La espiral de desempleo y austeridad asfixia el día a día de los griegos

La mitad de los nuevos contratados cobran menos de 400 euros al mes. La mayoría se siente traicionada por Syriza, que hoy reelige a Tsipras como líder.

La mitad de los nuevos contratados cobran menos de 400 euros al mes. La mayoría se siente traicionada por Syriza, que hoy reelige a Tsipras como líder.

Esta noche, Alexis Tsipras, primer ministro griego, será reelegido por aclamación como líder de Syriza, en la clausura de su congreso, en una imagen que pretende escenificar un apoyo unánime a su figura y su política. Pero la realidad es muy distinta, tanto en el partido como en la calle. En el mercado de los sábados del barrio de Exarcheia, en el centro de Atenas, aún se oyen a gritos las ofertas de tomates y huevos, pero son menos las personas que se acercan a las tiendas para comprarlos. «Mira la poca gente que hay», señala Grigoris Kalimnos, uno de los agricultores que cada sábado monta y desmonta su tienda de verduras. Resignado, añade que «hace unos años el mercado estaba lleno de gente». Ya pocos clientes pueden volver a casa con el carrito de la compra rebosando, ni todos se acercan al mercado. Desde este pequeño mercado se puede descubrir el brutal empobrecimiento de los griegos, una sombra que persigue la cotidianidad de cada día.

«Los que antes gastaban diez euros en verduras ahora sólo pueden darme cuatro euros», explica Grigoris. En Grecia, especialmente en los barrios de gente trabajadora, algunos con un 60% de paro, como es el caso de la zona de Pérama, al sur de la capital, difícilmente se puede ver gente haciendo una voluminosa compra semanal. Lo habitual en este país, con un 36% de gente viviendo en la pobreza y en riesgo de exclusión social, es comprar la comida en pequeñas cantidades y casi a diario.

Alexandra, una jubilada de 73 años que adquiere manzanas y naranjas, explica que se ha visto afectada por los recientes recortes en las pagas de los funcionarios. «Las pensiones se han reducido, así que antes venía con 50 euros al mercado y ahora debo gastarme 30», narra. El 45% de los pensionistas viven por debajo del umbral de la pobreza. Seis de cada diez ancianos reciben pensiones por debajo de los 700 euros, de acuerdo con la red de pensionistas griegos. El 52% de las familias sobrelleva la crisis con la pensión de los abuelos, la única puerta de entrada de dinero de la familia debido al paro, que ha ido oscilando entre el 23% y 25%. El 72,2% de los desempleados ha buscado trabajo durante más de 12 meses y no ha encontrado ningún puesto, según la Agencia de Empleo griega (OAED).

«Aquí se vive el día», destaca Toni Gsoka, un albanés que trabaja de agricultor en este bazar de comida. Él celebra tener trabajo, aunque sus ingresos hayan disminuido porque el consumo ha bajado en picado. «En Grecia no puedes gastarte todo el dinero que tienes, un día tienes empleo y el día siguiente quién sabe». La recesión y las nuevas tendencias en el mercado de trabajo han rebajado drásticamente los salarios y han demolido la estabilidad laboral. Según datos del Ministerio, el 54,16% de los nuevos contratos de junio y julio de 2016 eran a media jornada o rotatorios, y con salarios inferiores a los 400 euros.

Los jóvenes son quienes miran su futuro con más temor. Por ello, debido al 48% de paro juvenil, son los primeros en coger su equipaje y emigrar en busca de un trabajo que Grecia no les puede ofrecer. 427.000 griegos abandonaron su país desde 2008, una tendencia que en 2015 aumentó, de acuerdo con un informe del Banco Nacional Grecia. «No hay dinero, no hay trabajo, ni hay ayudas para los jóvenes», denuncia Panagiotis Katomeris, un chico de 25 años que trabaja como pescadero.

Panagiotis dice no saber de política, quiere ser optimista y pensar que el país cambiará su rumbo. Eso es precisamente lo que promete el partido que está ahora en el Gobierno, la coalición izquierdista de Syriza y el partido nacionalista Anel. Alexis Tsipras recordó el pasado jueves en la apertura del congreso de Syriza que trabaja para recuperar el crecimiento económico. No obstante, son pocos los que confían en este relato. El Ejecutivo izquierdista que prometió poner fin a la austeridad ha perdido su credibilidad tras aceptar las medidas que imponía la Unión Europa con el tercer rescate, prescindiendo del resultado de un referéndum donde se impuso claramente el «oxi», «no» en griego. Para la gran mayoría de ciudadanos, Syriza ha mentido. «Este Gobierno, como los anteriores, sólo quiere llenarse sus bolsillos», comenta Dimitrios Babas, jubilado de 94 años, que pasea cada sábado por el mercado.

Desde hace seis años, el país vive un terremoto político y económico. Se han convocado elecciones cuatro veces y se han recibido tres rescates financieros, cuya contrapartida es más austeridad. Con Syriza, los impuestos y las contribuciones sociales han aumentado, pero se ha mantenido la tasa de paro más alta de la zona euro. Asimismo, tras una reciente reforma fiscal, los morosos pueden ser desahuciados de sus hogares. Syriza, con mayoría muy ajustada en el Parlamento, no ha puesto remedio ni a la crisis económica ni a la crisis política desde que llegara al poder en 2015. En algunos sondeos , la conservadora Nueva Democracia le supera hasta por 10 puntos.