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domingo 20 enero 2019
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Londres y la UE negocian una «garantía» que salve el Brexit de May

Bruselas rechaza retocar el acuerdo, pero se ofrece a hacer un último gesto. El Gobierno británico avisa de que un «no» del Parlamento el día 15 podría paralizar totalmente el proceso

  • Jean-Claude Juncker y la primera ministra rumana, Viorica Dancila, ofrecieron en Bucarest una rueda de prensa para presentar la presidencia rumana del Consejo de la UE / Efe
    Jean-Claude Juncker y la primera ministra rumana, Viorica Dancila, ofrecieron en Bucarest una rueda de prensa para presentar la presidencia rumana del Consejo de la UE / Efe

Tiempo de lectura 4 min.

12 de enero de 2019. 02:42h

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Mirentxu Arroqui.  11/1/2019

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Bruselas aprieta, pero no ahoga. Los Veintisiete no están dispuestos a reabrir el acuerdo sobre el Brexit, pero sí a un gesto de buena voluntad antes de la votación que se celebrará el próximo martes en Westminster. Aunque durante estos últimos días la capital comunitaria parecía incólume al vendaval al otro lado del Canal de la Mancha, los contactos telefónicos entre los líderes europeos de los últimos días –a petición de Theresa May– podrían desembocar en algún tipo de clarificación, in extremis, sobre el acuerdo de emergencia sobre Irlanda, el ya famoso «Backstop».

El tiempo apremia, pero también es necesario seguir siendo prudente. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, reconoció ayer desde Bucarest (Rumanía) la necesidad de realizar todos los «esfuerzos necesarios» hasta el próximo día 15 para que «este asunto pueda resolverse satisfactoriamente». A pesar de estas palabras, el político luxemburgués no quiso desvelar qué tipo de aclaración interpretativa sobre el acuerdo podrían ofrecer los Veintisiete a Londres. «Estamos viendo con Downing Street en qué pueden consistir estas aclaraciones, que no deben confundirse con una renegociación, sobre todo por lo que se refiere al ''backstop''», quisó zanjar Juncker, ya que «por lo demás, no creo que sea sabio que me exprese sobre los detalles de las conversaciones que no han concluido».

El pasado 25 de noviembre, los Veintisiete y Reino Unido acordaron una solución de emergencia para Irlanda en caso de que, cuando termine el periodo de transición en diciembre de 2020, no se haya encontrado una solución satisfactoria sobre la relación futura que evite controles fronterizos entre las dos Irlandas. Tan sólo en ese caso, todo el territorio británico quedaría formando parte de la unión aduanera mientras que Irlanda del Norte estaría sometida a una unión aduanera más profunda con una alineación normativa respecto a Bruselas. Tanto los laboristas como buena parte de los «tories» británicos y los unionistas irlandeses temen que el Norte se quede atrapado de manera permanente en esta unión aduanera, ya que en el acuerdo no aparece ningún tipo de límite temporal sobre la duración del «Backstop» y cualquier veredicto sobre este tema debe llegar tras el acuerdo entre Bruselas y Londres.

La UE no piensa abjurar de estos últimos principios, tal y como hizo notar a May en la cumbre celebrada los pasados 13 y 14 de diciembre. En este encuentro, se limitaron a recoger en el texto de conclusiones que el «Backstop» se aplicará como último recurso. Después de las vacaciones navideñas, no hay grandes cambios en el horizonte. Tan sólo se abre camino la posibilidad de algún tipo de aclaración, muy similar en forma y fondo a la que España obtuvo en el caso de Gibraltar. A pesar del ultimátum del Gobierno de Pedro Sánchez, los socios europeos rechazaron cualquier tipo de cambio en el acuerdo (ni siquiera como pie de página o anexo) y se limitaron a ofrecer una declaración política en paralelo sin valor jurídico vinculante. Pero en la capital comunitaria se viene especulando en los últimos días con el envío de una misiva a Reino Unido en la que se vuelva a reiterar que los Veintisiete harán todo lo posible –llegado el caso– para evitar la puesta en marcha del «Backstop».

Parece un gesto incapaz de convencer a los «brexiters» duros antes de la votación del martes, pero con el que los Veintisiete intentan apaciguar las aguas ante un futuro más incierto que nunca. A pesar de los constantes rumores sobre una posible prórroga de las negociaciones para evitar un Brexit caótico (hasta julio como muy tarde), Juncker prefirió ayer no dar alas a estas hipótesis que dejarían en papel mojado cualquier tipo de esfuerzo diplomático en las próximas horas. «Reino Unido se irá de la UE a finales de marzo de 2019», aseguró el presidente del ejecutivo comunitario, ya que no se puede «impedir que los que quieren irse se vayan».

El mensaje al otro lado del Canal fue de seria advertencia a los que se oponen al acuerdo de May. Su ministro de Exteriores, Jeremy Hunt, asumió ayer la posibilidad de que el Brexit no llegue a producirse si el Parlamento rechaza el martes el tratado de retirada que está actualmente sobre la mesa. «Lo más probable si se rechaza el acuerdo es que haya un riesgo de parálisis del Brexit y, cuando esto ocurre, nadie sabe lo que puedepasar. », apuntó el jefe de la diplomacia británica en Sky News, informa Ep. Al cierre de esta edición se supo que miembros del gabinete de May habrían urgido a la «premier» a buscar la ayuda del líder de la oposición Corbyn para que Westminster no tumbe el Acuerdo de Retirada.

Otros miembros del Gobierno consultados por «The Evening Standard» han considerado probable que los plazos al menos se alarguen, al considerar que los 80 días que restan para la jornada clave no son suficientes para sacar adelante todas las medidas. «Si hay una derrota este martes y lleva un tiempo que se resuelva, no veo cómo podemos lograr que se apruebe toda la legislación antes del 29 de marzo», comentó una de las fuentes.

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