanecieron cerrados creando una inusual estampa de la ciudad que nunca duerme.

«Más gasolina al fuego»

«Yo antes apoyaba al Gobierno y a la Policía. Pero me he dado cuenta de que su gestión ha sido pésima, y que la Policía se ha excedido en el uso de la fuerza. Lam ha invocado esta ley de emergencia que solo ha conseguido echar más gasolina al fuego», comentó a Efe una mujer de 34 años que se identificó como Suen.

Entre la multitud se encontraba el abogado Alan Leong, presidente del Partido Cívico pro democrático, quien aseguró que «la ley anti máscaras ha asestado un golpe fatal al Estado de derecho en Hong Kong». Cubriendo su rostro con una careta, Leong, abogado de 61 años y ex miembro del Consejo Legislativo, agregó que la aprobación de la medida supone una violación del Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos (ICCPR, por sus siglas en inglés).

Precisamente, las dieciocho semanas consecutivas de protestas en la calle contra las autoridades regionales han hecho mella en la economía de la ciudad asiática, llevándola al borde de la recesión por primera vez en una década. Según Goldman Sachs, Hong Kong puede haber perdido hasta 4.000 millones de dólares americanos en depósitos entre junio y agosto; y corrían rumores de que debido a los ataques a entidades financieras vinculadas con Pekín, en un 5% de los cajeros automáticos no se podía retirar dinero en efectivo. Por eso, el secretario financiero, Paul Chan, tuvo que salir ayer al paso para explicar que pese a los obstáculos recientes, el sistema bancario sigue siendo sólido y el mercado financiero funciona bien en la ex colonia británica.

«Hong Kong no implementará controles para el cambio de divisas extranjeras. El dólar de Hong Kong se puede cambiar libremente y el capital puede entrar y salir libremente. Ésta es la garantía solemne de la Ley Básica», afirmó Chan.