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La migración por hambre que desmorona a Venezuela

Alrededor de un tercio de la población tiene familiares que se han exiliado. Muchos dicen que no van a regresar y asumen que el chavismo se ha perpetuado en el poder.

  • Ciudadanos venezolanos emprenden en plena noche la travesía de casi doscientos kilómetros desde Cúcuta (en la frontera entre Venezuela y Colombia) y Bucaramanga
    Ciudadanos venezolanos emprenden en plena noche la travesía de casi doscientos kilómetros desde Cúcuta (en la frontera entre Venezuela y Colombia) y Bucaramanga
Caracas.

Tiempo de lectura 8 min.

03 de septiembre de 2018. 02:28h

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Víctor Amaya.  Caracas. 3/9/2018

"Me quedé sola con mi esposo. Yo sé que mis hijos van a echar adelante, que están buscando su camino, pero nosotros nos quedamos solos. Están las redes, el Whatsapp, cuando hay internet porque es intermitente, pero nunca es igual. Esto le rompe el corazón a cualquiera". Martha tiene 62 años. Su esposo suma 66. Y sus dos hijos ya no están en el mismo país, ni siquiera en el mismo huso horario. Uno, el mayor, se fue a Costa Rica. La menor ahora vive en Madrid.

En la casa de los Castillo en Caracas se acabaron las celebraciones, ni cumpleaños, ni de Navidad. Los brindis llegaron hasta 2017. "Mi corazón me dice que ellos no van a regresar por mucho tiempo, que no los veré de nuevo en persona. Ese es mi miedo. Pero yo no les digo nada a ellos, porque uno tiene que ser fuerte". Martha ya tiene un primer nieto, que nació costarricense. No lo conoce sino por fotos. "Ojalá algún día pueda cargarlo".

Su hija Marialba llegó a la capital española para estudiar. Ahora está formalizando la constitución de su propia compañía de producción de eventos, junto a dos socios todos venezolanos. Entre sus planes no está volver. "Su papá no lo dice pero también le afecta. Ha adelgazado mucho por la preocupación. Un día me dijo: 'si yo me muero, ¿tú qué vas a hacer?'. A mi me tocará enterrarlo y quedarme sola".

Lo que ocurre en la familia Castillo se replica a lo largo y ancho de Venezuela. La Organización Mundial de la Migraciones, adscrita a las Naciones Unidas, estima el éxodo venezolano en 2,3 millones de personas, de las cuales 1,6 millones salieron de las fronteras en apenas los últimos tres años.

Es una cifra conservadora. La encuestadora Consultores 21 estima que el dato real alcanza 5,5 millones de personas, más del 15% de la población total del país registrada en el Censo 2011 del Instituto Nacional de Estadísticas (27.227.930). Una hemorragia poblacional que no para, siendo que a diario unas cinco mil personas cruzan pasos fronterizos o abordan aviones para huir del socialismo chavista.

La disparidad, no obstante, puede tener que ver con los registros migratorios. Muchos de los que se han ido de Venezuela han aprovechado la doble nacionalidad para irse a otros países como nacionales. Colombia calcula en 300 mil los retornados a su país. Y Europa recibe a quienes se fueron hace medio siglo, o sus descendientes. Es el caso de Luen Peters, hijo de francesa y ahora viviendo en Barcelona desde hace cinco años.

Llegó con 30 euros en el bolsillo, mil en una cuenta bancaria y sin lugar donde dormir. Un lustro más tarde, es dueño de una academia de artes marciales, luego de trabajar como securata, obrero, modelo nudista, bartender, jefe de coctelería en bares e instructor de artes marciales. Ahora su plan es reunirse con su madre, de 76 años, y a quien no ve desde 2013. "Le puedo mandar dinero, 50 100 euros mensuales, o también cosas como medicinas, zapatos, comida. Yo a ella le pago todo desde aquí".

La idea de llevársela a Barcelona busca "evitar que se muera", porque cada vez que logra hablar con ella por videollamada o intercambiar fotos "la veo deteriorada, veo cómo se va envejeciendo allá. Ella está sola, tuvo que aprender a usar los dispositivos, y a pesar de que yo le mando dinero igual la vida allá es muy jodida".

La mujer nació en Francia, hija de un soldado republicano exiliado durante la Guerra Civil española, y se mudó a Venezuela cuando la Segunda Guerra Mundial obligó a salvar el pellejo. "Ahora allá ve las mismas penurias, colas para comprar pan, escasez de medicinas y de comida, servicios públicos deficientes", relata Peters sobre su madre, quien no conoce a su pareja. "Yo a Venezuela no vuelvo. Ese país es coo una ex que te jodió la vida y si la ves caminando cruzas la calle".

La mirada hacia el Sur

El estudio de Consultores 21, realizado en junio pasado, revela que uno de cada dos venezolanos preferiría irse del país, y 37% de las familias tienen al menos un miembro que ha emigrado. Además, ya no se trata de clase media profesional, sino que es un asunto transversal.

El destino más buscado es Colombia, donde el gobierno registra más de 1 millón de venezolanos. Allí vive, en Medellín, Luis Ernesto González. Merideño (occidente de Venezuela) de nacimiento, decidió emigró por tierra dejando atrás temporalmente a su esposa y tres hijos. "La idea era reencontrarnos en tres meses, pero el dinero no alcanzó. Tardamos un año en volvernos a ver".

Durante ese tiempo, envió remesas a los suyos y vio crecer a sus hijos por Whatsapp. "Tienen 11, 4 y 3 años, pero yo los dejé con uno menos cada uno. No estuve para sus cumpleaños. A ellos les ponían notas de voz que yo grababa y fotos para que no me olvidaran". En enero de 2018, y luego de vender prendas de oro heredadas de otra época, la familia pudo asentarse junta. "Fue un reto porque mantener una pareja así distanciada es muy difícil, siempre está el miedo de que todo se puede derrumbar".

Luego de Colombia, Perú se ha convertido en la nación con más venezolanos migrantes. El gobierno de ese país registraba 100 mil venezolanos en diciembre de 2017, pero al cierre de agosto la cifra supera los 414 mil. Junto con Ecuador, Chile y Argentina completan los destinos predilectos, por facilidad de papeles y el idioma.

Según la OIM, el 90% de la migración venezolana de los últimos tres años fue a parar al sur del continente americano, donde se puede llegar por tierra, o incluso luego de largas y tortuosas travesías caminando. Después de todo, la oferta aérea en Venezuela es mínima, con elevados costos debido a la ausencia de rutas (no hay vuelo directo a Perú, Ecuador o Chile, por ejemplo) y de aerolíneas -al menos 15 internacionales han dejado de operar y el resto disminuyó sus frecuencias-.

En Lima vive, desde marzo, el esposo de Marian Busnego, madre de tres niñas. "Él viajó por tierra, un trayecto de siete días. Se fue a trabajar para reunir el dinero y organizar a dónde nosotras vamos a llegar". Ella, en Caracas, igual se mueve: ha conseguido pasaportes para las pequeñas, pagando en dólares pues por vías regulares es imposible, y administra el dinero que su pareja le envía. "Nosotros hablamos siempre para que las niñas sientan que él sí está, especialmente la más pequeña que tiene solo meses y lo puede olvidar. Le prometemos que cuando lleguemos allá la vida será mejor, pero las niñas lloran".

A Quito llegó Jefferson Díaz en 2017. Es uno de los al menos 300 mil venezolanos que hacen vida en Ecuador . Cuando su esposa Esther salió embarazada decidieron irse. N había pañales. No había vacunas, ni leche de fórmulas. No había futuro. "Llegamos en agosto del año pasado y aún no se veía eso de los caminantes. La mayoría se movía en autobuses. Nosotros llegamos en uno y atrás venían al menos 10 más".

Hijo de acuatoriana, entró con la nacionalidad. Desde allá, manda dinero a su casa para su mamá, su hermano menor y el hijo mayor de su esposa. "Tratamos de hablar todos los días por Whatsapp, tenemos un grupo de esos por donde nos vamos contando las cosas, especialmente las terribles porque me cuentan que no pueden comprar pollo o carne, que el transporte público no sirve, que no encuentran repuestos para el coche, que se les va el agua o la luz". A Díaz lo que más le pesa es que no sabe cuándo volverá a participar de una tradición "que está en pausa": reunirse los domingos para compartir una sopa.

También por Whastapp, Alexandra Sucre mantiene comunicación con su hermana, ahora en Argentina. "Varias veces por semana hablamos, aunque mi mamá trata de comunicarse a diario con ella. Cuenta que sí se ha hablado de emigrar todos a Buenos Aires, pero "ya no tocamos mucho el tema porque ella por ahora no puede financiar eso". La insistencia es silente: "que nos vayamos para allá, que hay que huir".

Imparable

Son historias que mantienen similitudes con quienes se han ido a Estados Unidos, México, Chile, Panamá o Chile. El destino varía, pero los relatos no tanto. Además, la idea de volver se ha extinguido. Hace dos o tres años, era común escuchar que la emigración era un respiro hasta que cambiaran las cosas en Venezuela. Ahora la noción de que la "revolución bolivariana" se mantendrá como la cubana por más décadas desinfla el ímpetu de muchos.

Mientras el gobierno venezolano habla de "campaña mediática" y afirma que los números son menores, la región carga con ese peso. La OIM ha llamado a generar programas de atención a los migrantes, y se han aprobado dineros para mitigar las situaciones en los pasos fronterizos de Venezuela hacia Colombia y Brasil, donde se han instalados refugios y operativos masivos de vacunación.

Los venezolanos han llevado consigo historias de éxito, pero también hay una emigración de la pobreza que incluye enfermedades contagiosas como el sarampión. Debido a la escasez de vacunas y al desinterés del Estado, Venezuela tiene siete epidemias activas en este momento, muchas de las cuales se esparcen con el éxodo.

Los gobiernos de Colombia, Perú y Ecuador han instaurado nuevas reglas y documentación para quien llega. Además, en Lima se produjo una reunión entre las autoridades de Migración de esas naciones junto a Bolivia y Brasil. Después de todo, como dijo el director de Migración Colombia, Christian Kruger: "La migración por hambre no va a parar por un requisito o por exigir un documento".

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