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Irán: la guerra de los halcones americanos

La postura beligerante de John Bolton y Mike Pompeo, partidarios de forzar un cambio de régimen en Teherán, choca con el recelo hacia las aventuras exteriores de Trump.

El presidente Trump en un acto en Washington, este viernes / Ap
El presidente Trump en un acto en Washington, este viernes / Aplarazon

La postura beligerante de John Bolton y Mike Pompeo, partidarios de forzar un cambio de régimen en Teherán, choca con el recelo hacia las aventuras exteriores de Trump.

Choque de halcones en Washington. Lo advierten desde hace días medios como la revista «Politico», que este mismo viernes advertía de las crecientes tensiones en la Casa Blanca. Una supuesta disparidad que ya ha sido respondida por el presidente Trump con clase característica. «The Fake News Media está dañando a nuestro país con su cobertura fraudulenta y altamente inexacta de Irán». El presidente también ha hablado de «bullshit» (literalmente, «caca de toro»). «Ellos (los medios de comunicación) publican mensajes donde afirman que estoy enojado con mi equipo. No lo estoy. Y tomo mis propias decisiones», ha comentado. «Mike Pompeo está haciendo un gran trabajo. [John] Bolton está haciendo un gran trabajo».

Pero todo se magnifica, entre otras cosas, debido a que el Gobierno abandonó hace más de un año el acuerdo internacional nuclear suscrito con Irán, e impulsó sanciones económicas.

La tensión, multiplicada, se redobla con la flota liderada por el portaaviones Abraham Lincoln tomando posiciones, mientras Israel combate la Yihad Islámica orquestada en Gaza y mientras Arabia Saudí sufre ataques y sabotajes en sus instalaciones al tiempo que lidera una guerra en un Yemen martirizado tanto por la guerra civil como por la intervención extranjera y la brutal presencia de organizaciones terroristas como Al Qaeda.

Contemplada desde fuera la Casa Blanca parece inexpugnable. En todas las declaraciones de sus principales responsables asoma la sólida determinación de cuestionar algunas de las verdades consagradas por las administraciones previas. En materia internacional y desde finales de 2016 no quedan tabúes intocables ni rutas sagradas. Desde el papel de la OTAN y su relación con EE UU a las posibles intervenciones militares o los juegos y contrapesos que marcan las alianzas, todo ha sido discutido y repensado con impulsividad. Los altos ejecutivos del gobierno, del presidente abajo, también exhiben lo que parece una determinación inquebrantable respecto al avispero de Oriente Medio.

En realidad «Politico» y otros medios se han limitado a informar de que parecen coexistir dos posturas enfrentadas. De un lado se encontraría Mike Pompeo, secretario de Estado, anterior director de la CIA, caracterizado como un duro, mucho más que los viejos generales que coparon la Casa Blanca durante los dos primeros años y que poco a poco fueron reemplazados por halcones como él mismo. Pompeo está bien alineado con el presidente Trump. Convencido de que la tenaza económica y militar sobre la tiranía de los ayatolás debiera de obligarlos a negociar.

En el otro lado del espectro encontramos a John Bolton, consejero de Seguridad Nacional y antiguo embajador de EE UU ante las Naciones Unidas. Firme partidario de erradicar todo lo que significa y defiende el Gobierno en Teherán incluso si la situación requiere el uso de la fuerza a gran escala. Pompeo es un claro exponente de la ideología trumpiana, que contempla con evidente recelo las aventuras exteriores. Bolton, en cambio, representaría el nexo con las viejas políticas «neocon», propias de los gobiernos de George W. Bush. En declaraciones a «Politico», el escritor y analista David Rothkopf comentaba que «Pompeo ha demostrado ser alguien que considera que su trabajo consiste en hacer realidad la visión de Trump de la política exterior, sea la que sea». Él y otros caracterizan al fiel de Pompeo como un hombre muy consciente de su carrera política, que ambiciona mantener, y por lo tanto poco dispuesto a enfrentarse con el presidente.

Por el contrario, escribe Eliana Johnson, «Bolton está culminando una carrera gubernamental de muchas décadas, durante la cual nunca ha dudado en ofrecer sus opiniones, aunque sean impopulares». Lo que tanto Pomeo como Bolton tienen en común son unas formas muy distintas, más bruscas, que las de tipos como el general H.R. McMaster. De hecho «Politico» y otros cuentan que el general McMaster tenía por costumbre reunirse varias veces por semana con sus colaboradores. Según Johnson, tanto Pompeo como el general James Mattis estaban de acuerdo en su desprecio por las vías excesivamente diplomáticas de McMaster. En eso, al menos, el hoy secretario de Estado sí estaba de acuerdo con los modos y métodos del mercurial Bolton. Un tipo que, lejos de estar dispuesto a seguir haciendo carrera, parece más interesado en forjar las políticas del país caiga quién caiga y en sacar adelante sus a menudo radicales puntos de vista.