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Israel blinda su identidad judía y provoca la ira de los árabes

Tras un tormentoso debate en el Parlamento, el primer ministro, Benjamin Nethanyahu, aprueba un texto que reserva el derecho de autodeterminación a los judíos y consagra el hebreo como única lengua oficial del país.

  • Diputados árabes gritan al primer ministro Netanyahu después de que el Parlamento israelí aprobara la controvertida ley
    Diputados árabes gritan al primer ministro Netanyahu después de que el Parlamento israelí aprobara la controvertida ley

Tiempo de lectura 4 min.

20 de julio de 2018. 09:29h

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Jana Beris.  20/7/2018

Tras años de debates, postergaciones y nuevas discusiones, el Parlamento israelí (Knesset) aprobó la pasada madrugada una de las leyes más polémicas de su historia. Se trata de la decimocuarta de sus leyes básicas –que en Israel hacen las veces de Constitución–, la denominada «Ley fundamental: Israel, Estado nación del pueblo judío», en la que cabe señalar que no se habla en ningún momento de «religión» judía, sino de «pueblo judío». Presentada por el primer ministro, Benjamin Netanyahu, como un «hito en la historia del sionismo y de Israel», criticada por los diputados árabes por «racista y discriminatoria», y condenada por el liderazgo palestino como «formalización del ''apartheid''», la muy discutida ley pretende definir la identidad del Estado.

Ya en sus primeros incisos, el nuevo texto señala que Israel «es el hogar nacional del pueblo judío en el que realiza su derecho natural, cultural, religioso e histórico a la autodeterminación». Algo considerado por muchos como una afirmación obvia desde la creación del Estado, pero que la coalición gobernante consideró necesario recalcar explícitamente, por primera vez, por ley.

Según Netanyahu, «en los últimos años ha habido quienes intentaron poner en duda que éste es nuestro país». Con ello cabe suponer que se refería también a voces entre los propios diputados árabes en el Parlamento israelí, que han llamado a que Israel sea formalmente «Estado de todos sus ciudadanos», lo cual hubiera supuesto borrar el carácter judío del país, aunque sea el único Estado judío del mundo. «Israel es el Estado-Nación del pueblo judío, que respeta los derechos individuales de todos sus ciudadanos. Éste es nuestro Estado, el Estado judío», afirmó el primer ministro poco antes de añadir: «Hoy lo hemos hecho ley: ésta es nuestra nación, idioma y bandera». Es el trasfondo del apartado que recalca que el derecho de autodeterminación nacional es prerrogativa únicamente del pueblo judío. De esto se desprende que la minoría árabe, que asciende a un 20% de la ciudadanía de Israel, no puede proclamar un Estado nacional separado dentro de Israel.

El primer ministro recalcó que lo aquí expuesto va de la mano de «la igualdad de derechos de todos sus ciudadanos», pero esto conduce a uno de los puntos más discutidos de la ley: el hecho que la igualdad no está mencionada en forma explícita. «El problema no radica en lo que dice el texto, sino en lo que calla», dice a LA RAZÓN la jurista Suzie Navot, experta en Derecho Constitucional. «Está perfecto anclar en la ley el hecho que Israel es el Estado nación del pueblo judío e incluso recalcar que el pueblo judío es el único que puede concretar en Israel su autodeterminación nacional. Pero no está bien que no aparezca explícitamente el principio de la igualdad ante la ley» de todos.

Si bien diversos observadores, inclusive entre los críticos de la ley, consideran que es más que nada declarativa y no una norma que vaya a cambiar nada en la realidad de la vida diaria, precisamente por tratarse de una Ley básica preocupa lo que no se incluyó. El doctor Amir Fuchs, del Instituto Israelí de Democracia, declara a este diario que «era necesario reiterar lo que ya se dice en la Declaración de Independencia y también en otras leyes fundamentales: la plena igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, independientemente de su religión, raza y sexo».

Más allá de ello, ambos expertos señalan que justamente por tratarse una ley de peso constitucional, debería destacar las dos partes de la definición que siempre acompañó al Estado de Israel: no sólo Estado judío sino también democrático. Eso tampoco se menciona explícitamente.

La nueva ley proclama varios atributos del Estado, conocidos como tales desde hace décadas, pero anclados ahora formalmente en su cédula de identidad nacional: el himno Hatikva, el nombre «Israel», la bandera blanca y azul con la estrella de David en el centro, una menorá (candelabro judío) como símbolo del país y el hebreo como idioma oficial. Este último punto es otro de los más polémicos, dado que el árabe ya no aparece, como hasta ahora, como otro idioma oficial. Se señala que tendrá una posición «especial» que será regida por ley. Un inciso puntual aclara que ello no cambiará nada en el lugar del idioma árabe tal cual tendría hasta la promulgación de la ley. Pero precisamente por ello, este punto de la ley deja la sensación de una innecesaria ofensa simbólica a la ciudadanía de habla árabe que vive en Israel.

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