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domingo 16 diciembre 2018
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La centrista Kramp-Karrenbauer, sucesora de Merkel al frente de la CDU

AKK, como se la denomina, se impuso en la votación del congreso de la CDU, que tiene lugar en Hamburgo, al exrival interno de Merkel, Friedrich Merz y al ministro de Sanidad, Jens Spahn

  • Angela Merkel felicita a su sustituta al frente de la CDU, Annegret Kramp-Kartenbauer. (Christian Charisius/dpa via AP)
    Angela Merkel felicita a su sustituta al frente de la CDU, Annegret Kramp-Kartenbauer. (Christian Charisius/dpa via AP)
Hamburgo (Alemania),.

Tiempo de lectura 4 min.

08 de diciembre de 2018. 02:12h

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Carmela Negrete .  Hamburgo (Alemania),. 7/12/2018

La tensión estuvo presente hasta el último minuto. En un desempate sin precedentes, la Unión Cristianodemócrata alemana (CDU) eligió ayer en Hamburgo su nueva presidenta del partido, Annegret Kramp-Karrenbauer. A las cuatro y cuarto de la tarde se conocían los primeros resultados, en los cuales ya quedaba patente la división interna inaudita que atraviesa el partido: de los 1001 delegados llamados a la elección votaron 999; la candidata favorita de Merkel y actual secretaria general del partido, Kramp-Karrenbauer, recibió 450 votos, el candidato sorpresa Friedrich Merz obtuvo 392 y el actual ministro de sanidad, Jens Spahn, que partía con las peores cartas, recibió tan solo 157.

Al ser necesarios un mínimo de 500 votos para la elección del presidente, los delegados tuvieron que volver a elegir una vez más entre los dos candidatos en cabeza. Tres cuartos de hora más tarde se conocían los resultados finales: el partido se declinaba por la candidata que supone una mayor continuidad con las políticas que la canciller Angela Merkel ha defendido en los últimos tiempos. Con 517 votos frente a los 482 de Merz, Kramp-Karrenbauer salía vencedora de una contienda nada común en un partido como la CDU, que durante los últimos 18 años no cambió de presidenta y desde 1971 no se planteaba una elección entre varios candidatos.

Tras conocer los resultados, Kramp-Karrenbauer pedía a los dos candidatos subir a la tribuna con ella. Ese gesto debía mostrar una unidad del partido que desde hace meses es el problema a voces de la CDU, que ha recibido un fuerte varapalo en las últimas elecciones regionales en Hesse, bajando del 30% de los votos, su peor resultado desde 1966. Unos malos resultados empeorados por el hecho de que la Alternativa por Alemania ha pasado a estar presente en los 16 estados alemanes. Es por ello que nada más conocer los resultados, el vicepresidente de la AfD, Georg Pazderski, declaraba que «la CDU está profundamente dividida» y que este resultado, unido a los que se cosecharán en las próximas elecciones según las encuestas llevarán a una hecatombe del partido o a «una apertura hacia la AfD». El partido de la izquierda Die Linke, por su parte, aseguraba en palabras de su copresidenta, Katja Kipping, que a pesar de que «Merkel ha ganado, la gran coalición está en las últimas».

«Nosotros, la CDU y la CSU, somos algo así como el último unicornio de Europa», declaraba la que podría llegar a ser la nueva canciller cuando Merkel termine el actual periodo de gobierno, en su discurso de candidatura. Según ella, éstos serían «los últimos grandes partidos populares» del continente capaces de formar gobierno. Una especie en extinción cuya situación puede agravarse con el resultado del viernes, ya que Kramp-Karrenbauer tiene la imagen de ser aliada de Merkel y ello contribuiría a un mayor desafecto del electorado. El tema de los refugiados sigue marcando en buena medida la agenda política, y Kramp-Karrenbauer lo sabe. En un gesto torpe en ese sentido, ha llegado a afirmar durante la contienda electoral que propondría deportar a sirios que cometan delitos incluso aunque la guerra no haya terminado, algo cuya legalidad contradijo días después incluso el ministro del interior Horst Seehofer, conocido por ser el máximo adalid antiinmigración de la Unión.

Kramp-Karrenbauer ha ganado por los pelos una elección frente a un rival inesperado, Friedrich Merz, que ha cautivado a buena parte del partido con su forma de hacer política a la antigua. El abogado y lobista, que durante la contienda ha confesado ganar alrededor de un millón de euros al año y que se desplaza en limusina, ha cautivado a ese ala del partido que cree que la democracia funciona mejor en un sistema ordoliberal. Su mensaje de crear un plan de incentivo «para los laboriosos», así como su promesa de recuperar a los electores que se han pasado a la AfD o su propuesta de «mostrar músculo» ante los Estados Unidos ha calado en los delegados que ven en él una vuelta a los valores primigenios más conservadores de la Unión.

El otro candidato, el ministro de sanidad Jens Spahn, tenía pocas posibilidades por su condición de homosexual, que habría supuesto una cesura en un partido tradicional que tolera, pero no fomenta y que en 2017 cuando se aprobó el matrimonio homosexual en Alemania votó dividida con una canciller en contra.

En su último día de trabajo como presidenta de la CDU, Angela Merkel se despedía de su función asegurando que «fue un honor» para ella. Merkel aseguraba que el partido tenía que mirar al futuro, algo que puede entenderse como una indirecta al candidato conservador Merz. Después de un discurso de media hora, la cancillera se despedía de uno de sus dos principales funciones políticas, abriendo el camino a su sucesora no solo a la presidencia del partido, sino también a una posible futura cancillería, a la cual tampoco se presentará más. Merkel se marcha y el último unicornio de Europa queda ante la disyuntiva de subir y salir volando o bajar y pasar a ser un triste pony viejo.

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