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La estrategia kamikaze de Salvini

El sueño soberanista del líder de La Liga fracasó tras el mal resultado de la ultraderecha en las europeas. Su imagen se empañó por un caso de corrupción. Pese a su gran error político, no está fuera de juega y lidera las encuestas

  • El ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini/AP
    El ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini/AP
Roma.

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26 de agosto de 2019. 19:35h

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Ismael Monzón Roma. 26/8/2019

A Matteo Salvini le llevan asaltando demasiados demonios durante las últimas semanas. Y la noche del pasado 26 de mayo, la fecha que tenía señalada en el calendario desde que hace un año llegó a un acuerdo de Gobierno con el Movimiento 5 Estrellas (M5E), se le presentaron todos de golpe. Su sueño de imponer la estrategia soberanista marca de la casa en el Parlamento Europeo tras las elecciones se vio frustrada por el decepcionante resultado de otros socios ultraderechistas comunitarios y por la resistencia de una mayoría aún europeísta.

La Liga de Salvini había conseguido un 34% de los votos, pero no tenía cómo rentabilizarlos. Era consciente de que una crisis de Gobierno abriría la puerta a un posible entendimiento entre sus socios del M5E y el socialdemócrata Partido Democrático (PD) –capaces de sumar una mayoría en ambas cámaras con el apoyo de unos pocos diputados más de la izquierda– y de que en Italia el responsable de una ruptura siempre sale penalizado en las urnas. Por eso, cuando todas las voces de su formación llamaban a elecciones anticipadas tras las europeas, él mantuvo la calma y una prudencia política que siempre lo ha caracterizado a la hora de conseguir sus objetivos, pese a lo radical de su mensaje.

Siguió manejando al M5E, hasta que los barones del norte de su partido se cansaron y pidieron tener las manos libres para conseguir un mejor trato fiscal de sus regiones. Una exigencia que desde el M5E, volcados en el electorado del sur, no hubieran permitido. Todo parecía listo para implosionar antes del verano, en un momento perfecto para convocar el voto antes de la elaboración de los presupuestos, pero entonces le estalló a la Liga un escándalo por posible financiación ilegal procedente del Kremlin. Ahí se le nubló la vista a Salvini. Aparcó de nuevo el órdago al M5E y comenzó una serie de bandazos.

Perdió el control de la comunicación, su mejor arma política, y se negó a dar explicaciones. El resto de partidos, incluidos sus aliados de Gobierno, pidieron su comparecencia en el Senado, pero Salvini dejó que fuera el primer ministro, Giuseppe Conte, quien lo hiciera por él. El presidente del Gobierno ya se había convertido en el mejor contrapeso del ministro del Interior y líder de la Liga, aunque cederle el protagonismo sólo sirvió para que la figura de Conte siguiera creciendo. En los últimos meses, el hombre mejor valorado del Gobierno es el primer ministro, un lugar antes reservado a Salvini.

Por lo que ocurrió después, con el país de vacaciones, ahora paga las consecuencias. Cuando el peligro de elecciones anticipadas para este año parecía conjurado, Salvini viró una vez más. Se volcó en una delirante campaña electoral, recorriendo discotecas de playa en bañador, y pidió una moción de censura contra el primer ministro. Su estrategia hubiera sido disolver inmediatamente las cámaras y refrendar el 38% que le daban las encuestas en unos nuevos comicios. Pero el eje M5E y PD impuso ya su mayoría parlamentaria para retrasar la crisis y Conte le ganó la mano con un discurso en el Senado en el que Salvini quedó como el gran responsable del fracaso del Gobierno. El primer ministro presentó su dimisión y provocó que se abriera una ronda de consultas entre los partidos que ha puesto el Ejecutivo en bandeja a «grillinos» y socialdemócratas.

«Salvini ha cometido un error clamoroso fruto de la arrogancia política y la ignorancia institucional. Él pensaba que podría pasar por encima del primer ministro y del presidente de la República para comandar una crisis y además no ha tenido en cuenta que su mayoría en las europeas y en las encuestas no se ve apoyada en el Parlamento actual», opina Gianfranco Pasquino, profesor emérito de Ciencias Políticas de la Universidad de Bolonia.

Contaban las crónicas que el cerebro de la Liga, Giancarlo Giorgetti, les pedía a sus diputados que pusieran una foto del ex primer ministro Matteo Renzi en su despacho, para recordar que el inicio de su descalabro se produjo tras un 40% en las europeas. La maldición de Renzi parece haber llegado ahora a Salvini.

Desde que forzó el cisma, el aún ministro del Interior no ha parado de repetir que está dispuesto a olvidar todo y a volver al redil con el M5E. Aunque Conte ya se encargó de cerrarle oficialmente la puerta desde el G-7 al decir que «la experiencia de Gobierno con la Liga se ha terminado». La primera encuesta publicada después de esta crisis, publicada ayer por el diario «Il sole 24 ore», da cuenta de que Salvini ha pasado en solo un mes del 38% al 33%. Sin embargo, su autor, el politólogo Roberto D’Alimonte, recuerda en las páginas de ese periódico que en caso de que haya elecciones anticipadas, Salvini volverá a subir al revelarse exitosa su estrategia. Si quieren evitar que éste se convierta en primer ministro, el M5E y el PD están obligados al pacto.

El presidente de la República, Sergio Mattarella, puso de margen hasta mañana para que los partidos le presenten un nombre al que encargarle la formación de Gobierno. Desde el M5E insisten en que Conte debería repetir como primer ministro, aunque en el PD se niegan bajo el argumento de que un Ejecutivo más orientado a la izquierda debería romper con el pasado.

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